Lo primero que cocinó Felipe Braun en su vida fueron guatitas. Tenía 15 años y le quedaron duras y sin sabor. Porfiado, siguió cocinando el mismo plato hasta que acertó en el resultado. Ese fue su primer gran desafío, que se transformaría en una declarada obsesión por todo lo relacionado con la comida. "Me alucina el tema, siempre termino en la cocina. Me encanta atender y también comer", cuenta el actor, quien por estos días graba una nueva serie (La pareja dispareja, que se emitirá en 2009) para Televisión Nacional.
Cuando recibió la invitación del chef Juan Manuel Tagle para participar en la nueva carta de verano del restaurante Amorío, con un plato de su autoría, no dudó en aceptar. "Estoy feliz, me encantó la idea, de hecho me gustaría pasar una temporada dentro de una cocina como ésta, lo encuentro genial", comenta Braun, que ya ha tratado en otras ocasiones de unir su pasión con su profesión: "Cociné en el Buenos Días a Todos y en Barcelona hice un piloto de un programa de cocina, esto siempre me ha dado vueltas", dice.
Esta vez el resultado fueron unos ravioles rellenos con un chupe de locos y queso gruyere con salsa de azafrán que vienen a estrenar el ciclo El plato del actor, que tendrá cada un mes y medio a un invitado nuevo. Dentro de la lista tentativa de cocineros están Mariana Loyola, Diego Muñoz y Willy Semler. "Dicen que Willy es el mejor de los actores, que cocina exquisito. Y otro que lo hace bien es Héctor Morales", acusa Braun. Porque la idea, según el chef Juan Manuel Tagle, no es sólo invitar a alguien conocido, sino "gente que en verdad le guste el tema. Y en este caso, Felipe era la elección obvia, porque es un chef en potencia".
Una mezcla de recetas familiares y una obsesión con los ingredientes (los locos y el azafrán) es lo que finalmente llega a la mesa. Con la tarea ya lista. Y el chef invitado, en un mezcla entre sorpresa y orgullo al probar su plato por primera vez, termina rematando: "Oye, en verdad me quedaron exquisitos. En serio, están buenísimos". Feliz con la experiencia.