Una norma que se olvida

Ricardo Hepp

Ricardo Hepp

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EL VERBO “haber” suele ser una piedra en el camino, y muchas personas al hablar y escribir tropiezan con ella, una y otra vez. Pero los periodistas -en particular aquellos que trabajan a diario con la palabra escrita- no debieran tener dudas sobre su uso. En La Tercera del 16 de febrero, aparece un artículo titulado “Cancillería y Movilh agendan cita para desactivar demanda por matrimonio igualitario”, que en su párrafo final dice textualmente: “Si bien la Presidenta Bachelet contempla este tema en su programa de gobierno, hasta ahora no han habido anuncios (...)”. El lector, John A. Smith, sostiene que el verbo “haber” debe usarse en singular: “no ha habido anuncios”. 

 

Así es. Tanto la “Fundación del Español Urgente” como el “Diccionario Panhispánico de Dudas” sostienen que el verbo “haber”, cuando se usa como impersonal, debe emplearse en singular: “había muchas personas”. Este uso, que no acepta forma plural, tiene entre otras funciones la de señalar la presencia de lo referido por la palabra o las palabras a las que acompaña, como: “ha habido cierto avance en las negociaciones”. Esta regla, sin embargo, se olvida con frecuencia…, y por eso escuchamos y leemos expresiones equívocas, como “han habido pocos avances en las negociaciones” o “hubieron numerosos disturbios”, en lugar de “ha habido pocos avances en las negociaciones” o “hubo numerosos disturbios”.

 

¿Dónde está el director?

 

Identificar a la persona sobre la que se escribe es indispensable para la construcción de un texto periodístico. Pero, en la columna “La dudosa virtud de la grandilocuencia”, publicada el jueves 22 de enero, el nombre se quedó afuera. El lector Jaime Hernández Q. señala que se trataba de una nota sobre la película “Birdman”, que por entonces era sólo una buena apuesta para los premios Oscar. Dice: “el texto se refiere al director, pero no se le menciona. Uno supone que en algún momento aparecerá. Pero, no. Terminé de leer el artículo y el nombre del director, que era imprescindible para que el conjunto tuviera sentido, no estaba”.

 

Olvidar el nombre es un descuido molesto, aun en el marco de una interesante columna de opinión como esa. Cabe señalar, aunque no puede servir de excusa, que al pie de la columna, en el extremo derecho, se publica un pequeño recuadro con los créditos de la película. Dice: “Birdman. De Alejandro G. Iñárritu. Con Michael Keaton, Edward Norton. EE.UU, 2014. 119 minutos”. 

 

Parientes y esquirlas

 

La bomba que detonó días atrás frente a una iglesia en Las Condes también afectó a la página 16 de La Tercera del 22 de febrero. Magdalena Díaz S. indica que la información lleva un subtítulo destacado y en color rojo, con una declaración del párroco Hans Kast, que dice: “el parentezco con Felipe Kast no tiene nada que ver…”.

 

El error -parentesco con zeta- no se le puede atribuir al sacerdote sino a quien transcribió sus palabras. Pero, hay otro detalle: las esquirlas. El periodista dice que la bomba tenía esquirlas “las que eran clavos cortados”. La bomba no puede tener esquirlas, porque éstas son fragmentos que se desprenden de un objeto cuando se rompe o fractura. Cuando detona la bomba, los clavos se convierten en esquirlas. No antes.

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