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Saint Moritz, la estrella del turismo suizo


Cualquier época es buena para visitar esta ciudad.

por Mónica Rojas, para revista Viajes | 21/11/2008 - 17:05

En St. Moritz nació, hace 150 años, el concepto de deportes de invierno. Y casi enseguida, la asociación con el disfrute del frío y del invierno, una estación del año que entre pieles y autos carísimos comenzó a ligarse con el lujo. Con el extra lujo.

Hoy, St. Moritz continúa siendo, junto con Gstaad y Davos, uno de centros invernales más famosos de Suiza y del planeta. Le salió competencia al camino, claro, pero será siempre St. Moritz, una pequeña ciudadela a más de 1.800 metros de altura donde se aloja la creme de la creme, donde mantienen casas las familias Onassis y Niarchos –por sólo poner dos ejemplos– y donde venden millones tiendas de Dior, Cartier, Bvulgari, Hermés y Versace.

Pero St. Moritz nunca ha sido sólo invierno, y eso lo saben bien los europeos. Visitamos la ciudad cuando comienza a abandonar su verano. No está el paisaje blanco, sino todas las tonalidades posibles del verde, y las flores, que son todo un cuento en Suiza.

Una llovizna débil acompaña nuestra llegada a la ciudad, que de noche se ve aun más majestuosa, iluminada por completo en torno al lago. Pero al día siguiente reaparece el sol, la máxima estrella de St. Moritz, que, según dicen, se deja ver 322 días de los 365 que tiene el año.

Este sol, aunque no abrigue demasiado ya, y la belleza de su valle completo hacen que tenga visitantes en las cuatro estaciones. En verano no se esquía, pero se hacen caminatas y cicletadas, se viaja en funicular, se acampa, se realizan excursiones alpinas, se practican por doquier golf, equitación, windsurf y yachting.

Y si quiere recorrer un poco más, se puede acceder a las rutas de sus mejores trenes: el Glacier-Express, el Bernina Express y el Palm Express. Son las maravillas de la zona de la Alta Engadina (St. Moritz es, en realidad, Engadina St. Moritz), un valle cuyo nombre viene del romanche, la cuarta lengua en Suiza, y que significa "jardín del eno".

AGUA Y NIEVE
En cambio de temporada no hay demasiados turistas en St. Moritz, lo que hace más grato el conocimiento de la ciudad. No es de más de seis mil personas su población fija, pero en invierno puede superar los 35 mil, con la avalancha de visitantes nacionales y extranjeros.

El pueblo está cuidado en extremo, reinan las construcciones con piedra a la vista y las tiendas son de ensueño. Un hotel de 4 estrellas parece uno de 5, y así... Y aunque algunos digan que St. Moritz no es lo mismo que antes, nada en Suiza –¡nada!– puede mirarse sino con sana envidia, porque posee una belleza que duele.

Aparte de comprar y de aventurarse con las actividades propias de la época, puede también visitar el Engandiner Museum, el Berry Museum o el Segantini Museum, dedicado este último a Giovanni Segantini, un pintor italiano de nacimiento que hizo de la región de los Grisones (Graubünden, en alemán) su morada, hasta que murió, a fines del siglo 19.

Pero si quiere hacer algo realmente distinto en St. Moritz –porque esta faceta es mucho más desconocida para el resto del mundo-, de una vuelta por los principales centros termales de esta ciudad y sus alrededores.

La fama de las aguas minerales de la zona es más antigua que su fama como centro de invierno top. De hecho, así surgió la inmigración turística hasta acá, remontándose incluso hasta el año 2000 a.C. Sus aguas ferruginosas eran la atracción mayor, porque se comprobó que tenían propiedades terapéuticas. Y siglos después, la historia fue la que sigue: los ingleses venían hasta acá en verano para cambiar de aire y, principalmente, para bañarse en sus aguas saludables. Pero llegaba septiembre y se marchaban, porque le temían al invierno de los Alpes.

El propietario de una de las posadas, Johannes Bradutt fue un visionario. Comenzó a ampliar su posada hasta levantar junto a lo que es hoy el Hotel Kulm (su posada original) el primer Hotel Palace del mundo, considerado entre los mejores del orbe.

Pero volviendo a las aguas... en toda la región de los Grisones hay centros especializados que utilizan esta agua como tratamiento para muchos males (el Heilbad St. Moritz es uno, en Plazza Paracelsus 2), amén de hoteles que se han preocupado de ofrecer sus propios spa ferruginosos: el Kulm, el Kempinski, el Carlton, el Palace y el Souvreta House, los cinco 5 estrellas de la ciudad.

