05/01/2009 - 09:16
El diario inglés The Guardian lo llamó "el dramaturgo británico más prometedor de las últimas décadas". Eso fue en 2001, cuando Martin McDonagh (1970) escandalizaba a Londres con su polémico teatro in your face. Entonces decía que Chéjov y Shakespeare lo aburrían y que sus mayores influencias eran el cine de Scorsese, Tarantino y John Woo. Siete años después, con un Oscar en el bolsillo por su corto Six shooter (2005), McDonagh confirma sus credenciales creativas en su primer largo, Escondidos (In Bruges, 2008), un cóctel de violencia y humor negro que sorprendió a la crítica en la última edición del Festival de Sundance.
"Una sorpresa de principio a fin, una comedia muy humana y oscura, con un argumento que no se puede predecir, sólo disfrutar", afirmó el crítico Roger Ebert del Chicago Sun Times. Nominada a tres Globos de Oro como mejor comedia y actor para los dos protagonistas (Colin Farrell y Brendan Gleeson), Escondidos se estrena hoy en el Festival de Cine Las Condes, que es presentado por CorpArtes, la Municipalidad de Las Condes y La Tercera.
Parodia del turismo y del cine de matones, el filme nació de un viaje de McDonagh a Brujas, ciudad que se vuelve protagonista de la historia. "Es un lugar con una arquitectura y una historia maravillosas, no podía creer que nadie lo hubiera elegido para rodar una película antes, pero al mismo tiempo puede ser muy aburrida", afirma el realizador. "Comencé a imaginar a dos personajes obligados a pasar un período juntos y que reaccionan a la ciudad de manera opuesta. Ken está cautivado por la cultura, Ray se aburre y prefiere pasar el tiempo en los bares".
Ken (Gleeson) y Ray (Farrell) son dos asesinos a sueldo que escapan a Brujas luego de cometer un asesinato que salió mal. Ray se atormenta por haber matado a un inocente, mientras el viejo Ken se relaja y aprovecha de hacer turismo, visitando catedrales y museos, con una guía turística bajo el brazo.
A la espera de nuevas instrucciones de su jefe (Ralph Fiennes), la pareja conoce a un par de extravagantes personajes -una prostituta holandesa, un enano racista- con los que vivirán una noche de juerga y un desenlace sorpresivo.
"Pocas veces el turismo ha quedado al descubierto en su frivolidad intrínseca como en esta cinta. Y pocas veces dos delincuentes desalmados han sido retratados con tanta compasión", comentó Marcelo Soto en este mismo diario.
El filme da una imagen poco convencional del mundo machista de los gangsters. "Es una mezcla de disparos y lágrimas", asegura el director, que ya suena como un firme candidato al Oscar.
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