Los peligros que acechan

Ricardo Hepp

Ricardo Hepp

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UNA INFORMACION sobre las adversidades que enfrenta la localidad de Til Til, que publicó La Tercera el pasado domingo -bajo el título “Los males que asechan a Tiltil”- generó airadas reacciones de varios lectores. Hernán Saldaña escribe: “(es) inaceptable que junto al titular aparezca que la comuna de Til Til tiene 650 m2, y que se hable de los males que la ‘asechan’. No seguí leyendo”. El periodista Federico Gana apunta: “la verdad es que los males acechan, y no asechan”. Pero, hay más: el lector Gerardo Molina agrega que el nombre de la localidad se escribe con palabras separadas: Til Til. “Desde que se fundó el pueblo, su nombre ha sido Til Til. ¿por qué cambiarlo ahora?”.

Está claro que no es posible que Til Til tenga sólo 650 metros cuadrados... No hay pueblos tan pequeños, ni siquiera en Liliput, la isla ficticia de Gulliver. Más que un error, se trata de un descuido de redacción. La comuna, que forma parte de la provincia de Chacabuco -junto a Colina y Lampa- tiene 653 km2. En cuanto al nombre, la historia lo registra como Til Til. Así figura en un libro de Benjamín Vicuña Mackenna, cuando describe la fundación de la “aldea junto a un yacimiento aurífero”. También el relato del trágico episodio del asesinato del patriota Manuel Rodríguez, en 1818, está situado en Til Til. Además, los lectores mayores, que alguna vez viajaron en tren entre Santiago y Valparaíso, recuerdan los letreros en la estación de ferrocarriles de Til Til. Eran días mejores, porque el tren permitía desarrollar una gran actividad comercial con productos agropecuarios y minerales. Pero, en cuanto al fondo de la nota, es muy cierto que la escasez de agua potable y la ausencia de soluciones para la evacuación de las aguas servidas afectan con fuerza la calidad de vida y el desarrollo de Til Til.

Como sugiere el lector Gana, hay que revisar cuidadosamente los textos que se escriben pues siempre “acecha el peligro” de que se incurra en errores, descuidos e imprecisiones, que los lectores detectan y rechazan.

¿Informe visionario?

El lector Rodrigo Gómez Solís indica que la falta de rigurosidad “impregna muchas páginas del diario. Esta vez en el cuerpo de reportajes del domingo 9 de noviembre, donde el periodista autor de un artículo político comete doble error en el texto sobre las aspiraciones presidenciales de la DC, al consignar que ‘(...) la satisfacción que se instaló en el partido tras el Consejo Nacional del lunes 10, donde se analizó la convivencia de la Nueva Mayoría’. Más adelante recalca que ‘en el Consejo extraordinario del lunes 10, esa percepción casi terminó en una solicitud formal de la DC para exigir la intervención de la Mandataria’”.

El redactor del artículo político no pudo haber escrito para la edición del día domingo 9 lo que “ocurrió” el día lunes 10... Pero, claro, no se trata de un “viaje al futuro” sino de un reiterado error de fechas: el Consejo Nacional de la DC se realizó, con carácter de extraordinario, el lunes 3 de noviembre y no el 10. Tal como en el caso de Til Til, el rigor informativo demanda revisar bien los datos con los que se construye un artículo, porque su ausencia compromete la credibilidad en el diario y en el periodista.

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