por Consuelo Argandoña | 05/12/2008 - 06:28
"Aproximadamente seis meses antes del mes de abril de 2008, la Pilar me pide que mate a un señor Zamorano y a su pareja hombre. No me dio muchas explicaciones del motivo pero me señala que es un encargo de una amiga de ella para matar a Zamorano.
En ese momento no me dijo que era su marido, le daba lo mismo si mataba a los dos, si mataba uno era $ 1 millón y si mataba a los dos eran $ 2 millones. En mi café tenía el contacto con una persona para que lo hiciera. Lo iban a hacer por $ 500.000 por persona, más el dinero del arma. Me iba a quedar con el resto.
Para hacer esto, hablé con un cabro que se llama Miguel, es de unos 25, siempre anda con jockey y usa trencitas a los lados. Tiene varios tatuajes.
Le propuse el tema y él me dijo que sí. Le pasé primero $ 100.000 para que comprara la pistola, luego me pidió un poco más de plata; yo le debo haber pasado unos $ 300.000 más. En total le debo haber pasado $ 500.000. Sin embargo, este joven se fundió con la plata. No lo pude ubicar más y no cumplió con el encargo. El iba a buscar a otro tipo para que trabajara con él".
"Hacer yo mismo el trabajo"
"La Pilar me empezó a urgir que le devolviera la plata o le hacía el trabajo, y me vi en la obligación de hacer la pega porque no tenía la plata. Ahí decidí conseguir una pistola y hacer yo mismo el trabajo. Para eso conversé con (...), que es un armero que me había arreglado mi pistola y mi escopeta que eran legales.
Como habíamos hecho una amistad, y se dio la confianza, le pedí en su local de la calle Juan de Pineda, en La Florida, una pistola que no estuviera inscrita y que no tuviera patá, o sea, que no haya estado involucrada en otra cosa. Me dijo que era factible y que me iba a avisar, y de ahí pasaron como dos meses calculo yo. Finalmente en el mes de abril me avisó que tenía el arma y la fui a buscar. Era una calibre 7.65 browning, negra, con dos cargadores de siete balas cada uno, tenía 100 cartuchos en dos cajas de 50 cada una, y una de las cajas era con balas de diferente marca.
Me dijo que costaba $ 500.000, pero después me cobró $ 400.000. Recibí el arma y la tuve guardada unos días para armarme de valor respecto de lo que iba a hacer. La Pilar me dio fotos de ambas personas, me dio la dirección donde vivían, me dijo que arrendaban el segundo piso de una casa y que iban a recibir una herencia para que yo me interesara en la plata también.
La casa quedaba muy cerca de donde vivía María del Pilar; me dijo que se movilizaban en un auto color verde. Sobre la casa, me señaló que cuando el portón de la reja de la casa estaba abierto no había nadie, y cuando el portón estuviera cerrado significaba que estaban dentro. Porque el portón de atrás lo abrían automáticamente con un botón o control remoto".
"Me armé de valor"
"Un día determinado me armé de valor, porque me estaba presionando mucho la Pilar con que le devolviera la plata. Así que tomé la pistola y me fui al domicilio de estas personas. Me quedé afuera esperando unos 20 minutos. Al frente de esa casa hay una garita de guardia, un jardín con pasto y una reja baja en la cual estuve sentado, esperando que apareciera alguno de los dos. Yo calculo que alrededor de las 20:00 horas llegó el más joven en su auto.
Lo dejó estacionado afuera y entró a la casa. Luego salió y entró al estacionamiento. Me acerco y le pregunto si está el arquitecto señor Zamorano. Me pregunta por qué y yo le digo que me tenía que entregar unos planos.
Me dice que pase y me hace subir al segundo piso. Subí la escala y a mano derecha había una oficina de arquitectura y ahí estaba el señor de más edad sentado frente a un escritorio. Yo los vi e inmediatamente les dije que se tiraran al suelo, que era un asalto. El más chico quiso oponer resistencia, pero le grité fuerte qué te pasa maricón, tírate al suelo y le di una patada entre la pierna y el poto y quedó tirado gritando.
Ahí se tiró al suelo también y le disparé primero al más viejo (Zamorano) y luego al más joven, que tenía los oídos como tapados con las manos. Quedaron tirados mirando hacia el fondo de la oficina con los pies hacia la puerta. Ambos tirados de guata. Cuando quise disparar el primer tiro el arma no funcionó, por lo que rápidamente tuve que apretar el cargador y pasar la bala.
