El jueves 10 de mayo, una vez que presentaron su renuncia los periodistas Pilar Rodríguez y Patricio Ovando, como editora general y director interino del Departamento de Prensa del Canal 13, debido a que no se transmitió la segunda parte del reportaje “Nanas, ¿por qué yo no?”, La Tercera se hizo cargo del tema, en circunstancias de que era una noticia que venía en desarrollo desde la noche del lunes 7, cuando se transmitió la escenificación discriminatoria que sufriría una empleada de casa particular al pretender matricular a su hija o hijo en determinados colegios y el maltrato en un supermercado que recibía una empleada de parte de su patrona, lo que sólo generaba comentarios condenatorios del público, salvo el llamado de atención que le hacía otra mujer. Para ambas situaciones se recurrió a la participación de una actriz.
El reportaje generó numerosas reacciones a través de Twitter, llamados telefónicos y correos, los que comenzaron a producirse la misma noche del día de su emisión. Los comentarios, en pro y en contra, continuaron el martes y los acogieron el miércoles diversos medios, pero La Tercera no lo consideró en su pauta.
Fue el jueves, en la sección Correo (cartas), donde los lectores Pablo Gaete y Ane Miren se pronunciaron sobre la nota televisiva, la sección “Del Twitter” recogió 13 mensajes desde controvertidas perspectivas y Cultura&Entretención publicó la crónica “Reportaje con uso de cámaras ocultas gatilla salida de los jefes de prensa en Canal 13”.
En este episodio, a La Tercera le faltó sintonía con lo transmitido por el canal y con la polémica en las redes sociales y en diferentes sectores, a fin de informar a sus lectores con prontitud y no esperar que los hechos se decantasen y fuese imposible obviar su publicación. Debió también tenerse curiosidad por el debate surgido y por el comunicado de uno de los establecimientos educacionales afectados por el reportaje en cuestión. Se percibe con este episodio una falencia en la observación general de lo que sucede en la televisión abierta y la reacción que genera una denuncia, a pesar de que en este caso específico existían motivos para estar atentos, ya que el noticiero televisivo estrenaba una estructura diferente, con nuevos conductores, lo que se publicitó en las mismas páginas del diario.
Como el periodismo investigativo y de denuncia quedó en entredicho, es necesario recalcar que si bien la opinión de los lectores le es favorable y que la mayoría espera que se haga más del mismo, también objeta tres prácticas habituales en él:
1.- Que los reporteros oculten su condición de tales durante sus pesquisas.
2.- Que empleen cámaras ocultas y micrófonos disimulados.
3.- Que citen fuentes anónimas en sus denuncias.
Respecto del primer punto, el periodista estadounidense Tom Wolfe, a propósito de su reportaje sobre una reunión social en casa del director de orquesta Leonard Bernstein y los Panteras Negras, por la fidelidad con que reprodujo los diálogos de los asistentes, se le acusó de emplear subrepticiamente una grabadora. Sin embargo, Wolfe cuenta: “Saqué block y bolígrafo delante de todo el mundo y tomé notas en mitad del living durante los acontecimientos que describo”. El periodista no ocultó su calidad para obtener la información, actitud que todo profesional debe asumir en su trabajo.
El Consejo de Etica de los Medios de Comunicación tiene a su haber diversas resoluciones y dictámenes que se refieren al periodismo investigativo y que recomienda revisar a los profesionales. Sobre la investigación encubierta, esto es, la presentación del periodista bajo identidad falsa u ocultando el medio que representa, dice que ésta sólo puede justificarse excepcionalmente en el caso que se trate de importantes informaciones de interés público que no podrían conseguirse de otra forma.
Sobre el uso de cámaras o micrófonos ocultos, el Consejo establece que “el medio no conseguirá informaciones o imágenes mediante engaño, intimidación, hostigamiento u otros procedimientos ilícitos”. Su empleo debe limitarse cuando se trate de denuncias graves en materia delictual y que no pueden obtenerse por otras vías.
Y luego, al referirse a las denuncias, establece que éstas deben responder a un propósito de bien público y que se debe dar a los afectados la oportunidad de expresar sus opiniones dentro del mismo tiempo y espacio en que ella se publique o señalar la razón por la cual no aparecen recogidas.
Y sobre los errores que frecuentemente se cometen en este tipo de periodismo, en otra de sus resoluciones insiste el Consejo en que debe evitarse obtener información mediante cámaras y micrófonos ocultos y tampoco ceder el rol de periodistas a terceros comisionados para obtener o confirmar informaciones. Sobre las fuentes anónimas, se insiste en que son aceptadas en casos excepcionales y que debe corregirse esa costumbre facilista.
Todas disposiciones que conducen a un ejercicio profesional serio y cuyos resultados no son objetables ni en la forma ni el fondo.