Cuatro escándalos en menos de dos meses han golpeado duro a la Policía de Investigaciones (PDI) y a su director, Arturo Herrera Verdugo (57). Funcionarios implicados en una red de corrupción y un subprefecto arrestado por destruir grabaciones telefónicas en el caso Registro Civil. El último: el emblemático ex prefecto Trevor Oyarzún y un subcomisario fueron detenidos por quedarse con $ 40 millones recuperados a los asaltantes en el llamado "robo del siglo". Además, por alterar una alcoholemia.
Después de los últimos escándalos en la PDI ¿piensa renunciar?
Nunca está de más repensar la situación. No puedo negar que le he dado una vuelta, pero no puedo olvidarme también de que aquí hay más gente honesta y comprometida. El proceso que se ha iniciado nos ha dado solidez y credibilidad.
¿Qué sintió cuando vio a Trevor Oyarzún esposado y sentado en el banquillo de los acusados?
Es complejo, uno se comprime, se decepciona. A lo mejor me autoflagelo y digo que algo no hice bien, pero son responsabilidades individuales.
¿La situación de Trevor Oyarzún demuestra que los controles internos no están funcionando?
Los controles están funcionando o si no no estaríamos hablando aquí. Por eso dimos cuenta a la justicia de los antecedentes. Siempre en un grupo humano tan grande como este va a haber problemas.
¿Su candidatura a la presidencia de Interpol lo distrajo de los asuntos cotidianos de la PDI?
Es posible, no podemos negar eso. Para mí fue un honor poder participar en ese proceso. Me descuidé en el sentido de preocuparme de ver si tenía la opción de poder ganar la presidencia.
Entonces se descuidó.
No, porque hay un subdirector, otros jefes. Es como decir que si yo salgo de vacaciones cerremos las puertas de la institución. A lo mejor faltó mayor rigurosidad de parte mía en algunas cosas, en temas internos, personales, uno siempre está autoanalizándose.
¿Se siente responsable?
No, son responsabilidades individuales, no creo en las responsabilidades masivas. Esto es un hecho delictual, yo no he cometido ningún hecho delictual. No los incité, ni los facilité, ni nada. Aquí hay normas claras, mi política ha sido durísima, ha sido rígida, porque yo no acepto estas conductas.
¿Era una práctica habitual esto de quedarse con el dinero recuperado de los asaltos?
Si quiere hablar del pasado, hace 20 ó 30 años, claro que había problemas. Cuando asumo me preocupo de erradicar fuertemente el tema y de ahí mi rigurosidad. Algo pasa en el tiempo, estamos en una mala racha y espero que pase luego.
Algunos parlamentarios ya lo citaron al Congreso y están pidiendo su cabeza.
Después de cinco años, yo creo que siempre está mi cabeza a disposición, pero dependo de la decisión presidencial. No tengo problemas en asistir.
¿Siente respaldo del gobierno?
Hasta que a uno no le digan que está listo para irse, uno está respaldado. Del momento que estoy aquí sentado (en su oficina), estoy respaldado.
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