17 de octubre de 2008
Una película que mezcla la solidez actoral de Meryl Streep con los temas más famosos de la popular banda pop sueca de los años 70, Abba.
Mucho se puede decir del pop del grupo ABBA: armoniosos, máquina de hits, íconos de los 70. Pero también se les puede calificar de dulzones, empalagosos, o como se autocalificó Paul McCartney alguna vez, hacedores de tontas canciones de amor. Con esto sobre la mesa, hay que decir que tal dualidad se manifiesta sin complicaciones en este musical inspirado en las canciones de los suecos. El que no soporte más de dos canciones de ABBA seguidas, no está hecho para ver este filme. Porque más allá de bailar y cantar con explosiva felicidad, no hay mucho más.
El filme se sitúa en una paradisíaca y remota isla griega. Ahí, Donna tiene un hotel para los esporádicos turistas y en él celebrará el matrimonio de Sophie, su única hija. Curiosa siempre por saber quién fue su padre, la joven escarba en el diario de vida de su madre y descifra los posibles candidatos. Para no perder el tiempo, invita a los tres a la boda en donde espera que alguno la reconozca.
Con el propósito de no ensuciar las letras y el espíritu del grupo sueco, Mamma Mia! es poco lo que aporta si se mira en rígidos términos cinematográficos. La directora inglesa Phyllida Lloyd no se esmera tampoco en crear excelentes coreografías, buenos movimientos de cámara y de darle coherentes giros a la historia. Esto último es lo más descuidado del filme, al punto que los personajes cambian de propósito de un minuto a otro.
La emotividad se juega entonces de la mano con la música y no con las casi anecdóticas historias de amor que nunca tienen tensión dramática. Al final todo es llenado con las canciones y parece que se les da libertad absoluta a los actores para moverse con la gracia de cualquier mortal que canta feliz haciendo el aseo en su casa. Meryl Streep, en este sentido, ensombrece al resto del elenco con su increíble energía.
Hay excesos también en términos musicales, con al menos dos canciones totalmente de más a cargo de personajes secundarios. Son cargantes exageraciones para el que no aguanta a todo volumen Take a Chance on Me o Dancing Queen. Si se entra al cine con el orgullo de ser fan de ABBA, el feliz meneo de cabeza y el tarareo de horas tras salir de la sala están garantizados. Para el que busca una buena tarde de cine, hay mejores alternativas.