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Aruba: una isla feliz


En este paraíso de aguas turquesas y sol eterno, las sonrisas y buena onda también parecen ser incansables.

26/11/2008 - 11:34

Aruba tiene un ambiente de alegría que absorbe al llegar. Parece no haber nada complicado en la vida en este oasis caribeño. Hasta los trabajos más duros se hacen con entusiasmo. El arubano goza la vida y tiene una cercanía auténtica con la gente.

"La gente aquí es tan amable, tan simpática; siempre está sonriendo y se nota que es natural, no tiene nada de falso", dice la turista Jennifer Garrity, una enfermera de 27 años, de Boston. "He viajado a muchas partes, pero tengo que reconocer que este es el mejor lugar que he conocido".

John Falzo, un turista de 25 años de Nueva Jersey, dice sorprenderse con lo encantadora que es la gente. Me cuenta que cuando tiene cara de perdido, las personas se acercan para preguntarle si necesita ayuda, y una mujer en una pizzería hasta le enseñó varias palabras de Papiamento, el idioma criollo. "Creo que la gente es lo que convierte esta isla en una verdadera joya", manifiesta.

No es por nada que Aruba tiene la mayor cantidad de visitas múltiples de todo el Caribe (turistas que vuelven más de una vez). También, es el destino más popular del Caribe para las lunas de miel.

Esta isla volcánica goza de un clima desértico parecido al norte chico de Chile, pero único en el Caribe, normalmente, húmedo y tropical.

Además, su posición fuera del corredor de huracanes le permite recibir turismo durante todo el año, mientras que sus constantes vientos arrastran un aire refrescante que trae un socorro a las temperaturas de un promedio de 27 grados Celsius.

Y en esta isla multilingüe todos hablan español, a pesar de que no sea un idioma oficial. Ubicada a sólo 20 kilómetros de la costa venezolana, y poco más de la península colombiana, Aruba ha recibido una fuerte ola de migración latina. Es tanto así que los latinos ya  representan un cuarto de la población en esta isla de sólo 100.000 habitantes.

La población de Aruba es muy multicultural, con una mezcla de negro, blanco y taíno casi en proporciones iguales. Colonizada por españoles en 1499, Aruba cayó en manos del Imperio Holandés, en 1636. Su influencia aún se conserva en esta colonia semi-independiente, visible en la arquitectura holandesa, pero pintada con los colores vivos del Caribe.

En 1986, Aruba logró el reconocimiento político de "estatus aparte" de sus islas hermanas de las Antillas Holandesas, Curacao y Bonaire. Hoy, esta isla tiene su propio parlamento, pero sigue siendo una colonia con todos los beneficios del sistema de seguridad social holandés. Aruba goza de uno de los ingresos per capita más altos del Caribe, gracias, sobre todo, al turismo, que aporta más del 70% de sus ingresos.

Por otro lado, el flujo de turistas se ha ido incrementando. El año pasado, recibió una cantidad récord de visitas por crucero, con 555.819 pasajeros desembarcando en su puerto. Además, Aruba albergó a 732.514 turistas en sus hoteles, en 2005. Sumándolos, esta isla de 100,000 habitantes, recibe casi 1,3 millón de turistas al año. En 1985, sólo recibían 200.000.

Por lo tanto, sus industrias hoteleras están haciendo fuertes inversiones para acoger la demanda. Nueve de los 25 hoteles en la isla se están renovando o expandiendo.

La Autoridad de Turismo Arubano (ATA) y el sector privado, están avanzando con inversiones de más de $274 millones para este año, para mejorar el aeropuerto, el terminal de cruceros, los hoteles, restaurantes y spas.

El gobierno de Aruba también está invirtiendo 16 millones de dólares en la creación de el parque linear más largo del Caribe, que recorrerá 20 kilómetros entre el Aeropuerto Internacional Reina Beatriz hasta el corredor de los hoteles 'high-rise', al noroeste de la isla. El proyecto incluirá nuevos parques y paisajes, y vías para caminar o hacer ciclismo.

Aruba goza de kilómetros de playas limpias, con arena blanca y suave como azúcar flor. Además, sus costas no están repletas de gente. Al contrario, uno queda asombrado por el gran espacio que hay en ciertas playas.