Las fuentes de agua abundan en toda la región y aunque a nuestro paladar resulten un poco pasaditas en sodio (saben muy saladas), la verdad es que tienen reconocimiento científico. Una prueba de ello es la existencia de Engadin Bad Scuol Spa, situado en el poblado de Scuol, a sólo una hora de St. Moritz. El recinto ofrece un sinnúmero de oferta de baños y sauna, un baño romano-irlandés, así como un centro terapéutico y de wellness. Vale la pena visitarlo.

LOS ALREDEDORES
El poblado de Zernez está en la Baja Engadina y hasta acá debe llegar si desea visitar el Parque Nacional Suizo, la reserva más grande del país –de 172 km2–, con abundantes animales y flores alpinos. Zernez también es punto ideal para explorar todo el valle y la zona fronteriza con Italia y Austria.

En invierno, el pintoresco pueblo ofrece unos 60 kilómetros de caminos preparados para los excursionistas, que pueden disfrutar de la calma del paisaje nevado. Una pista de hielo, un campo de curling y una piscina cubierta completan la oferta de invierno en Zernez.

En verano, es punto de partida para excursiones tanto en dirección a la Baja Engadina (Scuol) como a la Alta Engadina (St. Moritz, Pontresina). Zernez cuenta con una moderna infraestructura de recreo, con centro deportivo, campo de vóleibol de playa, minigolf, etc.

Zuoz es otro pueblo imprescindible de la Alta Engadina. Pintoresco, cuenta con vivos vestigios del pasado, cuidadosamente conservado y restaurado. Acá abundan las fuentes de agua y las plazas, las calles estrechas y adoquinadas, los balcones con jardineras de flores en llamativos colores. De una perfección que casi parece de mentira... o una locación de cine. Pero no: Zuoz está habitado, tiene niños jugando en las esquinas y una serie de buenos hoteles. En sus alrededores está también el prestigioso Lyceum Alpinum, un exclusivo colegio privado que recibe a estudiantes suizos y extranjeros.

Si quiere conocer el viaducto que es la postal de Suiza, el de Landwasser, debe llegar hasta la estación de Surava y tomar acá un vehículo de Correos (usualmente se hace cuando no hay locomoción colectiva directa). De todos los viaductos de Suiza, es el más famoso e impresionante, posiblemente porque es una estructura gigante de piedra de 136 m de longitud y 65 m de altura.

Tiene la elegancia que da el misterio, porque termina en la cara vertical de un acantilado, lo que hace que los trenes aparezcan o desaparezcan por allí causando ni más ni menos que conmoción.

Otra posibilidad de conocerlo – esta vez desde arriba- es tomando uno de los trenes que hacen ruta por él, como el Glacier Express, el más lento del mundo, el más atractivo y el más exclusivo: ni las curvas ni las pendientes logran afectar su excelente servicio a bordo, porque todo en él está pensado para que a usted no se le mueva ni un centímetro su vaso. Perfecto, como toda Suiza.

PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD
El 6 de julio de este año se convirtió en fecha clave para la zona de los Grisones: el Ferrocarril Rético (Rhätische Bahn en alemán; Rhaetian Railway en inglés), en el tramo que Albula y Bernina, fue declarado por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.

La inscripción hecha por el organismo concierne a los 122 km de vía férrea entre Thusis, St. Moritz y Tirano, y los 144 puentes y 42 túneles que componen este trazado. Además, por supuesto, del paisaje que lo rodea. Es un reconocimiento que Suiza comparte con Italia, pues el tramo comprende zonas de ambos países.

Entre los trenes que componen el parque ferroviario suizo sobresalen cinco con nombre propio:
- Glacier Express, que recorre Zermatt-St. Moritz.
- Bernina Express, que recorre Coira-Tirano, por el túnel de Bernina.
- Aqualino Scuol, que recorre Landquart-Scuol.
- Engadine Star, que recorre Landquart-St. Moritz.
- Arosa Bahn, que recorre Coira-Arosa.

MÁS INVIERNO
Graubünden se divide en dos climáticamente. En el valle del Bajo Rin (la ciudad de Chur, principalmente), existen cuatro estaciones claramente diferenciadas y de igualm duración.

En la Alta Engadina, donde se sitúa St. Moritz, si bien hay cuatro estaciones, se dan con una distribución mucho más cargada al invierno.

Es normal ver nieve aún en mayo, y después de un verano y una primavera que suelen ser breves se producen siempre neviscas o rocíos congelados, aun en pleno agosto. Por este motivo, sea cual fuere la estación en que viaje, lleve siempre ropa abrigada.


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