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Vieques: la joya rebelde del Caribe


Una isla llena de historia que exhibe inigualables bellezas naturales.

por Leoncio Pineda Dattari, para revista Viajes | 21/11/2008 - 17:04

Algo especial tiene Vieques, una de las dos únicas islas municipio de Puerto Rico. Es de esos lugares a los que tarde o temprano se regresa o donde aquel viajero errante echa raíces para quedarse definitivamente. Es un imán, que igual atrae a un mochilero que al turista de hotel y casino.

Algo especial tiene Vieques. Sin duda. Lo supieron, primero, los indígenas caribes, luego los franceses y más tarde los ingleses y españoles, que colonizaron el territorio. Esa mezcla se ve hoy en sus calles (en algunos edificios y nombres), por las que alguna vez caminó -en plena lucha independentista- el mismísimo Simón Bolívar.

Situada a 12 kilómetros al este de la isla grande de Puerto Rico, la isla municipio de Vieques (de 33 km de largo, poco más de 7 kms en su parte más ancha) ha sido marcada por una historia de ocupación.

La última ocurrió en la década del 40 cuando la Marina de Guerra de Estados Unidos puso sus ojos en este territorio al que los puertorriqueños llaman Isla Nena. La fuerza naval estadounidense convirtió un paraíso de corales, mangles y playas en uno de los campos miltares más activos del mundo.

Aquí estuvieron durante 60 años, tras ocupar tres cuartas partes de la isla (10 mil hectáreas de un total de 13,6 mil) y convertir a Vieques en el principal centro de las operaciones militares en el Atlántico y el Mar Caribe. Pero la historia dice que los pobladores de Vieques se cansaron. Y no sólo de los permanentes bombazos durante 200 días al año. También de los daños ecológicos, económicos, sociales y de salubridad.

"Esto fue una lucha de los viequenses en un principio y de los puertorriqueños después. Acá, al poderío militar, a la violencia de las bombas, sólo podíamos anteponer acciones como la desobediencia civil. Fue ese el camino que nos llevó, después de décadas, a expulsar a la Marina de Vieques", cuenta Robert Rabin, un estadounidense que, como muchos otros, se quedó a vivir en la isla municipio y se convirtió en uno de los líderes comunitarios.

Otro fue Carlos Ventura, un pescador que, como muchos otros, prestó su embarcación para obstaculizar las maniobras de portaaviones y destructores. "Era un riesgo que teníamos que correr. Con la marina aquí durante casi todo e año, no teníamos acceso al mar, no podíamos pescar y, por lo tanto, no podíamos ganar dinero ni mantener a nuestras familias".

Así las cosas, la lucha de Vieques (el nombre se deriva de la palabra Beyequé o Beyque, que significa "tierra pequeña". Los ingleses la llamaban Crab Island -isla Cangrejo- debido a la abundancia de crustáceos en los tiempos de colonización) unió a los todos puertorriqueños -algo poco frecuente- y logró lo que parecía imposible: la expulsión de la Marina.

Eso ocurrió, oficialmente, el 1 de mayo de 2003, tras una orden presidencial dictada por George W. Bush.

Antes, las maniobras militares, que incluían portaaviones, destructores, aviones de combate, helicópteros, embarcaciones anfibias y la participación de sobre 15 mil soldados, dejaron una estela de muerte en Vieques. Los continuos bombardeos provocaron la contaminación de aguas, suelos y aire de Vieques, con niveles alarmantes niveles de metales pesados y tóxicos (como mercurio, plomo, cadmio, aluminio y uranio).

Hoy la población exhibe una tasa de cáncer 30% más alta que en el resto de Puerto Rico, además de una alta incidencia de enfermedades al pulmón, a las vías respiratorias y a la piel, las que según especialistas puertorriqueños están asociadas a altos niveles de contaminación ambiental.

Lo anterior se suma a esos proyectiles que, sistemáticamente, no caían sobre su objetivo, sino en inocentes viequenses que combatieron durante décadas la presencia de la fuerza militar más poderosa del planeta. La última víctima fue David Sanes, el 19 de abril de 1999. La muerte de Sanes desató una ola de protestas, entre ellas las de pescadores que, en embarcaciones pequeñas, obstaculizaban el paso de las imponentes naves militares.

Asimismo, centenares de puertorriqueños ejercieron la desobediencia civil y penetraron durante meses las zonas restringidas donde se desarrollaban los ejercicios militares. Se convirtieron en verdaderos escudos humanos y su acción obligó en numerosas ocasiones a detener las maniobras navales.

Las manifestaciones rindieron sus frutos. Incluso recibieron el respaldo de la comunidad internacional y del mundo artístico, con la participción de actores hollywodenses como Edward James Olmos (Miami Vice), o el respaldo de figuras como Robert Kennedy, quien también ha apoyado causas ecológicas en Chile. Incluso, tanto Olmos como Kennedy fueron encarcelados y más de 1.500 personas resultaron detenidas tras meses de protestas.

LA CARA AMABLE
Hoy la joya rebelde del Caribe muestra otro rostro, su otro tesoro: el turismo. Muchos de los cerca de 9 mil habitantes de Vieques se dedica a esa labor y los hoteles dan cuenta del renacer viequense tras décadas de anonimato.

Vieques recibe a los extranjeros, en su mayoría estadounidenses, que llegan por barco o avión hasta la isla. Las diferencias entre uno y otro medio son claras: si opta por el avión (a hélice, como aquél de la Isla de la Fantasía), llegará en poco menos de 30 minutos en un vuelo que despega de San Juan.

