21 de mayo de 2008
Saber si a su hijo le fue bien en la prueba o si entregó a tiempo la tarea. Gracias a softwares, miles de padres en EE.UU. mantienen control permanente sobre los niños.El fenómeno está llegando a Chile.
Los padres siempre quieren saber qué hacen sus hijos cuando ellos no están. Cómo se comportan en la escuela, quiénes son sus amigos, qué hicieron camino a casa. Hoy encontraron un aliado renovado: las escuelas. A través de softwares especiales, éstas son capaces de informar en línea lo que hacen los niños. Desde las notas del examen anterior, hasta si llegaron atrasados a la clase de matemáticas. Un fenómeno que ha revolucionado la relación entre la escuela, sus apoderados y alumnos en miles de establecimientos en Estados Unidos y que ya está en Chile.
Uno de los programas más conocidos es Edline. Según sus creadores, ha sido utilizado en más de 70 países y 15 mil escuelas. Con él, es posible saber la calificación de un alumno, su comportamiento, si entregó o no una tarea y qué materia se pasará en la clase siguiente. Otros softwares que se utilizan para lo mismo son ParentConnect, Pinnacle Internet Viewer y PowerSchool. Sólo este último se aplica en 10 mil escuelas norteamericanas.
En Estados Unidos, el sistema ha generado una fuerte polémica, que incluso ha llegado a los medios de comunicación, acerca de cuánto control necesitan los estudiantes. Para las escuelas, los softwares son una forma rápida de organizar la información, además de una herramienta útil para involucrar a los padres en el quehacer diario de sus hijos. Para los estudiantes, en cambio, es una herramienta más de estrés y presión. Ellos odian estos sistemas, tal como queda patente en sitios como Facebook, donde existen peticiones para eliminarlos, grupos titulados "Odiamos Edline" o "El maltrato infantil aumentó desde que existe (el software)".
El conflicto se genera cuando los estudiantes se sienten perseguidos. Acusan que sus padres revisan el sitio web cada noche, que reciben reportes por email y que comparan las notas de sus hijos con las de los hijos de los amigos. Para muchos, llegar a casa luego de una mala nota se ha convertido en una tortura. "Mi mamá me pregunta: ¿Cómo te fue en el test de matemáticas? Yo le contesto 'bien' y ella me responde '¡mentira, Edline dice que tienes un 75!'", cuenta Mike Choi, estudiante secundario de Chicago, en un grupo de Facebook.
TAMBIEN EN CHILE
Algunos colegios chilenos han seguido la tendencia, publicando las calificaciones y anotaciones de comportamiento en sus páginas web, aunque no diariamente. Algunos de ellos son los colegios Monte Tabor y Nazaret, Craighouse y Pedro de Valdivia. Sin embargo, hay otros que sí lo hacen como el Santiago College y Montemar. Este último, desde el 2006 ha implementado un sistema de gestión académica que permite a los padres tener información detallada de sus hijos: calificaciones, las asistencias, los retrasos en la mañana e incluso retrasos entre clases.
Según Carlos Parra, subdirector de establecimiento, la plataforma ha tenido buena acogida en padres y alumnos. "Los apoderados pueden conocer los contenidos de las pruebas, cuándo las dieron y con qué profesor. De esa forma pueden saber en qué áreas sus hijos están más débiles", cuenta.
Los padres son los más felices con la idea. "El mundo hoy en día es muy competitivo y exigente, con este sistema nuestros hijos comienzan a acostumbrarse a ese tipo de presiones", cuenta Pedro Lea-Plaza, apoderado del colegio.
Otro ejemplo se da en el Santiago College. Desde 2007 operan con el sistema "School Track", que sube los datos a la intranet. Además de las notas, entrega información conductual del alumno. Una de las ventajas del sistema, según explica el establecimiento, es que los padres pueden saber sobre sus hijos a distancia y en la época de la adolescencia-cuando los jóvenes se vuelven más reservados- el apoderado tiene otra vía para saber lo que está sucediendo en el colegio.
Según expertos, estos sistemas tienen sus pro y sus contra (ver recuadro) y son positivos siempre y cuando no afecten la privacidad de los jóvenes. "Los alumnos no pueden ser vistos como convictos, que deben cumplir una condena bajo supervisión", cuenta Felipe Gallardo, psicólogo de la Clínica Quilín de la Universidad de Chile.