La dolorosa sobreexposición

Ricardo Hepp

Ricardo Hepp

El representante del Lector tiene como función defender la voz del público, acoger cuestionamientos, críticas u objeciones para dar solución a los problemas que pueda originar la manera en que el diario presenta sus contenidos, velando siempre por que se cumplan los estándares éticos y profesionales del periodismo. El Representante del Lector se pronunciará sobre la base de los reclamos de los lectores o que por iniciativa propia considere que deben comentarse.
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SIEMPRE resulta difícil conciliar la tarea de informar -de transmitir la verdad informativa- con el debido respeto que requieren las personas involucradas en situaciones de gran dolor. Esto resulta patente cuando ocurren catástrofes naturales, como el reciente terremoto del norte; y otros desgraciados sucesos, como el incendio en los cerros de Valparaíso, donde personas perdieron la vida y otras sufrieron la angustia de ver cómo el fuego arrasaba sus propiedades y enseres. También había ocurrido antes, en 2010, con el terremoto y tsunami en el centro sur del país, y con el penoso incendio en la cárcel de San Miguel, donde murieron 81 reos. 

Se trata de situaciones sorpresivas y muy próximas, que concitan el interés público por las graves consecuencias humanas y materiales que ocasionan. Y, aunque los medios están obligados a informar sobre su desarrollo, la tarea periodística resulta siempre delicada, incluso para profesionales avezados. Pero, en cualquier caso, el principio no varía: transmitir la verdad informativa sin violar la intimidad ni lesionar la dignidad y el respeto que se les debe a todas las personas -en especial, a menores- que sufren las consecuencias de una calamidad.

Lo importante es entregar las noticias en su propio contexto, porque ello aporta credibilidad y mantiene la confianza de las audiencias. La sobreexposición del dolor, la angustia y la “espectacularización” de la información       -que la convierte en una forma de entretención- son tendencias que los reporteros y sus editores deben evitar. Aunque las severas críticas y denuncias del público apuntan a la cobertura periodística de los medios audiovisuales, sus argumentos tienen validez transversal.

Sobre el tema de la intimidad y dignidad de las personas en situación de dolor existe abundante literatura, que permite una reflexión en las salas de redacción para buscar un mejor tratamiento periodístico y ético. El tiempo para hacerlo es siempre escaso, pero es necesario abrirle un espacio.

En La Tercera, las normas de procedimiento figuran en distintos párrafos de su Manual de Estándares Editoriales, y de allí que el diario pudiera ofrecer una cobertura informativa con textos e imágenes equilibradas y respetuosas, y con valiosa documentación infográfica, que los lectores aprecian.

 

La flor y nata...

En estos días ha figurado la palabra elite en todos los medios, algunas veces con tilde y otras sin. “¿Cómo es, al fin?”, pregunta el lector Alfredo Marchant.

El diccionario de la Real Academia Española, RAE, introdujo el vocablo francés élite y lo adoptó sin acento gráfico: elite. Ello obliga a pronunciarlo con todas sus letras, incluso con la e final: elite. Es un palabra que se usa para expresar que algo es selecto, muy distinguido o que pertenece a una minoría destacada en un ámbito social. Por ejemplo, la elite de la moda. En español se puede emplear también “la flor y nata” o la “crema”      -la crema de la intelectualidad-, pero selecto es lo más preciso. 

El lingüista Fernando Lázaro Carreter señalaba años atrás: “escribamos elite si creemos que ya se hispanizó la palabra (como efectivamente ocurrió) y élite, si aun tenemos dudas, pero pronunciemos elite y nunca élite”. Pero -aunque se afirme que no hay pero que valga- el Diccionario Panhispánico de Dudas... siembra la duda: sostiene que ambas acentuaciones -élite o elite- son válidas.

 

Otro percance

En la nota de presentación que se hace de los nuevos parlamentarios en el cuerpo de Reportajes de La Tercera del 12 de abril   -titulado “Los debutantes”- hay un párrafo que se le dedica al diputado del PDC Iván Fuentes, ex pescador artesanal y líder de las movilizaciones de Aysén en 2012. Las periodistas autoras del reportaje escriben: “...hasta hoy no ha sufrido percances, salvo uno: el día del juramento no descoció los bolsillos del terno que compró para la ceremonia”. Pero, mayor es el percance ortográfico: otra vez una letra ce donde debe ir una ese. El diputado Iván Fuentes no descosió los bolsillos.

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