8 de septiembre de 2008
Dos aviones de la Fuerza Aérea bombardearon una posición de los guerrilleros en la provincia de Maguindanao, después de que éstos abrieran fuego contra un helicóptero.
Los combates entre tropas gubernamentales y rebeldes del Frente Moro de Liberación Islámica (FMLI) se reanudaron hoy en el sur de Filipinas, tras una semana de tregua no declarada por el arranque del mes santo musulmán del Ramadán.
Dos aviones de la Fuerza Aérea bombardearon una posición de los guerrilleros en la provincia de Maguindanao, después de que éstos abrieran fuego contra un helicóptero, anunció hoy el coronel Marlou Salazar.
Los residentes informaron de al menos cuatro muertos, todos ellos niños, pero este extremo fue negado por el Ejército, que aseguró que en la zona no había civiles, pues miles de residentes han huido de allí en los últimos días.
Salazar añadió que unidades de artificieros desactivaron dos bombas de fabricación casera en un hospital y un mercado, aunque su colocación no fue reivindicada por el FMLI.
Desde la capital, el jefe de las Fuerzas Armadas, general Alexander Yano, reveló que pequeños grupúsculos de la organización están actuando por su cuenta y al margen de la dirección y anticipó una oleada de pequeños atentados "terroristas".
La situación por la escalada de las hostilidades es la peor en Mindanao desde hace cinco años, según el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), que constata cerca de medio millón de afectados y pidió hoy nuevos fondos para ayudar a los desplazados.
El CICR insta a ambos bandos a no dificultar el reparto del material de emergencia y exige un acceso total a los campos de refugiados.
Hace una semana, la presidenta filipina, Gloria Macapagal Arroyo, abandonó el memorando de entendimiento pactado con el FMLI, cuya firma había sido suspendida por el Tribunal Supremo a causa del rechazo de algunos políticos cristianos.
El documento daba luz verde a ampliar la autonomía de los musulmanes en el sur de Filipinas y es considerado imprescindible para poner fin a décadas de conflicto.
Desde que el Supremo paralizó su firma el pasado 10 de agosto, la ola de violencia por los ataques perpetrados por comandantes renegados del FMLI ha causado más de 150 muertos y cerca de medio millón de desplazados con necesidad urgente de recibir ayuda humanitaria.
Fundado en 1984, el grupo es la mayor organización separatista de Filipinas con más de 12.000 militantes, muchos de los cuales siguen combatiendo al Ejército y desobedeciendo las órdenes de la dirección del grupo.
Casi 40 años de conflicto étnico, religioso y tribal han ocasionado 120.000 muertos y cerca de 2 millones de desplazados en una de las áreas más pobres del archipiélago.