A pesar de ser el fabricante más grande del mundo y que actualmente no tiene problemas de liquidez como sus pares norteamericanos, a Toyota no le es indiferente la crisis y se vio obligado a recortar su producción.
El constructor japonés, que cuenta con un sistema productivo flexible capaz de adecuarse rápidamente a la demanda del mercado, recortó en un 10% los bonos a los cargos más elevados de la compañía con el fin de enfrentar la crisis. Al mismo tiempo, algunas de las fábricas detendrán su actividad para ajustar la producción a la demanda. Debido a esto, Toyota espera ver una reducción en sus ventas, por lo que se prevee que sus beneficios caigan 10.700 millones de dólares, pese a lo cual la empresa japonesa seguirá siendo rentable este año.