Informar y ser informado

Ricardo Hepp

Ricardo Hepp

El representante del Lector tiene como función defender la voz del público, acoger cuestionamientos, críticas u objeciones para dar solución a los problemas que pueda originar la manera en que el diario presenta sus contenidos, velando siempre por que se cumplan los estándares éticos y profesionales del periodismo. El Representante del Lector se pronunciará sobre la base de los reclamos de los lectores o que por iniciativa propia considere que deben comentarse.
Para contactarse con el Representante del Lector puede enviar un mail a lector@latercera.com

CUANDO SE habla de libertad de expresión todos opinan y muchos la asocian al derecho a informar, tarea que, por lo general, realizan los periodistas. Pero es mucho más que eso. Tiempo atrás comenté en este mismo espacio lo que ahora señala el lector Mario Jaque, que atribuye la libertad de expresión a “un asunto propiamente periodístico”. Pasa por alto, no obstante, que se trata del tema central de la convivencia democrática, porque es una garantía suprema, un derecho inalienable que conlleva otras libertades. Es el género y dentro de ese marco están, entre otras, las libertades de prensa, de información, de opinión y también el derecho “a ser informado”, que le asiste a todos. Si la libertad de expresión está ausente, como ocurre en varios países, no es posible completar el proceso de informar y ser informado. 

En su libro Medios de Comunicación Social y Periodismo, el doctor Eugenio Yáñez aborda las raíces de la libertad de expresión. Dice que existe una “necesidad existencial” de comunicar y sostiene que el hombre está naturalmente dispuesto al conocimiento, pues su inteligencia está hecha para conocer la verdad y la realidad. Y el informador no hace más que dar a los hombres -a las audiencias, decimos hoy- lo que les corresponde. 

Así, el derecho a informar requiere que exista libertad de expresión y también que el Estado garantice que quien informe u opine no sufra represalias o represión por disentir o pensar distinto. Pero el derecho a estar informado tiene una particularidad adicional: se beneficia de la libertad de expresión, pero tiene su origen en el derecho natural, que es anterior al Estado y no una concesión de éste.

Por eso, que exista libertad de expresión o no, interesa por igual a los periodistas y a las personas que demandan información.

 

El grano y la paja

El lector J. Pablo Sotomayor señala que hay “confusión y apreciaciones subjetivas acerca de los niveles de desarrollo del país, y respecto a las causas del bajo crecimiento que ha tenido la economía en 2014”. Dice que “resulta difícil discernir los motivos de esta negativa situación y agrega que en la calle y en el Metro se escuchan multiplicidad de razones: que las reformas que está haciendo el gobierno..., que los factores externos..., que el precio del cobre..., etcétera”. El lector le pide a La Tercera más fuentes, como columnas que puedan entregar una mirada más objetiva sobre el tema, y entrevistas que expliquen lo que está ocurriendo en Chile. Concluye: “me interesa saber en qué se ha errado, para que se hagan los cambios necesarios”.

Una revisión detenida de los contenidos publicados permite establecer que el diario ha aportado las noticias puntuales y también ha ofrecido interpretación periodística y opinión transversal de personas relevantes vinculadas a la marcha de la economía chilena.  También ha entregado una mirada externa. Quizás esté ocurriendo algo que es frecuente en los medios: que haya exceso de información. La abundancia tiende a dispersar los datos, y la oleada noticiosa hace que sea difícil encontrar el hilo conductor. Falta, quizá, que el diario ayude a separar el grano de la paja para obtener mayor precisión y mejorar la comprensión.

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