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6 de julio de 2008

NACIONAL

Revelan el contradictorio perfil de los dos jóvenes acusados de ser "los violadores de Las Condes"

Francisco Azúa (20) era copero de un restaurante del Parque Arauco, tuvo que dejar de estudiar para entrar a trabajar y es excesivamente tímido. Jesús López (19) vivía en un departamento de Avenida Kennedy, es extrovertido y estaba condenado por abusos.

Consuelo Argandoña


05/07/2008 - 09:49

Jesús López

Jesús López

Ambos están presos e investigados como autores de una serie de ataques sexuales ocurridos desde enero en el sector oriente de Santiago. Francisco Azúa (20) y Jesús López (19), además de su juventud, sólo comparten el apelativo de "el violador de Las Condes". Pero los dos jóvenes se verán las caras cuando participen, en los próximos días, en una ronda de reconocimiento que realizará la Fiscalía Oriente para que las víctimas de abuso reconozcan a su presunto agresor.

Pero sus vidas y perfiles son totalmente distintos: la historia del primero gira en torno a la población El Volcán de Puente Alto y a su necesidad de trabajar. López, entretanto, buscaba ser reconocido, llenaba de fotos su fotolog e interactuaba con sus amigos en su Facebook, que revisaba periódicamente desde su departamento de Las Condes.

Fanático del skate y de carácter rebelde, Jesús López es el mayor de tres hermanos y actualmente era estudiante de segundo año de Análisis de Sistemas en un instituto.

CONDENA
El año pasado Jesús y su familia manejaron discretamente un proceso judicial y una condena a cuatro años de libertad vigilada que le impusieron por cometer tres abusos sexuales a menores en Quilicura. En enero y ante los rumores de que "algo había pasado con Jesús", su madre, Alejandra Aguilar, dueña de un salón de belleza del centro de Santiago, decidió dejar su casa en el condominio Parque Central, donde vivía con sus hijos y su pareja, un uniformado, para trasladarse a Las Condes. Con ello, el joven comenzó un tratamiento sicológico recomendado debido a una serie de trastornos detectados.

Según recuerdan en el colegio Ignacio Carrera Pinto, de Independencia, donde cursó la enseñanza media, tuvo problemas conductuales ante su insistencia de usar piercing y aros en la nariz y tatuajes.

En el caso de Francisco Azúa, formalizado por siete ataques sexuales, su precaria condición económica hizo que comenzara a trabajar a los 14 años como empaquetador. El año pasado decidió estudiar de noche en el Liceo San Alfonso para trabajar durante el día como copero en un restaurante. Sus cercanos aseguran que no tenía actitudes extrañas, que era tranquilo, aunque a veces llamaba la atención su excesiva timidez. Según Carabineros, su perfil corresponde al de un "delincuente sexual, imposibilitado de establecer relaciones maduras y que a través de los abusos reafirmaría su personalidad con la humillación de su víctima".

Jesús, según la Brigada Investigadora de Delitos Sexuales, tendría rasgos sicológicos más complejos, cruzados por conflictos con su familia y que conformarían "el perfil de un psicópata".

En un informe de Gendarmeríase estableció que Jesús "manifiesta agresión encubierta, temor a perder el control de la misma, represión, inhibición y rigidez en relaciones". Además, se le catalogó comó alguien que difícilmente controla sus impulsos.


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