Básicamente tenía que pagar las cuentas. Tras el inesperado fracaso comercial y de crítica de Blair Witch Project 2, el realizador Joel Berlinger (48) tuvo que hacer lo que hacen todos cuando escasea el trabajo: abrir la agenda y llamar a los amigos y a los conocidos. Marcó el teléfono de Lars Ulrich, el baterista de Metallica, a quien había conocido durante el rodaje de uno de sus primeros documentales (Paradise Lost, de 1996, que mostraba el juicio de tres chicos a los que se acusó de asesinato "incitados" por la música del grupo rockero), y disparó sin anestesia: "¿Lars, tienes algo por ahí, necesitas un video, un 'behind the scenes'? Necesito trabajar". La banda, que toca este martes en Santiago -a las 21 horas en el Club Hípico, donde se esperan unas 50 mil personas-, vivía sus peores horas: venían de soportar los cuestionamientos a dos discos en los que se apartaron radicalmente de su credo metalero -Load (1996) y ReLoad (1997)- y ya acusaban el desgaste de casi 20 años de carretera en el cuerpo.
Corría el año 2000 y Berlinger finalmente consiguió el trabajo de filmar la grabación de St. Anger (2003): "Ellos querían un video como un bonus que fuera junto al disco, para que los chicos pudieran ver cómo eran sus héroes en el estudio. Era un asunto de tres semanas, pero me quedé tres años con las cámaras encendidas", comenta Berlinger a La Tercera, al teléfono desde Estados Unidos, y revelando cómo fue que nació Some kind of monster, el espléndido documental que retrató la peor crisis en la historia de la banda formada en 1981 en Los Angeles.
Estrenado en 2004, el filme muestra la búsqueda de un nuevo bajista -tras la salida de Jason Newsted- y las restringidas sesiones de grabación por los problemas de alcoholismo de James Hetfield. Más insólita es la aparición de un siquiatra grupal (Phil Towle) que intenta mejorar las relaciones entre los integrantes -sobre todo entre Ulrich y Hetfield- y de Dave Mustaine, actual líder de Megadeth y antiguo guitarrista de Metallica, que enrostra a Ulrich haber sido despedido de un día para otro.
"Siempre hemos pensado que la presencia de las cámaras los forzó a ser honestos, a decirse cosas que nunca se habían dicho", dice Berlinger, sobre un trabajo particularmente atractivo por la intimidad develada. "Lo he conversado con Lars (Ulrich) y con el resto de la banda y es algo que no se supone que tenga que pasar. Uno como documentalista se supone que sólo observas y que no cambias lo que observas, pero en este caso, creo que las cámaras hicieron posible la terapia y que salieran adelante". El rodaje de la tormenta fue efectivamente provechoso: "Cuando fue el estreno, los chicos entendieron que había valido la pena. Particularmente Kirk (Hammett, el otro guitarrista del conjunto), que al comienzo no estaba muy de acuerdo con que se filmara todo ese momento tan complicado para ellos. Y, sobre todo, para él, que estaba un poco al medio de todo. Pero luego entendieron que habían hecho su trabajo, que habían hecho lo que se necesita para convertirte en una banda grande de verdad. Como los Stones, U2 o esas bandas que siguen adelante. Que ya pasaron su mayor crisis y luego sólo les queda seguir para siempre".