En cambio, si prefiere arribar por mar, primero debe trasladarse por tierra hasta el pueblo de Fajardo, distante a una hora de la capital. Para eso, antes debe arrendar un auto y llegar hasta el muelle (ahí debe dejar el vehículo en un estacionamiento privado. Si no quiere ir en auto, puede viajar en unas "guaguas" o minibuses que salen desde la terminal del Este, en el sector de Río Piedras). La lancha tarda poco más de una hora en llegar al embarcadero de Isabel Segunda, el principal poblado de la isla.

Ya en Vieques tiene dos opciones: o arrienda un auto (otro más si es que ya arrendó uno en San Juan) o toma las "guaguas" que se estacionan a la salida del muelle. Si elige lo segundo, los minibuses recorren toda la isla y quienes conducen conocen al dedillo la isla. Además, puede acordar con el chofer si quiere servicios extras durante su estadía, para visitar algún lugar atractivo, como las preciosas playas viequenses.

Si se trata de elegir, váyase hasta el barrio La Esperanza (y deje Isabel Segunda para despúes). Ahí encontrará todos los servicios que necesita, desde hoteles hasa excursiones. También hay más ambiente, considerando el hermoso malecón que cobra vida por la noche. Hay sabor a Caribe y, como todo en Vieques, lo que prima es lo rústico.

Tómese una Medalla (la cerveza puertorriqueña), acérquese a la orilla y vea los espectaculares veleros que llegan de otras islas de la zona, escuche música boricua (el reggaetón le está ganando el pulso a la salsa) y converse, se sorprenderá de las historias que tienen para contar los viequenses.
En la isla encontrará rica gastronomía, es decir buenos restoranes, variada oferta hotelera (precios de acuerdo al bolsillo y las necesidades) y mucho que hacer.

LO PRIMERO, LAS PLAYAS
No se pierda ninguna. Intente visitar las principales, así verá el encanto que tiene cada una de ellas. Nosotros le recomendamos dos: Sun Bay, considerada por los expertos como una de las mejores del Caribe, y Blue Beach, una playita inigualable para el buceo. Es, en resumen, de postal. Lo anecdótico aquí es que esta playa era ocupada por la Marina de Guerra de Estados Unidos para ejercicios militares de desembarco. Cuando la vea comprenderá que es difícil de creer.

Si quiere una extra, vaya a playa Navío, que es más salvaje. Por algo fue elegida como escenario para la película El señor de las Moscas (Lord of the Flies), filme que narra las aventuras de un grupo de niños náufragos. Y a propósito de cine, Vieques tiene una rica historia de producciones de Hollywood, la mayoría de guerra y hechas durante las décadas 50 y 60.

Fuera de las playas, hay sitios que por historia y arquitectura valen muchísimo la pena. Por ejemplo, La Casa del Francés (construida en 1910), ahora un hotel y que fue declarada Monumento Nacional. Era la casa campestre de las plantaciones de caña de azúcar que se extendieron por buena parte de Vieques durante el siglo 19.

No es todo. También puede visitar el Fortín Conde de Mirasol, que está enclavado en la cima de una colina de Isabel Segunda. Fue construido en 1845 por los españoles para defenderse de los ataques de barcos franceses e ingleses. Desde el lugar se puede apreciar gran parte del poblado y el mar que separa Puerto Rico de Vieques. La construcción fue ocupada, desde 1898 y durante unos años, como cárcel. Hoy es un centro cultural.

Si se encuentra en el fortín puede divisar el Faro de Punta Mulas, otro lugar atractivo para conocer. En el siglo 19 formaba parte de una cadena de faros construidos por los españoles.

Y si de naturaleza se trata, otro par de lugares imperdibles: la bahía bioluminiscente de Mosquito y los arrecifes de coral. Del primero, debe ir ojalá cuando haya una noche sin luna para ver por qué este fenómeno, en Vieques, es uno de los más importantes del mundo. Lo llevan en kayak y nunca, entienda bien, nunca olvidará el increíble fenómeno que se produce en el agua, cuando de improviso todo a su alrededor brilla.

Para ir, pregunte en su hotel o al viequense más cercano, hay excursiones diarias que no son muy caras. En todo caso, vale la pena gastar unos dólares en esa aventura (si quiere, también puede preguntar por las otras bahías bioluminiscentes: Tapón y Puerto Ferro, que no son tan explotadas turísticamente como Mosquito).

Lo otro para disfrutar son los arrecifes de coral (de borde y mancha). Para los amantes del buceo, sugerimos los arrecifes de la zona oriental y de la costa norte de Vieques, entre Punta Este y Punta Mulas, así como también los que se ubican en el área occidental, entre Punta Arenas y Punta Boca, y los del sector sur, en la costa, en las entradas de bahías, lagunas y en ensenada Honda. Pero, ya sabe, cualquier pregunte.

Hasta el momento no le hemos indicado cómo llegar a los lugares. La verdad, no es necesario porque la isla es muy pequeña (¿recuerda qué significa Vieques?). Bastará con que pregunte o que le diga al chofer de su "guagua" dónde quiere ir. Y si es hombre y no desea consultar a nadie, visite la casa alcaldía en la plaza pública de Isabel Segunda. Ahí podrá encontrar mapas de la isla con las principales atracciones.

En Isabel Segunda, además, están todos los servicios de gobierno, policía, bomberos, emergencia y correo. Pero lo que más vale la pena son sus calles y su gente, muy hospitalaria.

Ahora bien, si tiene los medios, arriende un auto y piérdase. Atrévase y piérdase por alguna huella o sendero que, de seguro, lo llevará a una playa secreta, sin más testigos que los cangrejos o algún manatí (un pacifico mamífero marino casi desaparecido en el Caribe) que habitan en la zona. En Vieques tiene garantizada la paz. Esa que por muchos años no tuvo la joya rebelde del Caribe.


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