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11 de agosto de 2008

TENDENCIAS

Omertá: las secretas fiestas que cautivan a los mayores de 30

No basta comprar la entrada. Para poder asistir es necesario ser invitado y pasar por un proceso de selección que incluye consideraciones como la edad y la comuna en que se vive.

Marisol Olivares y Aida. Worthington


10/08/2008 - 15:38

La pregunta de entrada es demoledora. "¿Y a ti quién te invitó?", dice una promotora rubia vestida de negro en la entrada de la Casa de Cristal, mientras su mirada recorre de arriba abajo a la pobre que osó mostrar su ticket. La rubia tiene una lista larga en sus manos y revisa sin parar.  Que alguien haya comprado entrada sin estar en ésta no le cabe en la cabeza, va a hablar con la que parece su jefa. Finalmente se da cuenta que quien quiere entrar pagó los $ 10.000 que cuesta el ticket de ingreso y, aunque le cuesta, arma una sonrisa y dice "adelante".

Así comienza la segunda fiesta Omertá, centro de reunión de adultos jóvenes ABC1 que no quieren quedar fuera, pero donde no todos tienen el privilegio de entrar. Su ingreso depende de la productora, quien escoge, tras revisar los datos del postulante en una página web (www.omertaclub.cl), da la aprobación y revela el código secreto, que no es más que el lugar de la fiesta, que sólo se conoce con 48 horas de anticipación. Esta vez se eligió la Casa de Cristal, una morada de vidrio que parece escondida en plena calle Providencia.

CODIGO SECRETO
El organizador de la fiesta, Juan Carlos Rivera, cuenta que la idea es que estos eventos se hagan mensualmente en Santiago. Eso sí, siempre en un lugar diferente, del que no se puede hablar y que se convierte en una especie de secreto a voces. La dinámica es simple. El les cuenta a 10 selectas personas y de ahí, cada uno se lo dice a su también exclusivo grupo de amigos, hasta que se reúnen cerca de 700 invitados, los que siguen al pie de la letra las instrucciones que los conducen a encontrarse con los conocidos de siempre y escuchar mucho, pero mucho tecno.

No se trata de querer espantar a la clientela. Al contrario. No tener publicidad e impedir que entre cualquier hijo de vecino que se entusiasmó pasando por la calle es una estrategia de la productora Omertá para mantener su presencia en el segmento que pretende ser de elite.

La idea es que finalmente todo se transforme en una masa de conocidos que reciben invitación, se inscriben en la página web y, después, saben si son aceptados. Luego, las entradas deben ir a comprarlas a una tienda de ropa alternativa ubicada en calle Padre Hurtado.

NEGRA SOLTERIA
Aunque la fiesta empieza a las 11 de la noche recién a la una empiezan a llegar en masa grupos de treintones vestidos obedientemente de negro. Como exige la invitación. Parejas casi no hay, grupos mixtos tampoco.

Las botas altas, calzas negras y abrigos, son el uniforme que cubre los generosos escotes de las mujeres. Los hombres son un grupo aparte. Vestidos con chaquetas de cuero y zapatillas blancas se ubican al centro de la pista mirando con ojos del que está a punto de elegir algo.

LOS ELEGIDOS
"Sólo hasta aquí. Si no tiene pulsera negra no puede entrar", dice un hombre vestido de traje con modales de guardia de seguridad. En cada una de las esquinas se encuentra habilitado un salón vip. Sillones de cuero blanco, mucha comida y poca gente, y botellas de champaña que se recambian. Para entrar allí, además de estar invitado, hay que pagar $ 150.000 y sólo pueden ingresar seis personas. Ex rostros de reality, ex futbolistas, una modelo publicitaria y un actor de la televisión es lo más fácil de reconocer.

Aunque esta es la segunda fiesta que se hace, las voces ya se están multiplicando. Incluso hay un grupo en Facebook de los seguidores de las fiestas Omertá que hasta el momento tiene 540 inscritos. Y aunque todo termina masificándose, en la productora no tienen miedo de que se expanda el rumor de estas fiestas a puertas cerradas: "Tenemos un sistema de seguridad que nos permite seleccionar en la puerta, además, exigimos vestimenta, lo que da un filtro mayor", dice Rivera. Todos vestidos de negro, definitivamente solteros, con más treinta años y, claro,  guardando silencio. Ese es el gran secreto.

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