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15 de junio de 2008

MUNDO

¿Por qué no puede ganar la Unión Europea el voto popular?

Según analistas, una de las razones es que la UE se constituye en base a un complejo conjunto de tratados que, a su vez, son el resultado de complejas negociaciones entre los 27 estados miembro.

DPA


14/06/2008 - 17:32

Si los referendums de la Unión Europea fueran partidos de fútbol, su directiva habría sido obligada a renunciar hace ya mucho tiempo.

Desde el año 2000, el récord de votaciones populares del bloque comunitario registra nueve partidos jugados, tres ganados y seis perdidos. Ni siquiera a la selección de Inglaterra en su frustrada campaña por clasificar para la Eurocopa le fue tan mal.

"Todo el mundo sabe que es muy difícil ganar referendums sobre la UE: son complicados y pueden parecer amenazadores", dice Hugo Brady, analista del Centro para la Reforma Europea en Londres.

A partir del 28 de septiembre de 2000 los plebiscitos se convirtieron en el mayor dolor de cabeza para la UE. En esa fecha, los daneses rechazaron la moneda común, el euro, a pesar del apoyo de todos los partidos políticos al "sí".

Nueve meses más tarde, los votantes irlandeses se pronunciaron contra la adopción del Tratado de Niza, también contra la opinión de la mayor parte de los partidos políticos.

La repetición de este referéndum 16 meses más tarde revirtió el resultado negativo a uno afirmativo en Irlanda. También resultaron positivos los plebiscitos en España y Luxemburgo por la Constitución de la UE en 2005.

Pero los suecos rechazaron la adhesión al euro en 2003, los holandeses y los franceses se pronunciaron contra la Constitución de la UE, en 2005, y los irlandeses votaron el jueves de esta semana contra el Tratado de Lisboa en una nueva manifestación negativa sobre los proyectos comunitarios más ambiciosos.

Los analistas afirman que hay cuatro razones principales que explican este desempeño tan malo en su búsqueda del apoyo de sus ciudadanos a través de las urnas.

En primer lugar, la UE se constituye en base a un complejo conjunto de tratados que, a su vez, son el resultado de complejas negociaciones entre los 27 estados miembro.

Esta complejidad deja lugar para un vasto número de malentendidos.

"Cada uno odia a la UE por sus propios motivos, a veces contradictorios entre sí. Los daneses piensan que la UE es una subsidiaria de la OTAN, los irlandeses temen que los obliguen a unirse, los polacos creen que es pro-abortista y los suecos, que es antiabortista", explica Brady.

En segundo lugar, normalmente los estados miembro se arrogan el crédito de las leyes comunitarias populares, en tanto que achacan la responsabilidad por las impopulares a Bruselas.

"Existe siempre una tendencia de los gobiernos a decir que cuando las cosas van mal, la falta es de la UE, y cuando van bien, es gracias a su gestión de gobierno", señala Piotr Kaczynski, un experto en reformas de la UE del Centro de Estudios de Política Europea en Bruselas.

Estos problemas se fueron acumulando por lo que los expertos interpretan como un fracaso de los líderes de la UE en explicar las cuestiones clave a la ciudadanía europea.

"Nadie tomó la responsabilidad de comunicar a Europa cuáles son los temas y problemas reales: en Irlanda hubo una campaña por el sí y una campaña por el no, pero no hubo información sobre lo que contenía el Tratado", dice Kaczynski.

Pero más allá de todos estos factores está el problema de que los referendums se convierten frecuentemente en una votación sobre cuestiones que no figuran en la boleta electoral.

Por ejemplo, el rechazo de los suecos al euro estaba vinculado a su temor ante un posible incremento de la inflación. El "no" de los franceses a la Constitución de la UE en 2005 estuvo al menos en parte motivado en el rechazo a su entonces presidente Jacques Chirac. Y los holandeses votaron en el mismo sentido preocupados por la inmigración y la globalización, según Kaczynski.

"Cuando un tema es tan difícil de comprender por el pueblo, queda un vacío informativo que es rellenado por todos los temores que puedan estar circulando en ese momento", agrega Brady.

Así las cosas, cuando aún estaban llegando a Bruselas los resultados del referéndum irlandés del jueves, algunos comentaristas balbuceaban que la forma más simple de avanzar era simplemente eliminar los referendums en la UE.

Pero dados los problemas que exhibe el bloque comunitario en convencer a sus votantes sobre sus credenciales democráticas, siempre habrá quien afirme que ése sería su peor gol en contra.

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