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10 de noviembre de 2008

CULTURA

Los diarios de José Donoso liberados por su hija Pilar

Después de revisar los 64 cuadernos privados de su padre, Pilar Donoso descubrió aristas totalmente desconocidas de la personalidad del escritor y los narra en este artículo.

Pilar Donoso


09/11/2008 - 10:53

Verano 2006. Sentada en el bow-window de la casa de Cachagua de mi suegra, descansan sobre mis rodillas seis de los 64 tomos de los diarios de mi padre.

Tengo miedo… los observo, tomo su peso, los hojeo a la rápida y reconozco la letra, casi de hormiga. Intuyo lo que pueden contener, la posibilidad de encontrar las divagaciones, revelaciones de una mente creadora que explora las angustias profundas del alma: en esas páginas a las que debo enfrentarme hay un mundo paralelo, oscuro, oculto, cercano al de la muerte.

Los hojeo y finalmente decido aventurarme a empezar su lectura, aunque tal vez luego me arrepienta ya que creo en el olvido como parte de la supervivencia.
(...)

Desaparece un cheque de 150 dólares y vuelve a sospechar que yo lo he robado, según él, son "tincás" con respecto a mi falta de honradez con el dinero. Siente que si él tuviera fuerza y tiempo, tomaría todas las finanzas de nuevo en sus manos y así ya no tendría esas horribles ideas que le quitan el sueño.

La verdad es que yo me hacía cargo desde los 18 años de las finanzas de la casa de mis padres, ir al banco, depositar, llevarles dinero, pagar sueldos, etc. Me dieron poder sobre sus cuentas corrientes, por conveniencia, o más bien por comodidad, ya que todo lo "práctico" se les hacía imposible de sobrellevar. No puedo negar que los primeros años en los que yo era una recién casada, pero bastante niña, 19 años, cuando iba por encargo de ellos al supermercado, echaba algunas cosas al carro que yo necesitaba, algo de leche, arroz, etc. Sentía de algún modo que era un "pago" por este trabajo tan tedioso que era correr con una casa que ya no era la mía y por todos los "mandados" nada de gratificantes que debía hacer, pero de ahí al robo... Duele pensar que mi padre creía que yo era una especie de amenaza, de enemigo en casa.

"Me pregunto si la voracidad, la crueldad de Pilarcita con todo lo que sea plata no sea más que una forma de temor: robos, la prosperidad de "otros" chilenos, la decadencia y vejez nuestra: sí, sin duda es una forma de miedo, un deseo de dibujar su silueta incompleta con lo material que le hemos aportado, un huir fácil -y muy difícil- de todo lo que sea decadencia, vejez, simbolizado en nosotros, en la fragilidad de mi salud, en las depresiones de María Pilar. Prometerle más para más adelante. Ni un poco de ternura. No veo nuestra vejez apoyada por ella. Miedo a las borracheras de María Pilar. Miedo a la leyenda negra sobre mí que le puede haber llegado desde más de un lugar o dirección: Iván Vial, los Donoso Larraín, tantos otros voceros. ¡Pobre hija mía! ¡Pobre de nosotros, viejos y pobres y en sus manos!".
(...)

Respecto a su enfermedad, siente que no lo apoyo, que no me voy a hacer cargo cuando envejezcan o de mi madre en el caso de que él muera primero. Nunca fue así, desde muy niña intuí que estos seres en cierto modo frágiles, etéreos, creativos, veían lo práctico como algo inentendible. Asumí siendo muy pequeña el rol de madre de mis padres. Una vez, mi padre ya viejo me dijo: "Tú has sido más madre mía que yo padre tuyo". Con esta incertidumbre ante su propia vejez escribe:

"La Pilarcita -a mí, por lo menos, a quien le resulta más difícil sacarle plata que a María Pilar- no me quiere mucho. In fact que me desprecia. Pero también es verdad que esta sensación la tengo con casi toda la gente que conozco y a quienes aprecio".
(...)

El me lo pidió directamente, que escribiera su biografía. Como ya he dicho, el modus operandi era que nos sentábamos en su estudio largas horas para que yo grabara lo que él decía. Era una conversación absolutamente guiada por él, diciendo lo que quería que pasara a la posteridad, jamás con franqueza, ni mostrando sus flaquezas, ni con la mirada hacia la realidad.

