Añádale una pizca de sal...

Ricardo Hepp

Ricardo Hepp

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UN ANTIGUO refrán español dice “Ajo, sal y pimiento, y lo demás es cuento”. En la sabiduría popular, tanto la sal, como el ajo y el pimiento tienen una connotación positiva: le agregan sabor a la comida. Pero la sal común -el cloruro de sodio- presenta en nuestros días una cara distinta en el rubro de la alimentación. Dos lectores -René Cerda V. y Daniel Esquivel S.- detectaron un error relacionado con la sal y la salud en un interesante artículo sobre las nuevas disposiciones del Ministerio de Salud para el etiquetado de alimentos, que indica que los contenidos de grasa, azúcar y sodio serán clasificados próximamente con la advertencia “exceso de...”. El tema incluso ocupó el título principal en La Tercera del lunes 7 de julio.

En el amplio desarrollo informativo -en la página 14- la redactora señala que la iniciativa plantea una reducción progresiva de la sal en la comida, para llegar a menos de la mitad de lo que tiene hoy. Pero, en el párrafo alusivo a esta reducción, dice que la propuesta del Ministerio de Salud indica que “aunque se aceptan 400 gramos de sal en 100 gramos de comida, esta cantidad deberá llegar a 150 gramos por esa porción durante los próximos años”.

Con humor, el lector René Cerda señala que las cifras que figuran en el texto sugieren que “en lugar de consumir alimentos con poca sal, hay que ingerir sal condimentada con alimentos...”. Pero agradece que el artículo incluya una tabla explicativa con la verdadera propuesta del Ministerio de Salud, que tiene sentido: son 400 miligramos. También, el lector Daniel Esquivel, estudiante de Ingeniería en Alimentos, pide que estas informaciones, que son tan relevantes para la salud, se aborden con mayor precisión y cuidado.

Se trata de un error que confunde y le resta seriedad a un artículo de interés general. Cabe subrayar que no sólo las informaciones relevantes sobre salud -como la que nos ocupa-, sino todas las informaciones que se publican en el diario, deben ser precisas en su contenido y rigurosas en su redacción. Los errores, ya sea por descuido o desconocimiento, comprometen por igual la credibilidad en el diario y en el trabajo periodístico.

 

Palabras de demagogo...

Claudia Mena S. estudia Ciencias Políticas y escribe: “En estos días encuentro en muchas informaciones políticas la palabra demagogia, pero creo que su empleo es confuso. Parece más bien un insulto”.

Es una palabra que se ha desvalorizado y que ya perdió su sentido original. Demagogia fue alguna vez “el arte de guiar al pueblo”, que involucraba también el concepto de apoyo popular. Pero, muy pronto, el vocablo se vio marcado por la acción manipuladora y se convirtió en lacra de la democracia. Ya en el siglo V a.C, el ateniense Andócides sostenía que “palabras de demagogo son actos de tirano”. El diccionario acoge el vocablo con su connotación peyorativa: “Práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular”. La segunda acepción es más fuerte. Dice: “Degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder”.

Más que un insulto, es la perversión de la democracia.

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