Aprestándose a hacer su esperado debut en la Opera Metropolitana de Nueva York el viernes por la noche presentando Tristán e Isolda, de Richard Wagner, Daniel Barenboim, de 66 años, un judío nacido en la Argentina, es tan famoso por su labor como director de orquesta y pianista, como por su defensa de los derechos palestinos.
Por lo tanto, cuando se presentó en el "Met" el 18 de noviembre para una mesa redonda, la conversación rápidamente viró hacia la elección de Barack Obama como presidente y los pronósticos de Barenboim sobre los eventos en Medio Oriente".
"Creo que el conflicto palestino-israelí sólo puede ser resuelto por israelíes y palestinos, pero tiene que contar con el respaldo del resto del mundo. No puede ser una iniciativa desde afuera", señaló.
Barenboim se crió en Israel, se convirtió en pianista famoso cuando aún era un niño, e hizo su debut en el Carnegie Hall a los 14 años. Su debut como director se concretó recién en 1967, pero su labor en el podio de la orquesta ha sido tan elogiada que fue contratado como director musical de la Orquesta Sinfónica de Chicago entre 1991 y el 2006. Y también fue contratado como director musical de la Opera Staatsoper Unter den Linden, de Berlín, en 1992, una posición que aún detenta. También es el principal director invitado en La Scala de Milán.
Sin embargo, para muchos, sus acciones más notables se registraron en el 2001, cuando dirigió fragmentos de "Tristán e Isolda" en Israel, rompiendo una prohibición extraoficial sobre Wagner, cuya música y sus escritos antisemitas sirvieron de inspiración a Adolfo Hitler. Y, en enero pasado, aceptó la ciudadanía honoraria palestina.
Barenboim menciona su tarea con la Orquesta Divan Este-Oeste, que fundó con el estudioso palestino Edward Said en 1999. Incluye músicos israelíes y árabes, junto con músicos de otros países.
Barenboim recontó una historia de su primera noche, cuando se reunieron los miembros de la orquesta.
"Los sirios se sentaron en una mesa, los israelíes se sentaron en una mesa separada, y también los egipcios. No había tampoco contacto entre árabes de diferentes países", señaló. "Y en cuanto a los pobres palestinos, no sabían a qué mesa dirigirse ... Creo que al final tuvieron que comer en la cocina. Y no estoy bromeando".
Cerca del final, el diálogo retornó a "Tristán e Isolda". Barenboim se convertirá en el primer director, aparte del director musical James Levine, que conducirá la ópera en el Met desde que lo hizo Erich Leinsdorf en 1974.
"La vida no es la misma después de 'Tristán'. La vida musical, las obras musicales, todo, luego de 'Tristan', debe ser visto a través de los ojos de 'Tristán'. Es una de esas obras fundamentales, como el 'Clave bien temperado' ha sido para Bach", dijo.
Sin embargo, no lo considera una historia de amor.
"Tristán es una ópera que habla de muerte ... Ese es el motor de la ópera. No hay nada más democrático que la muerte. Al final, le llega a todo el mundo, rico y pobre, bueno y malo. Es algo con lo cual todos debemos lidiar", concluyó.