En cuanto se va al médico por cualquier desajuste corporal, lo primero que recetan es dieta y ejercicio. Por mucho que se haya progresado en farmacología, la farmacognosia y la farmacodinamia, los españoles terminan siempre apelando a la dieta y ejercicio.
Recientemente se celebró en España un congreso sobre la alimentación y la nutrición en el siglo XXI, y uno de los asuntos tratados era la dieta atlántica. Los especialistas tienen como concepto de "dieta" lo que el diccionario señala sólo como tercera acepción, o sea el conjunto de sustancias que habitualmente se ingieren como alimento.
Pero a los pacientes, lo de "dieta" suena más a la primera acepción, que es "régimen que se manda observar a los enfermos o a los convalecientes en el comer y beber y, por extensión, esa comida o bebida". Más drástica es la segunda acepción: "privación completa de comer".
DIETA MEDITERRANEA
La dieta mediterránea ha sido presentada últimamente como una panacea, pero si se analiza detenidamente su acepción se puede señalar que los ingredientes a los que apunta son preferiblemente vegetarianos, siendo que los habiantes de los países del Mediterráneo no sólo comen cereales, legumbres, hortalizas, aceite de oliva y vino.
Debido a que el pescado es fundamental en esa dieta, y adquiere más importancia en la dieta atlántica. En el caso del vino, adquiere sentido en las comidas de los habitantes de los países de las riberas norteñas y occidentales del mar, pero no para la mayoría de los sureños u orientales, que tienen el vino vetado por cuestiones religiosas.
Algunos mediterráneos saben que el "boom" de la dieta mediterránea se debe sobre todo a la inmensa capacidad de vender lo suyo que tienen los italianos, dieta mediterránea y cocina italiana son términos intercambiables para la mayoría de los anglosajones. Y a la difusión de sus presuntas ventajas llevada a cabo por científicos anglosajones.
Aunque el profesor Ordovás, de la universidad de Princeton en Estados Unidos, alude a la "nutrigenómica", ciencia que aclara que la adaptación a uno u otro tipo de comida es, también, cuestión genética, de modo que no es normalmente bien recibido por los genes un cambio radical de modo de alimentación, que puede resultar muy contraproducente.