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4 de septiembre de 2008

CULTURA

Crítica de Cine: Los Crímenes de Oxford

Conocido por películas como El Día de la Bestia o Crimen Ferpecto, la primera cinta en inglés del director español Alex de la Iglesia es una historia policial protagonizada por Elijah Wood.

Gonzalo Maza.


04/09/2008 - 11:19


¿Quién diría que la leyenda tras la creación de Wittgenstein del Tractatus Logicus Philosophicus, mientras era un oficial de reserva en la Primera Guerra Mundial, sería tomada por Alex de la Iglesia, el director de películas tan desatadas como El Día de la Bestia, Muertos de Risa y Crimen Ferpecto?

No es que ésta sea la versión fílmica del libro, pero sí es curioso, casi desconcertante, que se transforme en leyenda pop a uno de los pensadores más influyentes del siglo XX en las primeras escenas de la película. La referencia a Wittgenstein, por cierto, la hace el profesor Arthur Seldom (John Hurt), un legendario académico de la Universidad de Oxford en una de sus multitudinarias conferencias.

Hacer conjeturas entre la filosofía del lenguaje, las matemáticas avanzadas y una serie de asesinatos es lo que pretende este policial para niños, empujado por el supuesto misticismo de las cátedras universitarias y la constante cara de duda de Elijah Wood, quien interpreta a Martin, un inquieto estudiante norteamericano.

Martin llega a Oxford para pedirle a Seldom que le haga un seguimiento a sus estudios. El profesor termina ayudándolo en la búsqueda de un patrón común -y posterior resolución- de una serie de asesinatos.

A Alex de la Iglesia le cuesta tanto tomarse en serio, que su espíritu excesivo se cuela en el relato. Algo que en sus películas españolas pasa inadvertido, porque tomarse en serio parece casi de mal gusto, pero que en esta coproducción hablada en inglés se nota descentrado: el rostro de una anciana asesinada es tan grotesco que pareciera querer llevar la película hacia una comedia (algo que no ocurre) y un largo plano secuencia, innecesario, sólo denota un ego desbocado, más propio de un director preocupado de centrar la atención en sí mismo que en el relato que está contando.

Dicen que la madurez es el largo proceso de desprenderse del ego y entregarse al resto. El día que eso le ocurra a Alex de la Iglesia quizás se vuelva un cineasta interesante.