Pese a tratarse de una celebración religiosa, la Navidad ha ido adquiriendo diferentes sentidos alrededor del mundo. Además de compartir en familia, comprar regalos y recordar el nacimiento de Jesús, lo cierto es que esta celebración cristiana tiene una valoración distinta dependiendo del lugar y la cultura.
En China por ejemplo, donde se producen cerca del 80 por ciento de los juguetes que se venden en Europa o Estados Unidos, la celebración no mantiene su sentido religioso, sino más bien representa un intento de las nuevas generaciones por sumarse a las tradiciones occidentales, sentimiento que se exacerbó tras los Juegos Olímpicos organizados este año por el gigante asiático.
Pero todo el ambiente navideño que rodea a Beijing y otras grandes ciudades chinas como Shanghai,no se ve reflejado en las provincias. En el mundo rural la fiesta pasará totalmente desapercibida, reflejando las grandes diferencias entre la China oriental, más globalizada, y la interior, aún muy tradicional.
En Cuba, la celebración de la Navidad compite con los festejos por el 50 aniversario de la revolución liderada por Fidel Castro.
En La Habana, la mayoría de las tiendas ha cumplido con el "mandato navideño" de tener un árbol y algunas guirnaldas, pero casi no hay calles con luces y el furor por las compras o la persecución de descuentos brilla por su ausencia.
La isla borró el día festivo de Navidad de su calendario en 1969, lo recuperó en diciembre de 1997 -en vísperas de la visita del Papa Juan Pablo II- y un año después el Gobierno declaró el 25 de diciembre como día festivo.
TRADICIONES
El Papa Benedicto XVI oficiará esta medianoche en la basílica de San Pedro la tradicional Misa del Gallo, en la que se conmemora el nacimiento de Jesús en Belén.
La Biblia no entrega una fecha exacta para el nacimiento de Jesús. De hecho, la celebración del 25 de diciembre data del siglo V, cuando el emperador Constantino decreto al Cristianismo como la religión oficial del Imperio Romano.
La fecha fue escogida para que coincidiera con el solsticio de invierno y los festivales romanos asociados con el día más corto del año, que ocurre entre el 22 de diciembre y el 25 de diciembre. Esto fue considerado como el día cuando los romanos celebraban el cumpleaños del sol no conquistado. También era el cumpleaños de Jupiter y muchos años antes, el de su equivalente griego, Zeus.
En la Europa del este las iglesias ortodoxas, como la rusa, griega, armenia y serbia, siguieron el calendario gregoriano en el que el día de la Navidad es el 7 de enero.
La tradición del Viejito Pascuero se remonta a 1.700 años atrás, cuando el obispo Nicolás de Myra, fue encarcelado por el emperador romano Dioclecio. Un culto en su honor comenzó a crecer en Grecia y posteriormente se expandió a otros lugares, convirtiéndose en el santo patrono de los niños.
La leyenda cuenta que uno de los milagros de San Nicolás consistió en ayudar a un hombre muy pobre que no podía costear la dote para sus tres hijas. El obispo habría dejado caer por la chimenes varias monedas de oro que cayeron dentro de los calcetines que las niñas habían colgado en la chimenes para secarlas.
El pesebre, la representación de la Sagrada Familia tras el nacimiento de Jesús, fue ideada por San Francisco de Asis en 1223.
El del Vaticano cuenta con una veintena de figuras, todas a tamaño natural. A su lado se ubica el tradicional árbol de Navidad, que este año fue un obsequio de la región de Baja Austria. Se trata de un abeto rojo de 120 años y 33 metros de altura, el árbol más grande ubicado hasta ahora en la Plaza de San Pedro.
Una vez que concluyan las fiestas, la madera del abeto será usada para fabricar juguetes para niños, así como bancos de parques y de escuelas, en la línea ecologista que predica Benedicto XVI.