Según el censo de 2002, la Isla de Pascua cuenta con una población de 3.971 habitantes. Una cantidad que, a simple vista, parece escasa para los 160 km2 con los que cuenta la isla. Así, los residentes y los turistas pueden disfrutar a sus anchas de los paisajes polinésicos, del clima benigno y las cálidas aguas, sin preocuparse porque se respete su metro cuadrado. Pero no siempre fue así. Según el biólogo estadounidense Jared Diamond, en el siglo XV la isla estuvo sobrepoblada por cerca de 20.000 habitantes, todos muy ocupados, en aquellos tiempos, en desforestar las tierras altas para adaptar los terrenos a plantaciones agrícolas. De algo hay que vivir, ¿no?
El año que viene, unos 40 chilenos trabajarán como anfitriones en el pabellón que Chile tendrá en la Expo Shanghai. Y aunque son cada vez más los compatriotas que visitan o viven en la milenaria potencia asiática, la llegada de Los 40 de Shanghai hace recordar, casi inevitablemente, a los que hicieron algo parecido durante la Expo Sevilla, allá por 1992.
Quizás sea la necesidad de economizar palabras y adjetivos; o puede que sea el deseo de que no queden dudas de los méritos que se poseen. Pero lo cierto es que a algunos les es difícil evitar las comparaciones para referirse a sus propias características, sin molestarse, claro está, en guardar las proporciones.
Cuando el célebre escritor ruso León Tolstoi dijo, con cierto desdén, que "hay quien cruza el bosque y sólo ve leña para el fuego", claramente se refería a aquellos que sólo tienen una visión utilitaria de la vida. Y lo hacía para diferenciar su espíritu sensible, que le permitía crear sus obras literarias idealizando la realidad más allá de la experiencia, con las almas (¿más frías?) que acostumbran a evaluar cada aspecto de la vida -desde construcciones lógicas hasta los sentimientos- de acuerdo con el éxito que tengan en la práctica. Es decir, los que se guían únicamente por las consecuencias del pensamiento en la dura realidad.
A lo mejor mucha gente que es fanática de las maratones no lo sabe, pero el primer hombre que corrió una de esas carreras -un griego de nombre Filípides- murió al llegar a la meta. Es verdad que Filípides tenía en la mente algo más que tomarse un litro de Gatorade y darse una ducha, pues venía de correr 42 kilómetros para comunicar la victoria griega sobre los persas en la batalla de -adivinó- Maratón, pero lo que todos recuerdan es que al llegar a Atenas exclamó "¡Ganamos!" y cayó muerto (algunas versiones sostienen que murió de sus heridas y no de cansancio, pues incluso había recorrido varias veces esa distancia llevando noticias. Ignorémoslas sin más: lo mató la carrera y punto, ¿entendido?).