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17 de noviembre de 2008

NEGOCIOS

La crisis pone en entredicho la construcción del mayor gasoducto de Europa

"Nos tomamos el proyecto muy en serio, pero no podemos hacerlo solos, y no lo haremos", señaló esta semana Vladímir Putin, primer ministro ruso.

EFE


15/11/2008 - 12:34

La crisis económica ha puesto en entredicho la construcción del Gasoducto de Europa del Norte (NEGP), el mayor del continente, ambicioso proyecto financiado por Rusia, Alemania y Holanda.

"Nos tomamos el proyecto muy en serio, pero no podemos hacerlo solos, y no lo haremos", señaló esta semana Vladímir Putin, primer ministro ruso, durante su reunión con el primer ministro finlandés, Matti Vanhanen.

Putin, acusado en el pasado de recurrir al consorcio gasístico Gazprom para presionar a los países vecinos, advirtió a la Unión Europea (UE) que si no respalda abiertamente el proyecto, Rusia lo aparcará definitivamente.

"Europa debe decidir si necesita gas en las cantidades que nosotros ofrecemos o no. Si no lo necesita, no construiremos el gasoducto. En vez de ello, construiremos plantas de gas licuado que operarán en el mercado mundial. Eso es todo", dijo.

El primer ministro ruso subrayó que la decisión final al respecto "debe ser mutua y responsable, pensando en el futuro del sector energético mundial y de las perspectivas de la economía europea".

"Quiero dejar claro que no estamos forzando la situación. No lo necesitamos más que los consumidores europeos. Si no es el gasoducto, pues serán las plantas de gas licuado", apuntó, según la agencia oficial ItarTass.

Putin precisó que el transporte del gas licuado en barcos a su lugar de destino es más barato para el exportador y más caro para el importador.

"Les costará más. Así que hagan sus cuentas. Es muy fácil de calcular", señaló al primer ministro finlandés.

El caso es que la UE se ha devanado los sesos durante los últimos dos años para reducir su creciente dependencia de los hidrocarburos rusos, aunque por el momento no ha encontrado una alternativa viable.

Rusia comenzó hace tres años a tender bajo las aguas del Báltico el NEGP y el plan inicial era comenzar a bombear gas a partir de 2010.

El proyecto cuenta con el respaldo del ex canciller alemán Gerhardt Schroeder, que es presidente del Consejo de Dirección de la compañía operadora Nord Stream AG.

A principios de año, meses antes de que estallara la crisis, el proyecto ya se encareció considerablemente desde los 6.000 millones de dólares iniciales hasta los aproximadamente 10.000 millones actuales.

Además, las tres repúblicas bálticas ex soviéticas y Polonia han pedido a la Comisión Europea que presione para cambiar el trazado del NEGP, con el fin de que éste transcurra por tierra y no por el fondo del mar.

El lecho marino del mar Báltico acoge desde la II Guerra Mundial un gran número de armas químicas que, en caso de explotar, podrían causar una catástrofe ecológica de consecuencias irreversibles para la región, aducen.

A finales de 2007 el director técnico de Nord Stream, Dirk von Ameln, anunció que el gasoducto eludiría Estonia y pasaría por aguas finlandesas, pero las críticas bálticas no han remitido.

Otra dificultad del proyecto radica en sincronizar el tendido de los dos tramos del gasoducto: el terrestre y el submarino.

El terrestre, de 917 kilómetros de largo, enlaza las ciudades rusas de Griazovets y Viborg (costa báltica), mientras el submarino, que tiene un ramal hasta Suecia, cruzará el Báltico hasta llegar al puerto alemán de Greifswald, tras recorrer 1.198 kilómetros.

Este tramo marítimo proseguirá después por tierra hasta Holanda y cruzará el Canal de La Mancha para abastecer con gas ruso al Reino Unido.

La capacidad inicial de este conducto es de 27.500 millones de metros cúbicos de gas natural anuales.

El NEGP permitirá a Rusia suministrar gas directamente a Europa sin depender para el tránsito de países como Ucrania, Polonia, Letonia, Lituania y Estonia, con los que Moscú mantiene relaciones tirantes.

Nord Stream AG, empresa con sede en Estocolmo, está integrada por Gazprom (51%), monopolista del sector del gas en Rusia, las alemanas E.ON Ruhrgas y BASF, con un 20 por ciento cada una, y la holandesa Gasunie con un 9%.