El gobierno de Tailandia recurrió al estado de excepción para liberar los dos principales aeropuertos de Bangkok de los miles de manifestantes que ocupan las instalaciones y piden la dimisión del Ejecutivo.
La decisión fue adoptada durante una reunión de urgencia del gabinete celebrada en la ciudad de Chiang Mai, a unos 600 kilómetros al norte de Bangkok, en medio de intensos rumores de un golpe de Estado, confirmó el ministro tailandés de Salud, Chalerm Yoobamrung.
La medida gubernamental no incluye a los tailandeses que acampan en los jardines de la sede del gobierno de Tailandia desde el pasado 26 de agosto y que obligaron al Ejecutivo a buscarse unas oficinas temporales.
Nada más conocerse la decisión, los responsables de la Alianza del Pueblo para la Democracia, que lidera las protestas, instaron a sus seguidores a la calma, a seguir con la protesta y a no dejarse intimidar por las fuerzas de seguridad. "Si quieren desalojarnos, que lo intenten. La Alianza protegerá todas nuestras acampadas porque estamos ejerciendo nuestro derecho de protestar de forma pacífica sin causar daño a la propiedad estatal ni provocar altercados", señaló Suriyasai Katasila, uno de los líderes de la plataforma opositora.
El ministro de Salud explicó que la policía intentará primero dialogar con los líderes opositores para que abandonen de forma pacífica los aeródromos. "Me gustaría que el diálogo triunfase, pero si la negociación fracasa, mejor crucemos los dedos", manifestó Chalerm Yoobamrung en una teleconferencia, y afirmó que tiene 30 equipos médicos de urgencia preparados para intervenir si es necesario.
El Ejecutivo acordó que sea la policía la responsable de desalojar a los miles de manifestantes que controlan los aeródromos de Suvarnabhumi, el principal del país, y Don Muang, ambos en la capital.
El Departamento de la policía metropolitana se hará cargo de la situación en Don Muang, a unos 30 kilómetros al norte de Bangkok, mientras que la policía provincial se ocupará de Suvarnabhumi, donde miles de personas, muchos de ellos turistas, están atrapados desde ayer sin un vuelo con el que poder regresar a sus países.
El primer ministro tailandés decidió confiar la misión al cuerpo policial ante la reiterada negativa a utilizar la fuerza con las protestas del jefe del Ejército tailandés, el general Anupong Paochinda, quien la víspera llamó al gobierno a disolver el Parlamento y convocar las elecciones.
Poco antes de que se conociesen detalles de la reunión de urgencia del gabinete, las autoridades instaron al Ejército a permanecer en los cuarteles, en respuesta a los intensos rumores sobre un inminente golpe de Estado, opción que Paochinda descarta.
El propio portavoz del Ejército tailandés, Sansern Kaewkamnerd, negó que las Fuerzas Armadas preparen un golpe de Estado, y explicó que el movimiento de tanques visto en Bangkok formaba parte de un traslado aprobado con anterioridad y vinculado con actividades didácticas con cadetes, y aseguró que los vehículos blindados ya han vuelto a su cuartel.
El gobierno, entonces dirigido por el primer ministro Samak Sundaravej, ya intentó acabar con las protestas callejeras de la Alianza declarando el estado de excepción en Bangkok el 2 de septiembre pasado, y resultó fútil.
Sundaravej perdió su mandato el 9 de septiembre sin haber recuperado su despacho oficial, y Somchai Wangsawat, que lo reemplazó, levantó la medida a los pocos días.
La Alianza, respaldada por la élite conservadora y sectores del Ejército, ha prometido continuar sus protestas mientras quede un sólo miembro del Partido del Poder del Pueblo (PPP) en el gobierno.
La plataforma opositora considera al PPP, que ganó las elecciones legislativas de 2007, la reencarnación de la formación con la que el depuesto primer ministro Thaksin Shinawatra gobernó desde 2001 a 2006.
La Alianza nació para derribar a Shinawatra y desapareció cuando los militares le quitaron el poder en 2006, pero regresó tras la vitoria electoral del PPP.