Quería que yo escribiera lo que él me decía y nada más. Creo, ahora, que él nunca imaginó que yo sería capaz de emprender este proyecto como lo estoy abordando hoy. Pienso, además, que me creía incapaz de embarcarme en la lectura de sus cuadernos. De hecho encuentro este comentario lapidario al respecto: "Pilarcita eternamente limitada de mente".
(...)

Con mi madre le ocurre algo similar pero con menor grado que conmigo que soy su principal fijación. También es cruel aunque ella logra despertarle ciertos sentimientos de compasión:

"La vida puso a disposición de María Pilar indudables oportunidades; posición, belleza, gente de selección, gusto, cultura, todo a su alcance. Y de todo eso, queda ella, hecha un trapo, un guiñapo, una vieja borracha con paquetitos como en el 'Pájaro'. ¡Qué extraño cómo todas las cosas en la vida van formando un pattern, una forma reconocible y no son más que piezas necesarias en el rompecabezas ininteligible que es mi vida -¿o la vida de todos?-. ¿Por qué yo nunca alcanzo a ver el diseño completo? ¿Cuándo lo veré? No creo que lo vea nunca".

Se siente agredido, amenazado, abusado por mi madre, sobre todo en el aspecto económico, cree que ella lo va a llevar a la ruina total. Este miedo logra hacerlo sentirse desvalijado, desprovisto, homeless. Piensa que mi madre actúa contra él cuando le habla del "patrimonio", se ofende, ya que considera que todo lo ha puesto él, que se ha gastado todo en vestirla, sus médicos y en los psicoanálisis de ella durante 35 años de matrimonio.

"María Pilar hace una especie de jueguito, se olvida de cosas y las reconstruye a su gusto y según le sirva, borrando totalmente lo que es realidad. Pero sin duda lo que en ella más me molesta, es que no reconoce nada de lo que he hecho por ella, de lo que me he sacrificado en el buen sentido de la palabra, por ella, de lo comprensivo y tolerante que he sido con sus borracheras, con sus peleas con Pilarcita. Esto no se lo puedo perdonar y me aleja terriblemente de ella. A veces me dice 'tan poco tierno que eres conmigo'.

Para ella no cuenta como ternura ni la comprensión ni la tolerancia, sólo el añuñú, lo que a nuestras avanzadas edades -y ella dejando sus dientes desvergonzadamente por toda la casa- es un poco ridículo, si no hay una comprensión y entre nosotros ya no la hay. Me doy cuenta que la quiero menos y menos, sobre todo por su no reconocimiento de mi trabajo (le gusta el brillo prestado que le da mi trabajo, pero no se da cuenta o prefiere no darse cuenta de lo que me cuesta en energía y agotamiento), de mi ayuda a ella (¿quién si no yo la impulsó, la ayudó y la corrigió en su libro? Se ha olvidado que una buena parte, comenzando por la idea son aportes míos) y de mi financiamiento personal de todos sus problemas médicos, incluso de su borrachera.

No puedo sino quererla menos. Y a veces, últimamente sobre todo, llego a un peligroso límite de la tolerancia".
(...)

Lo increíble es que con respecto a sus propios diarios, también entra en un delirio de ser descubierto… Le preocupa la consulta sobre los diarios que están guardados tanto en la biblioteca de la Universidad de Iowa como en la de la Universidad de Princeton.

No quería que nadie los leyera. Los consideraba íntimos, privados. Los dejó ahí, para ser analizados por estudiosos en un futuro lejano. Se protegió en que ese futuro fuera lo suficientemente lejano para él, pero no para mí y los míos.

"Septiembre de 1991
Me interesa ir a la Special Collection de la Biblioteca para ver qué materiales míos poseen y en qué estado. Creo que dejaré mis diarios primeros, los de Coronación, under restriction, porque recuerdo que esos primeros, sobre todo, son terriblemente íntimos. No me gusta que estén al alcance de todo el mundo y de cuanto curioso puede andar circulando por ahí.

