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27 de junio de 2008

CULTURA

La leyenda y realidad de la mítica Babilonia reviven en Berlín

A través de una muestra que cuenta con más de un millar de objetos, piezas arqueológicas, pinturas, estatuas y hasta fragmentos de películas que tratan sobre la antigua ciudad.  

EFE


25/06/2008 - 11:20

La leyenda y la realidad de Babilonia, la bíblica Babel pecadora y decadente, se han convertido en el centro de atracción veraniego de Berlín, donde su museo de Pérgamo acoge la mayor exposición realizada hasta ahora sobre la metrópoli mesopotámica, patria de Semiramis o Nabuconodosor.

Babilonia: Mito y Verdad es el título de la muestra que trata de resolver los misterios de una cultura milenaria que, pese a los avances y progresos que trajo consigo para la humanidad, carga con el lastre de ser considerada la ciudad del pecado y la tiranía, la herejía y la opresión, la lujuria y la maldad.

Más de un millar de objetos, piezas arqueológicas, pinturas, estatuas y hasta fragmentos de películas forman parte de la exposición a la que han hecho aportaciones relevantes, entre otros, el parisino Museo del Louvre y el londinense British Museum.

Dividida en dos partes, la dedicada a la verdad muestra las raíces de nuestra cultura occidental mediante una científica visión de los hallazgos arqueológicos que desenmascara los mitos.

Estos protagonizan la segunda parte de la muestra, que se centra en Babilonia como metáfora del lado oscuro de la civilización, ofrece la visión negativa que la ciudad arrastra a través de los siglos y revela las misteriosas fuentes de esas leyendas.

Los autores de la muestra identifican como responsable inicial de la leyenda negra de Babilonia al pensador cristiano San Agustín de Hipona (354-430) y su obra La Ciudad de Dios, que presenta a Jerusalén como la metrópoli celestial en contraposición a la demoníaca Babilonia.

Un milenio después el padre del protestantismo Martín Lutero (1483-1546) escribía su obra programática De Captivitate Babylonica, que comparaba a Roma como centro del odiado catolicismo con la prostituta babilónica.

Y ese mito se ha ido alimentado a lo largo de los siglos con leyendas como la de la reina Semiramis, fundadora de Babilonia y creadora de los famosos jardines colgantes, que ya fue descrita por Herodoto como una mujer fatal devoradora de hombres, papel que le atribuyen también escritores como Dante o el barón de Sacher-Masoch.

Igual fama arrastra Nabucodonosor II, iniciador del reino neobabilónico, gran estadista y conquistador al que ya el Antiguo Testamento describe como tirano sin Dios y despiadado destructor de Jerusalén y cuya biografía fue aún mas ennegrecida en el Medievo y el Renacimiento por escritores y pintores.

Hasta el derrocado dictador iraquí Sadam Husein contribuye a la leyenda negra de Babilonia, como lo demuestra a una serie de collages de Sadam Glitter, hechos con portadas de diarios estadounidenses con fotos del tirano, manchadas con semen enriquecido con polvos de brillantina.

Un corte proyectado en una gran pantalla de la película Intolerancia, realizada en 1916 por David W. Griffith, el cuadro El Pecado, de Franz von Stuck, o toda una serie de representaciones alegóricas de Babilonia como prostituta, entre otros muchos objetos, presentan el lado oscuro de la ciudad.

La torre de Babel es quizás el mayor exponente de la contradicción entre la realidad y el mito ya que en casi todas sus representaciones históricas tiene forma circular y cónica, cuando las excavaciones arqueológicas han revelado que fue cuadrada o rectangular.

La exposición acoge infinidad de dibujos y cuadros con variaciones de la legendaria torre cuya construcción condujo a la confusión de los idiomas, así como de modernos rascacielos que recuerdan la construcción que, según la Biblia, ofendió a Dios.

La visión científica de Babilonia, la que se ocupa de la verdad, recuerda que los calendarios, relojes y horóscopos tienen su origen en Babilonia, donde también se creó la escritura cuneiforme que permitió por primera vez transmitir conocimiento de una generación a otra.

En Babilonia se aplicó el código de Hammurabi, el primer compendio conocido de leyes escritas, fue la patria del entonces culto idioma caldeo y, en contra de las leyendas, acogió sin reservas a gentes de las más diversas procedencias: judíos, egipcios, persas y griegos, entre otros muchos.

La verdadera Babilonia sorprende al visitante con obras gigantescas de permanente exposición en el museo de Pérgamo como la reconstruida Puerta de Ishtar, los conocidos relieves de leones y dragones en azulejo azul de su avenida procesional o las bellas ofrendas encontradas en tumbas de la época.

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