Adolescente que sobrevivió a accidente de avión relata su experiencia

Bahia Bakari fue la única sobreviviente de la tragedia del 30 de junio de 2009, cuando un airbus que viajaba a las islas Comoras cayó en el Indico.

por Antonio Jiménez Barca/ Diario El País - 08/02/2010 - 17:10
Compartir

El 30 de junio de 2009, a las cuatro de la mañana, un avión a punto de aterrizar que viajaba desde Yemen a las islas Comoras se estampó contra el océano Índico, con 153 personas a bordo.

Sólo hubo una superviviente: Bahia Bakari, una adolescente francesa que ahora tiene 14 años. Ella cuenta su milagrosa historia con un hilo de voz, pero sin titubeos, sentada en la lavadora de la cocina de su casa de Corbeil-Essonnes, una localidad situada a una veintena de kilómetros de París.

Todo empezó el 29 de junio pasado, cuando Bahia y su madre Aziza salieron de casa en dirección al aeropuerto parisiense de Charles de Gaulle para acudir a una boda muy lejana. El destino final del viaje era las islas Comoras.

Desde París volaron hasta la ciudad de Marsella; de Marsella, en otro avión similar, a Sanáa, en Yemen. Allí, la compañía Yemenia Airlines les cambió de nuevo de avión para la última parte del viaje.

El aparato, un viejo Airbus 310, sin permiso desde 2007 para volar en Europa por determinadas irregularidades, constituía lo que los comoranos, acostumbrados a esa compañía aérea, denominan "aviones basura" o "aviones ataúd".

En un principio, a Bahia le correspondió un asiento situado lejos de su madre. Tras hablar con las azafatas, pudo cambiarse y sentarse junto a ella, al lado también de la ventanilla.

- Llevábamos más de 14 horas de viaje desde París, en tres aviones distintos. Tenía muchas ganas de llegar. Recuerdo que me levanté para ir al baño, que volví, que me senté y que las azafatas dijeron entonces que nos preparáramos, que íbamos a aterrizar ya. Ellas se sentaron en sus sitios y se abrocharon los cinturones. Las noté tranquilas. Yo me abroché el mío. Recuerdo perfectamente que me lo abroché. Miraba por la ventanilla, muy inclinada sobre el cristal, para descubrir las luces del puerto...

EL ACCIDENTE
Entonces oye un ruido insoportable parecido al que hace una tela al rasgarse. Siente una suerte de aspiración gigante y una descarga eléctrica en su sistema nervioso que la deja inconsciente. El avión acaba de estrellarse en el mar sin que aún se sepa exactamente por qué. Nadie ha dado aún con las causas de este accidente, todavía con un juicio pendiente.

Bahia despierta en el agua. Bucea, sale a flote. Nada unos cuantos metros gracias a los conocimientos de natación de las clases de piscina del instituto.

No recuerda el momento de caer, no recuerda el golpetazo contra el mar. Tan sólo el hecho de verse de pronto debajo de las olas.

-Oí gritos de varias mujeres que pedían socorro cerca de mí. Me fijé por si venían a rescatarlas y luego a mí. Pero no pude orientarme. Luego todo se quedó en silencio. Vi cuatro trozos del avión a mi lado. Elegí uno que tenía una ventanilla porque era el más grande.

Trata de subirse a él, pero la plancha de metal no tiene superficie suficiente y se desliza por debajo de ella o se hunde. Se resigna a quedarse recostada, con la cabeza y el torso apoyados en la plancha pero con las piernas sumergidas.

Nota que el mar sabe a gasolina. No repara en el queroseno que la rodea, liberado por el avión tras el accidente. No hay fuego, ni llamas, ni luces cerca o lejos, ni luna en el cielo.

Bahira recuerda una noche cerrada y silenciosa en la que acaba de ingresar de golpe sin comprender aún cómo. Siente que le duele el ojo izquierdo, que le pesan las piernas, que los pantalones y los botines se han convertido de pronto en una condena, que no puede mover el cuello hacia la derecha, que le duele la cadera.

-Al principio no pensé demasiado en lo que me había pasado. Por la noche no reflexioné mucho. Tan sólo tenía miedo de una cosa: de los tiburones.

Trata de no dormirse porque también tiene miedo de soltarse de la plancha y hundirse. Pero no puede evitarlo y se adormece, brutalmente agotada, sin haber pensado aún mucho en lo que le acaba de ocurrir.

Mientras, en la parte del mundo en la que Bahia vaga a la deriva, entre las islas Comoras y el continente africano, amaneció hace tiempo. Milagrosamente, Bahia no se ha desprendido del trozo de avión.

