El largo invierno sueco podría ser más oscuro todavía si se concreta la anunciada suerte que les espera a las marcas Volvo y Saab.
General Motors oficializó esta semana a través de su presidente, Fritz Henderson, que está buscando un comprador para Saab, ya que a futuro sólo quiere trabajar con sus marcas de valor, Chevrolet, Buick, GMC y Cadillac. No es extraño que esto suceda, ya que la firma sueca representa poco más del 1% de sus ventas globales, y este año ha bajado sus ventas sobre el 20%, anticipando un cierre anual con menos de 100 mil unidades. Sólo en el último trimestre colocó un 29,3% menos de coches.
Saab produce los modelos 9-3 y 9-5, ambos en la planta sueca de Trollhättan, y el 9-7x, que como comparte la plataforma del Chevrolet Trailblazer, se arma en Ohio (EE.UU). Y si bien se había anunciado la llegada del 9-4x para este fin de año, GM ya había pospuesto su salida hasta 2010, misma suerte que correrá la nueva generación del 9-5 y el anunciado compacto 9-1. Con este anuncio de venta, nadie sabe qué pasara con los nuevos modelos de la firma sueca.
En el caso de Volvo, si bien ha aumentado considerablemente sus ventas en países emergentes, como Rusia y China, ha caído estrepitosamente en sus principales mercados mundiales, como Estados Unidos, donde sólo en octubre vendió un 52% menos que hace un año y suma un descenso del 28% entre enero y noviembre de 2008, o en Alemania, donde este año ha vendido un 18% menos de autos.
Es por eso que esta semana, el CEO del Grupo Ford, Alan Mulally, informó que se está haciendo una "revaluación estratégica de las opciones para Volvo", incluyendo una posible venta, decisión que, eso sí, tomará algunos meses.
Volvo vendió más de 450 mil coches en 2007, y para este año se proyectan menos de 400 mil, por lo que la firma ya anunció que eliminará 3.300 puestos de trabajo, un 13% de toda su fuerza laboral. En el tercer trimestre del año, Volvo generó pérdidas por US$ 458 millones, casi el triple que en el mismo período del año anterior, aunque estos números deberían mejorar tras la buena recepción que ha tenido el flamante XC60.
Si bien todavía no hay análisis sobre quién podría comprar las marcas, se descartó que Volvo vuelva a su empresa madre, Volvo Corp, quien vendió su brazo automotor a Ford en 1989. Lo de Saab es más complejo, ya que sus pocos modelos están estructurados sobre plataformas de General Motors, por lo que habría que partir prácticamente de cero y este no pareciera ser el momento más adecuado para eso.
Por ahora, ambas firmas han solicitado al gobierno sueco ayuda financiera para sortear la crisis, y es posible que se las den, por un monto de unos US$ 250 millones.
UN PROBLEMA MAYUSCULO
El complejo escenario de Volvo y Saab podría hacerse extensivo a las otras marcas de los fabricantes estadounidenses.
De hecho, General Motors reconoció su interés por desprenderse de Hummer, a lo que se sumaría Opel y Buick, en caso de requerir liquidez. Sin embargo, la peor parte se la llevarían Pontiac y Saturn, que podrían desaparecer, tal como aconteció con Oldsmobile en 2000. Si esto aconteciera, GM se quedaría sólo con Chevrolet, GMC y, tal vez, Cadillac.
En el grupo Ford sucede algo similar. Desmoronado su Premier Group con la venta de Aston Martin, Jaguar y Land Rover, más la venta de su participación en Mazda, por ahora aseguran que sigue con vida Mercury, aunque algunos es-peculan con su cierre. Así, sólo se quedaría con Lincoln para un sector más premium.