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6 de noviembre de 2008

CULTURA

Estrenan en Londres un Romeo y Julieta con final feliz

La compañía de danza del estadounidense Mark Morris se presenta en la capital inglesa con una puesta en escena minimalista e inspirada en el Renacimiento.

EFE


06/11/2008 - 09:01

Mark Morris ha coreografiado un Romeo y Julieta que, a diferencia de la tragedia original escrita por el inglés William Shakespeare, tiene un final feliz al igual que la versión que hizo el español Lope de Vega en su comedia dramática sobre el mismo tema llamada Castelvines y Monteses.

Romeo no se suicida se lo impide a tiempo el fraile Lorenzo, Julieta se despierta de su profundo sueño, y en una última escena, los dos amantes de Verona danzan un lírico "pas de deux" en un particular elíseo tachonado de estrellas.

La idea de ese "happy end" no es, sin embargo, del coreógrafo estadounidense, sino del compositor ruso Serguéi Prokofiev y el dramaturgo Adrian Piotrovsky.

La versión original de Prokovief la descubrió el musicólogo de la Universidad de Princeton, Simon Morrison, en un archivo de Moscú.

Morrison estaba investigando el período soviético del compositor cuando encontró varias páginas con notas sobre el guión del ballet, la primera versión de la partitura y una serie de cartas relativas a la obra, cuyo título exacto es Romeo y Julieta: sobre Motivos de Shakespeare.

Uno de sus hallazgos fue un memorándum firmado por el propio Stalin en el que daba su aprobación para el estreno en el teatro Bolshoi de Moscú, en 1946, de la versión muy revisada de la partitura original.

El musicólogo descubrió asimismo veinte minutos de música inédita, algunas danzas exóticas y los "pas de deux" de la escena final en la que Romeo y Julieta celebran su amor perenne.

Según Morrison, el ballet de Prokofiev fue objeto en su momento de acalorados debates en la URSS tanto por el citado final feliz como por el racionalismo antirromántico de la música.

El ballet se estrenó en versión incompleta a finales de 1938 en Brno (Checoslovaquia), y ese mismo año Prokofiev recibió un telegrama del teatro Kirov, de Leningrado, en el que se expresaba el interés por montar la obra.

Esa nueva producción, coreografiada por Leonid Lavrovsky y dirigida por Isay Sherman, introdujo una serie de modificaciones a las que el propio compositor intentó resistirse en un principio, pero que terminó aceptando porque era la única forma de que se estrenase la obra en Rusia.

Aquella versión fuertemente alterada de Romeo y Julieta fue aprobada por el propio Stalin en 1946 y se estrenó en el Bolshoi mientras que la partitura original de Prokofiev cayó en el olvido hasta su descubrimiento en 2003 por el citado musicólogo.

Con aprobación de la familia y los responsables del legado de Prokofiev y la ayuda del compositor Gregory Spears, Morrison tradujo y anotó el libreto de 1935, reordenó la partitura existente, eliminó las adiciones espurias de 1938 y orquestó el "final feliz" junto a otros dos números sobre la base del manuscrito del músico ruso.

El ballet, así restaurado, puede verse ahora hasta el 8 de noviembre en el teatro del centro Barbican de Londres, en la versión coreográfica de Morris y con la London Symphony Orchestra en el foso, dirigida con atención al detalle por Stefan Asbury.

El montaje utiliza un decorado minimalista, fuertemente influido por la geometría de los espacios renacentistas del Quattrocento, que sirve lo mismo para la plaza de Verona donde se pelean los Montesco y los Capuleto que para la celda del fraile que bendice el amor de la romántica pareja.

Morris recurre en su coreografía a una exagerada gestualidad, muy típica del cine mudo. Los movimientos de los bailarines del Mark Morris Dance Group, todos ellos extraordinarios, son de una gran precisión, y los gestos, incluso los más groseros, se ejecutan con humor y elegancia.

Si es evidente que el ballet carece de la profundidad psicológica y dramática de la tragedia de Shakespeare, como espectáculo musical y visual al menos es un auténtico regalo.