Entonces, a la luz de la mañana, auxiliada por cierta lucidez que le aporta el haber dormido y descansado algo, Bahia descubre lo sola que se encuentra en medio del océano.

-Pensé que yo era la única que había salido del avión. Que tal vez por inclinarme tanto para ver cómo aterrizaba me había caído, no sé cómo, a través de la ventanilla. Pensé que mi madre debía de estar muy preocupada en el aeropuerto, con los otros pasajeros, sin saber dónde estaba yo.

Con el amanecer, las islas Comoras se movilizan para acudir al rescate de las víctimas del accidente. También Francia que, desde la cercana colonia de la isla de Mayotte, envió aviones de reconocimiento.

Bahia ya ni siquiera bracea. Las piernas se le han vuelto de plomo y comienzan a dolerle. El ojo izquierdo no ha dejado de dolerle en ningún momento. Tiene sed, debido a que cada vez traga más agua salada con sabor a queroseno.

-Oía aviones. Luego me enteré de que siempre era el mismo avión, que recorría la zona en busca de supervivientes.

EL RESCATE

Hay decenas de barcos que buscan por el área acotada. Algunos encuentran cadáveres, restos del avión que flotan a la deriva. A bordo del pesquero Hishima, un marinero llamado Líbouna Selemaní descubre algo encima de una plancha de metal que navega a unos centenares de metros de su posición.

-Oí gritos, vi el barco de unos pescadores. Era ya después de mediodía. No recuerdo bien, porque yo me dormía y me despertaba agarrada a la plancha. Oí que me gritaban "ven" o "por aquí", pero yo no podía hacer nada, no tenía fuerzas ni siquiera para levantar la mano. Me encontraba casi desmayada.

Selemaní se tira al agua con unacuerda en la mano. Llega nadando, no sin dificultad, hasta Bahia, que no recuerda muy bien el momento en que el marinero consigue agarrarla poniéndole una mano en el hombro. Le habla: "Tranquila, no te muevas. Te vamos a sacar de aquí".

La arrastra hasta el barco. La izan. La refugian en el camarote del patrón. La ayudan a despojarse de los botines, de los pantalones vaqueros, de la sudadera empapada y fría. La envuelven en cuatro mantas.

Ella da su nombre y el de su ciudad a los pescadores. Pregunta por su madre, convencida aún de ser la única persona que se ha caído del avión y no la superviviente de un avión destrozado.

Bahia llega a un hospital de Moroní. Los médicos la diagnostican heridas en un ojo, quemaduras en la mejilla, quemaduras en las piernas y una clavícula y una cadera rotas.

Bahia todavía cree que ella sola se cayó del avión, que éste aterrizó sin problemas hace horas, que su madre vive. Por eso no entiende qué hace allí, a su lado, una psicóloga. Ésta le explica que hay muchas probabilidades de que se sienta culpable después de haber sobrevivido a un accidente de avión.

Sorprendida, confusa, extrañada de esa frase algo enigmática, Bahia le pregunta por qué no está ahí su madre, y la psicóloga le responde, brutalmente, que no hay más supervivientes, que ella es la única persona viva que ha salido de ese avión.

 
Si quieres comentar este artículo
Registrate aquí
Página #{pageNum}

#{commentTemplate}

#{date} | #{author}

#{message}


  • Páginas:
  • #{pageNumbersTemplate}

#{date} | #{author}

#{message}

Procesando...
Gracias por comentar
#{errorMsg}
Intente comentar luego
Inicio de sesión

Debes iniciar sesión para comentar


Si aún no tienes cuenta en latercera.com, registrate aquí.

Haz tu comentario

|

Cerrar Sesión Enviar Comentario
Quedan 500 caracteres
Normas de uso
Esta es la opinión de los usuarios, no de latercera.com
No está permitido verter comentarios contrarios a las leyes chilenas o injuriantes.
Como latercera.com nos reservamos el derecho de eliminar los comentarios que consideremos inapropiados.
Como lector tiene la opción de reportar si un comentario le parece que incurre en abuso. Si un comentario recibe tres reportes de abuso, se elimina automáticamente.

Se debe asignar un frontdoor para este canal

actualizacion cada 5 minutos.

Los +
latercera.com

Consorcio Periodístico de Chile S.A. Derechos reservados
Se prohíbe expresamente la reproducción o copia de los contenidos de este sitio sin el expreso consentimiento de Consorcio Periodístico de Chile S.A.