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1 de junio de 2008

EDUCACION

Historiadores analizan Mayo del '68 al cumplirse su cuadragésimo aniversario

La revuelta estudiantil francesa se convirtió en un símbolo para generaciones posteriores a nivel mundial, por esa razón el Instituto de Historia de la Pontifica Universidad Católica organizó un diálogo abierto para discutir la importancia del movimiento.


30/05/2008 - 14:14

“Francia se aburre”, consignaba un artículo del diario Le Monde pocos meses antes de que se produjera el gran estallido social de 1968 en Francia. Este título demuestra la sensación de hastío de la sociedad francesa consigo misma. La situación económica era inmejorable, todo marchaba de forma tranquila y estable. Sin embargo, Francia se aburría. “El mayo francés ha llegado a convertirse en un símbolo para las generaciones posteriores”, explicó el profesor de Historia Contemporánea del Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile Arturo Fermandois en el Coloquio organizado a 40 años del hecho histórico: “¿Qué es mayo del ’68? ¿Es una revolución, una revuelta, una manifestación o una fiesta?”. El ’68, según el historiador, une dos vertientes: el discurso marxista no comunista del siglo XX y el ortodoxo.

La “revolución de mayo del ‘68” fue una rebelión de los “niñitos bien”. Tal como ha ocurrido con las grandes revoluciones, explica Fermandois, el origen de ésta no es proletario: “pero además en esta revuelta se ve un desorden, una espontaneidad, un movimiento real de la Historia que no estaba organizado”.

La revolución de la primavera de 1968 se inició cuando se produjeron una serie de protestas en numerosas universidades e institutos de París, seguidas de confrontaciones con la universidad y la policía. El intento de la administración de Charles de Gaulle de ahogar las huelgas mediante una mayor carga policial sólo contribuyó a encender los ánimos de los estudiantes. Las manifestaciones llegaron a tal punto, que De Gaulle disolvió la Asamblea Nacional y se celebraron elecciones parlamentarias anticipadas el 23 de junio de 1968. Aunque el movimiento se inició en el ámbito estudiantil, logró encender los ánimos de los trabajadores, que iniciaron fuertes huelgas que paralizaron el país. El gobierno se encontraba al borde del colapso, pero la situación revolucionaria se evaporó tan rápido como había surgido. Los trabajadores, después de haber conseguido importantes mejoras salariales, volvieron al trabajo. Cuando se celebraron las elecciones, el partido gaullista emergió más fuerte que antes.

Eran tiempos de minifaldas, marihuana y liberación sexual en el mundo entero. Un movimiento que fue empapando sociedades y que llegó, por ejemplo a Estados Unidos con una fuerte lucha por reivindicar los derechos civiles (cuyo máximo exponente fue Martin Luther King). En los Juegos Olímpicos de México ’68, los atletas afroamericanos Tommie Smith y John Carlos, quienes habían obtenido medallas de oro y bronce en los 200 metros planos, empuñaron sus manos con guantes negros, enarbolando la bandera de la tolerancia y los derechos humanos. El medallista de oro se paró en el podio sin zapatillas, con un mensaje claro de que la pobreza en Estados Unidos todavía era un tema pendiente. Los deportistas fueron expulsados de la villa olímpica, dejando en evidencia que Estados Unidos vivía su propia revolución del ’68.

Para el historiador Fernando Purcell, esta revolución americana fue más bien trágica, marcada por la guerra de Vietnam (con sus cientos de miles de muertos), el asesinato de Robert Kennedy y el asesinato de Martin Luther King: “Los hitos del ’68 en Estados Unidos dan cuenta de una sociedad en tensión. Problemas políticos, económicos y de racismo van copando la agenda pública. Detrás de cada hito hay una contención, una lucha importante por el predominio del mundo tradicional. El ’68 es un espacio de contienda muy fuerte”.

Con este diálogo entre los profesores Joaquín Fermandois, Fernando Purcell, David Vásquez y Alfredo Riquelme y los alumnos y profesores, el Instituto de Historia analizó el movimiento estudiantil francés del ’68, 40 años después y desde la perspectiva de la Universidad Católica.

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