El general golpista Epeli Nailatikau juró hoy su cargo como nuevo Presidente de Fiyi, donde prosigue la militarización de las instituciones por orden del autoproclamado primer ministro, el comodoro Frank Bainimarama.
Nailatikau, ex jefe de las Fuerzas Armadas que protagonizó dos alzamientos en la década de 1980 y hasta ahora Presidente en funciones, asumió el puesto en sustitución del veterano Josefa Iloilo, quien se jubila a los 88 años, informó la radio de Nueva Zelanda.
Fue designado sin el beneplácito del Gran Consejo de Jefes Tribales, que tradicionalmente se ocupa de estos nombramientos y cuya influencia no es vista con buenos ojos por Bainimarama y sus acólitos.
A la toma de posesión de Nailatikau en la capital, Suva, no acudieron los embajadores de Australia y Nueva Zelanda, que ayer abandonaron el país por orden del régimen militar y acusados de injerencia en los asuntos internos de Fiyi.
En represalia, Camberra y Wellington también expulsaron a los diplomáticos fiyianos, en el último episodio del enfrentamiento de Bainimarama con los dos mayores poderes de la región.
Australia y Nueva Zelanda son los críticos más férreos de los militares fiyianos desde que éstos decidieron no retornar en el futuro cercano a la senda de la democracia.
El último desencuentro ha sido respecto a unos jueces de Sri Lanka que Fiyi pretendía contratar para reemplazar a los magistrados que despidió en marzo pasado.
Los cingaleses fueron advertidos de que se les prohibiría la entrada en Australia y Nueva Zelanda si aceptan la oferta de la dictadura fiyiana.
Fiyi sufre una aguda crisis institucional desde el pasado mayo, cuando los tribunales declararon ilegal el golpe de Estado por el que Bainimarama depuso en diciembre de 2006 al gobierno legítimo de Laisena Qarase.
Casi de inmediato, el comodoro obligó a Iloilo a despedir a todos los jueces, algunos de ellos australianos y neozelandeses, que tradicionalmente han suplido la falta de magistrados nativos.
Bainimarama también ordenó al anciano presidente suspender la Constitución, declarar el estado de excepción y devaluar la moneda un 20 por ciento para controlar las reservas de divisas, entre otras medidas de emergencia.
Los golpistas aplazaron hasta 2014 la convocatoria de elecciones y en los últimos meses han llevado a cabo una profunda militarización de todas las instituciones del pequeño y aislado país.
Bainimarama se comprometió en 2007 a celebrar comicios en 2009 para poder disfrutar de la ayuda oficial al desarrollo de la Unión Europea, pero luego dio marcha atrás y ahora afirma que no habrá votación hasta que no reforme la Carta Magna.
El dictador afirma que quiere cambiar la ley electoral para reflejar la pluralidad étnica del país, dividido entre los fiyianos nativos y los de origen indio, traídos por los colonizadores británicos para trabajar en las plantaciones.
Como respuesta a la postura antidemocrática de Bainimarama, Australia y Nueva Zelanda lograron que Fiyi fuera expulsada primero del Foro de Naciones del Pacífico Sur y luego de la Commonwealth británica.