"Aruba no es cantidad, es calidad", me explica Eddy Croes, un guía turístico que ofrece tours "sensibles" a los sitios naturales de la  isla. "Tal vez pagas un poco más que en otras partes, pero puedes garantizarte un buen clima, tu espacio y tu servicio. En Aruba nadie te molesta vendiendo cosas en la playa. Y no tienes que temer que te vayan a robar las cosas si las dejas en la playa cuando entras a nadar. Puedes pasar todo el día relajándote".

La melodía constante del agua y el viento a uno lo absorbe, sobre todo en los sitios más apartados de la capital, Oranjestad.

Cruzando desde el sur desarrollado hacia el norte de la isla, el paisaje cambia drásticamente. Cactus de más de 10 metros se elongan hacia el cielo despejado, que sólo les brinda 60 centímetros de lluvia al año.

Una extraña fachada rocosa quiebra el mar, más bravo por este lado de la isla. Esta costa de agudas piedras de arrecife y lava, fue formada hace milenios por una erupción volcánica submarina.

Un quinto de la isla es parte del Parque Nacional de Arikok, donde se pueden recorrer senderos interpretativos para ver la flora y fauna nativa, e incluso una parcela tradicional. Docenas de lagartijas cruzan por el camino  de hecho, la mitad de todas las especies conocidas de estos reptiles se encuentran en Aruba. También, es posible observar casi 300 variedades de pájaros que recibe la isla algunos migratorios, otros nativos.

"También, tenemos pájaros con piernas, en las playas," se burla Croes, con una risa contagiosa. Croes es todo un personaje. En su sombrero de fieltro estilo cowboy, este gracioso personaje es activo e informado. Conoce la isla como su propia mano y recorre puntos poco vistos, llevando sus grupos a rincones escondidos. Pero lo hace a un ritmo ultra relajado. Hasta paramos por más de una hora, porque una pareja quería hacer snorkel en la playa Baby Beach. Al final, su tour personalizado, que debiera durar 3 horas, se convirtió en un recorrido de casi 5.

"Yo estoy al servicio de los turistas y la idea es que se relajen," explica Croes. "Yo no soy el tipo de persona que puede apurar a la gente. Tal vez eso significa que soy mal hombre de negocios, pero para mí eso no importa, con tal de que la gente lo pase bien en mi tour".

Croes fue el guardaparques principal del Parque Nacional durante varios años, entonces tiene una sensibilidad especial para el medio ambiente. En un punto, incluso detiene su jeep "Landrover" para recoger una botella botada por el camino. Cada dos semanas, le manda una lista de sitios con basura al departamento responsable de la limpieza de la isla.

Pero a pesar de algunas basuras abandonadas, la turista Maureen Wicks dice que encuentra Aruba increíblemente limpia, y no se ve la pobreza de otras islas. Sentada atrás del Landrover, bajo un toldo y en un asiento acolchado, está junto a un grupo de cuatro turistas norteamericanos. "Lejos, ésta es la isla más linda que he visto," comenta otro turista, Tom Stubbs, un operador de maquinaria industrial de Philadelphia, que venía en un crucero que había recorrido nueve islas. "Me encantaría quedarme aquí para vivir".

Llegando a las cavernas de Guadiriki, Stubbs se maravilla del efecto de los rayos de sol que descienden desde una pequeña apertura, creando un foco que ilumina las paredes extrañamente multicolores. En la cueva de Fontein, también se pueden observar impresionantes dibujos hechos por los indios Arawak y Caquetio, que poblaron la isla antes de la llegada de los europeos. Y en la caverna cercana, el Túnel del Amor, dicen que en la casi total oscuridad se esconden los espíritus de piratas y de amores cruzados.

Se puede recorrer el lado escabroso del norte de la isla en vehículos de todo terreno, o con jeeps 'Landrovers.' Un tour imperdible, que ofrece De Palm Tours, es a la piscina natural. Tiene guías jóvenes y poco interpretativos, pero son buenos para manejar el difícil camino de piedras y corales hasta llegar a la piscina, donde los turistas se detienen para nadar en este oasis marino.