He estado leyendo un poco de la bibliografía de Donoso que sacaron en Princeton con Nadja Benahid, y me horroriza que hay varios entries -en las listas de las tesis doctorales- sobre el tema de la homosexualidad. ¡Es increíble que eso sea lo que sacan en limpio, solamente, claro que El lugar sin límites se presta para ello! ¡Qué le voy a hacer! A lo hecho, pecho. Pero tengo que descubrir alguna manera de enfrentarme con el hecho de que -in this day and age- es un tema que al público le interesa apasionadamente y no se puede decir que no me presto para ello. Tampoco quiero decir que no tengo razón para asustarme y deprimirme. ¿Qué hacer? ¿Cómo enfrentarme con el asunto?".
(...)

Tener un registro escrito de cada paso de la vida de mi padre desde los 42 años en adelante, y tener también diarios de mi madre, me pone en contacto con lo que no necesariamente hubiera querido saber. A veces es mejor sólo guardar en la memoria, que está basada en la subjetividad propia de los afectos, de las situaciones, de los lugares, de las palabras dichas, que permiten de ese modo que uno sea capaz de estructurarse como persona. Y que la selección natural de la memoria guarde en ella el recuerdo de lo que para uno significó.

No estoy de acuerdo con este registro tan metódico y descarnado de todos los pensameintos, emociones, conflictos. Si los seres humanos dejáramos plasmado todo aquello que pensamos, sentimos en cada etapa de la vida y reveláramos nuestra intimidad más verdadera, creo, la mayoría, seríamos bastante detestables, odiosos, abyectos.
(...)

Me he visto enfrentada con esta palabra escrita que mi padre plasmó en sus diarios (a los que luego de unos años todos tendrán libre acceso) y en cada página sin darme cuenta me encontré también conmigo, tuve que reestructurarme una y mil veces frente a las palabras ahí plasmadas, ante el desconcierto, ante el dolor, ante el amor, ante el miedo, ante el odio… pero de entre esas miles de páginas me rescaté a mí misma y quizás finalmente también supe quién era yo.

Si bien no era su hija biológica, él me enseñó en vida y ahora a través de sus cuadernos a aprender a mirarme y a ir sacando las capas que cubrían mi propia alma y a descubrir que tengo mucho de él; sobre todo me enseñó a mirar, a observar, a escuchar a través del dolor, de las fisuras internas, de la falta de identidad, hoy, esa identidad tribal, ancestral de la que no tengo conocimiento, la fui encontrando en estas páginas. Finalmente… sí tengo una historia, mi propia historia.

Sólo hace falta correr el tupido velo. Y correrlo es la manera voluntaria que tenemos de entrar en una ceguera, de mirar aquello que nos perturba, que nos es difícil enfrentar… Abandonar la negación. Con este tupido velo cubrimos todo lo que no queremos ver, pudiendo creer así que esa realidad no existe. Inherente al hombre, este mecanismo de algún modo nos protege para soportar lo que la vida tiene de intolerable, dolorosa. Pero para mi padre, este tema recurrente era un rasgo de la sociedad chilena para evitar así ver la realidad en profundidad, con todo lo que ello implica.

Entre los múltiples métodos de huída, había uno, el de las máscaras, que a él fascinaba y que de alguna manera constituía su propio sistema de encubrimiento y revelación de su identidad.

"Lo que hay detrás del rostro de la máscara nunca es un rostro. Siempre es otra máscara. Las máscaras son tú, y la máscara que hay detrás de la máscara también eres tú y así sucesivamente y con todas las otras. Y esas máscaras resultan de lo que te enseñaron a querer y a rechazar, y de lo que tú también quieres o rechazas, y de aquello que te sirve para defenderte, y de aquello que te sirve para agredir. Y mucho más. Las distintas máscaras son funcionales, las usas porque te sirven para vivir. Yo no sé qué es eso de la autenticidad. Lo que sí creo es que la vida humana consiste en un refinado y complejísimo sistema de enmascaramiento y simulaciones. Tienes que defenderte".

Este es pues el desafío, lograr descorrer este tupido velo al que el mismo José Donoso recurría. Descubrir finalmente el rostro que se escondía tras sus numerosas máscaras y que ocultaban el gran temor de no ser aceptado por los demás.