Al darse cuenta que sonaban como una banda promedio, Paul McCartney no se sorprendió cuando en 1962 el sello discográdico Decca se negó a firmar con el grupo, que se convirtió en el más grande de todos los tiempos.
"Obviamente no éramos tan buenos. No hubieras pensado que éramos tan fantásticos. Nos hubieras rechazado si hubieses sido un sello. Y así lo hicieron, Decca nos rechazó", dijo en una entrevista a la radio Xfm, recogida por el diario inglés The Sun.
Poco después que Decca ignoró a los Fab Four, el productor George Martin firmó con el sello EMI y la banda viajó hasta Hamburgo, Alemania, para tocar en un club 48 veces. Todo esto ocurrió antes de la llegada de Ringo Starr.
Fue durante esta etapa formativa que ellos pulieron su sonido y aprendieron el arte de cautivar a las masas.
"La primera vez que fuimos a Hamburgo, no había nadie en el club. Uno veía a un par de estudiantes, quizás algún tipo y su novia, ellos miraban, luego veían el precio de la cerveza y comenzaban a irse. Nosotros decíamos: 'Vamos, vuelvan acá, aquí está todo pasando'", recuerda McCartney .
"Así aprendimos a atraer a la audiencia. Después de unas semanas, el club estaba lleno. Nos enseñó el juego de ganarle a la audiencia. Aprendimos un montón de canciones, así que cuando volvimos a Inglaterra, teníamos un repertorio grande", agrega.
Luego de haber tocado en estadios repletos de gente con The Beatles, Wings y en su carrera solista, el cantante dice que nada supera a la adrenalina que se siente cuando se toca en un pub. Tanto que a menudo es tentado para que toque algunas canciones en el pub cerca de su casa cuando está de vacaciones.
"No me he aburrido, nunca siento que es hora de quedarme en la casa. Siempre digo que si estuviera permitido a hacerlo sería mi hobby", dice. "Me gustaría ir a un pub y decir: 'Permiso, ¿puedo tocar?'. Me encantaría hacer eso", concluye.