"El trayecto es como una montaña rusa", dice Thompson Young, un contador de 48 años, de Pennsylvania. "Pero vale la pena. El contraste entre el norte y el sur de la isla es absolutamente sorprendente".

LO MEJOR DE TODO
Volviendo al sur de la isla, Aruba ofrece una variedad impresionante de hoteles de cinco estrellas, malls con shopping de alta clase y casinos de lujo. Tiene preciosas canchas de golf a tarifas razonables, y hasta existen barrios con canchas privadas donde los turistas vienen a vivir y a jugar durante los meses del invierno nórdico.

La vida nocturna de Aruba también tiene buena fama. A los arubanos, como a sus turistas, les gusta revolverla (o parrandear). La isla tiene una oferta increíble de restaurantes, discotecas, toures en barcos para la puesta del sol, y botes grandes que ofrecen fiestas nocturnas con bandas en vivo. ¡Incluso hay micros de carrete!

Imposible perderse los buses rojos pintados con dibujos de fiesta, que recorren las calles con una treintena de turistas meneándose adentro, usando sus maracas para saludar a los autos que pasan. Llamados Kukoo Kunuku, estos buses tocan una "bocina musical" cuando van a buscar a los turistas a sus hoteles. El recorrido nocturno, de $60, comienza con un brindis de champaña antes de la siempre impresionante puesta del sol, frente al faro de California. Luego, cenan y visitan cuatro bares y discotecas locales.

Para los amantes del folklore, también hay un festival de música típica nacional cada martes, en el patio de la fortaleza holandesa Zoutman y la torre del Rey Willem III (donde también hay un museo), en el centro de Oranjestad. Una media docena de adolescentes visten trajes largos de seda amarillos, bailan al compás del Seo y el vals arubano. Después, dos parejas salen a sacudirse al ritmo afro del Tumba.

Entre los actos, el animador, Baba Charlie, enseña palabras en Papiamento y le hace preguntas a los turistas. El espectáculo culmina con bailarines en trajes elaborados de plumas para las canciones de Carnaval (un festival imperdible que se realiza en febrero). "Bailen, bailen", incentiva Charlie a los espectadores. Aunque no se subió al  escenario, el turista Craig Hanowell, de Maryland, EEUU, dice que le gusta el ambiente eternamente festivo de esta isla: "La gente se pasó de simpática y alegre; siempre están sonriendo." Aparte de su riqueza humana, Aruba tiene tesoros submarinos únicos.

SNORKELING
Las Antillas están entre de los mejores lugares para hacer buceo y snorkel en el Caribe
, y Aruba misma es reconocida por tener las mejores ruinas marinas. Entre ellas se pueden ver los restos torcidos de la Antilla, una fragata Alemana de la Segunda Guerra Mundial. La cáscara del Pedernales, un petrolero destruido por un torpedo en aquella época, hoy alberga una multitud de criaturas marinas. Existen montones de compañías que ofrecen tures de buceo para explorar estas ruinas y los arrecifes, pero para los turistas menos arriesgados también existen alternativas novedosas.

Una de éstas es el Atlantis, un barco-submarino que se sumerge completamente, llevando cuatro docenas de pasajeros hasta 45 metros bajo el mar. Al mirar por una ventanilla redonda, a veces no resulta fácil observar los detalles del fabuloso arrecife Barcadera. Sin embargo, el submarino se acerca para lograr una vista espectacular de las ruinas de un barco. Cuando el tour llega a su fin, la canción "Yellow Submarine" de Los Beatles despide a los pasajeros.

Otra alternativa más directa es el Sea Trek, un novedoso paseo submarino con un enorme casco blanco. Me ponen el casco y bajo una escalera hasta alcanzar el fondo del mar. Durante mi expedición, junto a otros siete turistas, puedo respirar gracias a un flujo continuo de aire que es impulsado hacia mi casco por medio de tubos conectados a un sistema de compresión que se encuentra muy cerca al escenario de nuestra aventura. Una pasarela metálica nos guía hacia dos avionetas hundidas. Esponjas, algas y corales de diferentes formas y colores decoran sus alas, mientras peces diminutos se esconden entre sus motores muertos. Todo está en cámara lenta debajo del mar, y el sonido amplificado de mi respiración me da la impresión de estar caminando por la luna. Sea Trek es una actividad popular entre adultos mayores y gente que no sabe nadar.

