11 de mayo de 2008
El cantante galo, de 83 años, demostró en una hora y 50 minutos, que sus virtudes vocales y escénicas están intactas, y que le valieron ser nombrado por la Revista Time, el Artista del Siglo.
Simplemente impecable. Así se puede definir la presentación de anoche del cantante francés de origen Armenio Charles Aznavour. Dueño de una gestualidad única y de una voz que no parece tener ni un sólo cambio en el tiempo, demostró que sus 83 años, son un dato tan poco importante a la hora del análisis.
A las 21 horas y 20 minutos bajaron las luces en Espacio Riesco y los ocho músicos, dos coristas y el director de orquesta, salieron a escena en medio del primer aplauso cerrado de la noche, Unos segundo después, un hombre bajo, serio y de riguroso negro provocaba que el aplauso subiera en intensidad y emoción. Era Charles Aznavour que se apoderaba de la atención de todos, y que no dejaría de hacerlo en la siguiente hora y 50 minutos.
Con un recorrido perfecto por sus mejores temas, el artista llevó al público por una historia de amor, juventud y recuerdos que manejó a la perfección. La Juventud, She y La Bohemia, fueron puntos altos en el repertorio del galo, que a pesar de cantar algunos temas en español, no lo habla, y conversó a ratos con los espectadores en francés.
Una orquesta que respetó todos y cada uno de los arreglos de los temas originales y que logro satisfacer a los más puristas, fue el marco perfecto para que Aznavour uniera su potente voz y el trabajo gestual que, gracias a su condición de actor, maneja con maestría.
Decir que era un espectáculo imperdible, es simplemente ser justos con un artista que fue nombrado el Sinatra francés, y que en su gira de despedida, viene a reafirmar que el adiós no es sinónimo de admiración por tiempos mejores, es simplemente devoción por un glorioso presente.