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28 de septiembre de 2008

NEGOCIOS

Ocho pasos para entender las turbulencias que remecen a EE.UU.

El problema que hoy ha escalado a magnitudes impensadas encuentra sus orígenes en la última década, cuando comenzaron a entregarse créditos hipotecarios con gran facilidad.

Víctor Herrero/ Nueva York


27/09/2008 - 09:35

¿Cuál es el origen de la crisis?

Durante gran parte de esta década, la tasa de interés de Estados Unidos estuvo históricamente baja. Obtener capital era barato. Con tanto dinero en mano, los bancos y las firmas financieras salieron en busca de inversiones cada vez más arriesgadas.

Un ámbito en el cual canalizaron ese dinero fresco fue el de las hipotecas, en especial las de alto riesgo, también llamadas subprime. De pronto, millones de personas sin o con un mal historial de crédito accedieron a generosas hipotecas por sus viviendas, o a préstamos inmobiliarios baratos. Al mismo tiempo, Wall Street reunía miles de estas hipotecas, las convertía en exóticos instrumentos financieros (llamados derivados, ya que "derivan" del valor subyacente de un activo, en este caso las hipotecas), los que después vendían a inversionistas de todo el mundo.

Todo iba bien, hasta que la Reserva Federal (Fed) comenzó a subir las tasas de interés a partir de 2004. Muchas hipotecas eran a tasa variable y pronto aumentaron los impagos.

¿Cuál es la relación entre la crisis subprime y la crisis del crédito?

Con el alza de los impagos los derivados de las hipotecas comenzaron a perder valor a pasos vertiginosos. Todos los tenedores de estos instrumentos trataron de deshacerse de estos valores al mismo tiempo, hundiendo aún más su precio. Así se produjo la situación de que sólo había vendedores, pero ningún comprador. Con miles de millones de activos hipotecarios "podridos" en sus balances, las firmas se vieron obligadas a asumir pérdidas gigantescas.

Esto, a su vez, generó otro efecto: privados de capital, los bancos no estaban dispuestos a prestar dinero. Pero al mismo tiempo necesitaban acceder a más capital para sanear sus libros. Esto llevó a que el mercado de crédito se enfriara, obligando a la Fed a inyectar dinero barato al sistema para evitar una crisis de liquidez.

¿Por qué se habla tanto de los CDS?

Desde el inicio de la crisis, uno de los derivados más populares es el credit default swaps (CDS), una suerte de seguro contra el impago de una deuda (sea hipotecaria o el bono de una empresa o país). El mercado global de CDS asciende hoy a unos US$ 60 billones (esto es 60 millones de millones).

Estos valores sólo se transan entre jugadores financieros, por lo que apenas están regulados. Muchos acusan a algunos de sus participantes de especular con los CDS al apostar a impagos, desestabilizando aún más la delicada situación financiera.

¿Por qué quebró el modelo de Wall Street?

Estas firmas participaron alegremente de la fiesta hipotecaria. Pero cuando tuvieron que asumir pérdidas multimillonarias por la crisis subprime, su base de capital se esfumó. A diferencia de los bancos comerciales, las firmas de Wall Street no tenían depositantes, una fuente de capital a la cual podrían haber recurrido en caso de emergencia. Además, como estaban menos reguladas que los bancos tradicionales, podían asumir un nivel de deuda frente a capital mucho mayor. Lehman Brothers, por ejemplo, tenía 30 veces más deuda que capital.

¿Quién tiene la culpa de la actual crisis?

Todos culpan a todos. Algunos apuntan a la Fed por permitir que el dinero fuera tan barato durante tanto tiempo. Otros culpan a los barones de Wall Street y su avaricia. Otros afirman que faltó una supervisión más estricta de las autoridades.

¿En qué consiste el paquete de rescate?

El Departamento del Tesoro quiere disponer de US$ 700   mil millones para adquirir los activos "podridos" de las instituciones financieras. A diferencia de la deuda subordinada chilena de inicios de los años 80, cuando el gobierno inyectó dinero a los bancos para evitar una corrida, Washington apuesta a que la liquidez retornará si retira esos activos.

Pero muchos ven en ello un rescate del sistema financiero sin que sus protagonistas tengan que pagar la cuenta. Es probable que un plan final incluya que el dinero se parcele en cuotas, que se establezca una entidad que supervise las compras del secretario del Tesoro, Henry Paulson, y, tal vez, se estipule que las firmas que se beneficien de ello impongan límites a las remuneraciones de sus ejecutivos.

¿Va a funcionar el plan?

Nadie sabe. No existe un antecedente de esta envergadura para saber si resultará. Además, Paulson, ha sido bastante errático durante la crisis. Muchos creen que de haber intervenido con mayor certeza antes, la cuenta final para los contribuyentes hubiera sido menor. Pero al juzgar por la reacción de las bolsas, el mercado parece apostar a que el plan funcionará.

 ¿Se avecina una era de más regulaciones?

Esa época ya comenzó, ya que parece existir un consenso político en que la falta de regulación fue una de las causas de la crisis. El superintendente de valores y seguros, Christopher Cox, ha pedido autoridad para supervisar el mercado de los derivados. Algunos piensan que de esta crisis nacerá una agencia gubernamental que tendrá amplios poderes regulatorios sobre los mercados financieros.