"Algunos participantes hasta han terminado en lágrimas y con agradecimientos, porque nunca habían podido superar su miedo al agua, y ésta era la primera vez que habían podido estar bajo el agua," me cuenta Simon Oduber, instructor de Sea Trek.

Otra alternativa es el SNuba, una mezcla innovadora entre el snorkel y el buceo. A siete metros de profundidad, me encuentro respirando libremente mientras nado entre corales en forma de cerebro, abanicos y tubos peludos. Tengo puesta una máscara parecida al esnorkel desde donde sale un tubo naranja de 7 metros, que corre hacia la superficie y se conecta a un tanque de oxígeno ubicado en una pequeña balsa inflable. Tirado por mi movimiento, este aparato me sigue desde arriba mientras exploro el fondo marino. Luego, floto entre enormes Peces de Loro azules, atraídos por las migas de pan que les tira Raúl, mi guía-instructor y fotógrafo.

Lo mejor es que SNuba me permite sumergirme completamente bajo el agua sin tener que pasar por el proceso largo y costoso de certificarme, tal como se requiere en el buceo tradicional. Sólo fue necesaria una lección de 15 minutos impartida por un guía acuático.

"Para varios, ésta es una forma de iniciar a sus seres queridos en el mundo del buceo", explica mi guía instructor de SNuba, Raúl Chin A Loi.  "Nosotros les enseñamos como respirar, y le explicamos que no deben tocar los corales o los arrecifes para proteger el medio ambiente marino".

Si bien las profundidades del mar son un atractivo de la isla, en los últimos años, expertos han puesto su atención en cuánto turismo esta pequeña isla - de menos de 200 km2 - puede sostener sin arriesgar su delicado ambiente marino.

"Nos hemos concentrado demasiado en nuestro desarrollo económico y no lo suficiente en la conservación", advierte Byron Boekhoudt, un biólogo marino y asesor del ministro de Trabajo, Cultura y Deporte.

Por lo tanto, Aruba está poniendo más atención en lo que llaman el 'turismo sostenible', y en la protección de sus recursos marinos. La Autoridad de Turismo Arubano (ATA) inició un premiado proyecto de cuidado de arrecifes, que incluye educación en las escuelas y una limpieza costera anual, que cuenta con una participación pública masiva.

"Como buceador, yo veía botellas de cerveza y vasos de plástico en el agua, y fue de allí que nació mi inspiración para proteger los arrecifes", me explica Castro Pérez, coordinador de EcoTurismo y el proyecto de Cuidado de Arrecifes, para la ATA.

Pérez dice que los operadores de toures de buceo, también, están ayudando a limpiar y a sacar basura si la encuentran en una excursión. Con la ayuda de la Asociación de Deportes Náuticos de Aruba, han creado 21 muelles marinos especiales para los barcos en expediciones de buceo. Además, están protegiendo a los corales con arrecifes artificiales. Entre ellos se encuentran algunas ruinas, como buses, avionetas y barcos tratados para evitar algún tipo de contaminación.

Estos sirven para atraer nueva vida marina que se refugia en estas ruinas, las que les otorgan protección de algunos depredadores que habitan en el mar.

En los próximos meses, el gobierno se está preparando para establecer una gerencia y zonificación de todas las costas, un ambicioso proyecto que convertiría a todas las aguas que rodean esta pequeña isla en un parque marino. Los usuarios de las aguas tendrán que sacar permisos para operar en ciertos sitios con una vida marina delicada, las que les podrán ser requisadas si no cumplen con las estándares medioambientales.

Estos permisos también darán paso a que el gobierno controle cuántos botes turísticos podrán operar y, de esta manera, les permitirá introducir un entrenamiento estandarizado para los operadores de catamaranes o tures de buceo. El plan, por otro lado, le entregará más poder a las autoridades gubernamentales para controlar la construcción hotelera en la zona de playas  lo que podría traer roces en el futuro. Los expertos opinan que será una cuestión de buscar un equilibrio, protegiendo sus costas de  y para  el turismo.


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