El anterior ministro alemán de Defensa, Franz Josef Jung, defendió hoy su política de información en relación con el ataque aéreo ordenado en septiembre por tropas germanas en Afganistán, que dejó decenas de víctimas civiles y costó el puesto al jefe del Estado Mayor del Ejército y a un secretario de Estado.
Después de que hoy trascendiera que se ocultaron informes sobre ese ataque, Jung, actual ministro de Trabajo, aseguró que desde un principio se ocupó de que hubiera un "apropiado esclarecimiento" del bombardeo, llevado a cabo el 4 de septiembre en Kunduz, en el norte de Afganistán, por orden directa del jefe de las tropas germanas.
En su discurso, ante la Cámara baja del Parlamento alemán, el Bundestag, y ante todo el gabinete ministerial alemán, Jung agregó que él siempre informó de lo ocurrido tanto al Parlamento como a la opinión pública y enfatizó que nunca le llegó el informe no publicado.
Jung expuso paso a paso cómo fue informando de los hechos y recalcó que dos días después del ataque dejó en claro que también había víctimas civiles, algo que lamentó "de todo corazón".
Con ello rechazó implícitamente su dimisión, exigida durante todo el día de hoy por los partidos de oposición, que también pidieron la formación de una comisión parlamentaria de investigación.
La canciller Angela Merkel también mostró un cierto distanciamiento hacia Jung en su primera declaración sobre el tema, durante una rueda de prensa junto al secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, en Berlín.
"Desde el principio dije que si queríamos contar con la confianza (en Afganistán), debíamos mostrar una transparencia absoluta. Siempre he presionado (...) para que hubiera un total esclarecimiento. Por ello, el actual ministro de Defensa tiene todo mi apoyo para aclarar lo que a lo mejor ha de ser aclarado todavía", dijo en respuesta a la pregunta de si todavía apoya a Jung.
Por su parte, el nuevo ministro de Defensa, Karl-Theodor zu Guttenberg, aseguró que hasta el miércoles no tuvo acceso a los informes que no fueron publicados "en el anterior periodo lesgislativo" (las elecciones generales alemanas tuvieron lugar el 27 de septiembre).
Esta mañana y al comienzo de un debate en el Bundestag sobre la ampliación de la misión alemana en Afganistán, formada por 4.500 soldados, zu Guttenberg anunció la dimisión del jefe del Estado Mayor del Ejército alemán, Wolfgang Schneiderhan, y del secretario de Estado de Defensa, Peter Wichert, después de que se les acusara de no facilitar toda la información sobre el ataque.
Los hechos se produjeron inmediatamente después de que el influente diario alemán "Bild Zeitung" asegurara en su edición de hoy que se encubrieron datos.
"Bild Zeitung", apoyándose en vídeos y un informe militar, asegura que en total hubo unos 142 muertos, entre ellos de 30 a 40 civiles, una cifra que coincide con la de la estimada por la OTAN.
Tras el bombardeo de los dos camiones de combustible efectuado por aviones de la alianza militar OTAN, Schneiderhan asumió la responsabilidad de los hechos, pero minimizó el resultado.
Fue el coronel alemán Georg Klein quien dio la orden de atacar los camiones cisterna, que habían quedado varados en el lecho de un río en la región de Kunduz y cayeron en manos de los islamistas talibanes.
Según una investigación del gobierno afgano, que apunta a 69 víctimas mortales talibanes y 30 civiles, los civiles se habían acercado a los camiones en busca de combustible.
A principios de noviembre se supo que la fiscalía general de Alemania investigará si la orden de bombardear fue lícita en el sentido del derecho internacional.
Hasta ahora, el gobierno alemán no habla oficialmente ni de "guerra" ni de "conflicto armado" en Afganistán. Los fiscales aspiran a despejar esta duda antes de decidir si Klein cometió un delito.
Al parecer, la decisión de bombardear sólo podría haber sido tomada por el comandante de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF), el general estadounidense Stanley McChrystal.
El coronel Klein sólo podría haber ordenado un ataque sin consultar a McChrystal en el caso de que sus soldados se encontraran ante una amenaza directa, algo que no ocurrió.