Hice sólo dos disparos, fueron en la parte de arriba de la columna, casi en el cuello. Antes de disparar el más viejo me pidió que no lo matara porque me dijo que tenía VIH y que igual iba a morir. Los tiros no sonaron fuerte porque la pistola (...) me la vendió con silenciador, suena como rifle a postón. El teléfono del más joven quedó tirado en el pasillo, pero yo no tomé nada. Como entré, luego salí. Yo andaba con guantes, un gorro de lana y ropa oscura. Esa ropa la quemé, salvo los guantes que los lavé y están en mi casa.
Luego bajé la escalera y no apagué la luz, y salí normal. Al salir, con el codo limpié la puerta y el timbre de la reja por si las hubiese tocado, porque los guantes me los puse mientras subía la escalera detrás del más joven.
Una vez que salí fui a buscar mi auto que estaba estacionado ahí cerquita. Luego di la media vuelta y me fui a la casa de la Pilar, que queda muy cerca. Ahí toqué el timbre, me contestó un hombre, me dijo que no estaba Pilar y me fui a mi casa".
"Noté que ella estaba feliz"
"Al otro día la llamé y quedamos de juntarnos en el Parque Bustamante tipo 15.00. Me pagó $ 1,8 millón. Me dijo que ya se había enterado y me pasó el dinero. Yo no lo conté en ese minuto, pero luego me di cuenta que no estaban mis $ 2 millones sino que un poco menos. A los días boté el arma y los cartuchos al río Colorado.
Esta plata no la metí al banco. Pagué un crédito en el banco, pagué cuotas de dos créditos de consumo, tenía uno de $ 12 millones, uno de $ 8 millones.
Al tiempo después note que la Pilar estaba feliz con esto, se notaba en la expresión de la cara, me dijo que salió todo perfecto, incluso me señaló que había otro tipo involucrado en el cuento y que había reconocido la Pilar nunca se arrepintió. Estuve afectado con lo que pasó, por lo que tuve que tomar pastillas para dormir.
A los pocos días después de este homicidio de los dos hombres, Pilar me hace otro encargo y que consistía en matar a toda su familia que vive al lado. Quería matar a la Nena, la Gloria, La Belén y a Don Agustín. Quería que yo hiciera esto en el mes de septiembre. Me comentó los nombres de esas personas y me dio fotos. Me dijo la distribución de la casa, quién dormía en cada pieza, lo de la puerta blindada.
Me dice que era un trabajo muy importante para ella y que ahí me iba a dar muchas lucas, ya que con eso se iba a quedar con toda la herencia. Me ofreció $ 10 millones por cada uno, o sea, en total me iba a ganar $ 40 millones con este trabajito. Ahí me contó que había perdido como $ 300 millones por no arrendar la panadería, porque no querían darle la participación a ella. Y todo era culpa de sus vecinos.
También me dijo que luego que matara a esa familia debía eliminar a su nuera y a la madre de su nuera. Ella culpaba a que la esposa de su hijo y la madre de ella le habían lavado el cerebro y que por eso su hijo ya no le hablaba y había roto relaciones con ella. Me dio un par de fotos de estas dos mujeres a las cuales yo debía eliminar.
Me dijo, eso sí, que quería primero matar a la familia de al lado y luego cuando tuviera la herencia me podría dar mucho dinero por eliminar a la nuera y a la madre de ella. Me pasó las dos fotos y me dijo: esta es la niña y esta es la mamá. Me dijo que me entregaba las fotos como cábala, ya que con el señor Zamorano había funcionado perfecto.
No pude cometer el delito en el mes de septiembre, porque parece que la Belén algo tuvo que hacer y no estuvo mucho ese mes. Parece que salió de vacaciones. Esa información me la daba Pilar y la obtenía de la otra hermana que tenía contacto con Gloria y su familia. Además que no me había podido conseguir la pistola. Andaba en busca de una Taurus 9 milímetros porque yo tenía munición de ese calibre.
Pregunté sobre cómo lo podía hacer para pegarle un disparo en la pierna a alguien y no se supiera que era mi pistola. Ahí salió la idea de usar mi misma pistola pero con distinto cañón. Algunas semanas antes del delito yo le llevé mi pistola, se la dejé un par de días y me la devolvió con otro cañón. Me cobró $ 35 mil por ese trabajo. Lo hizo ahí mismo en su taller y no se demoró más de dos días. La munición la tenía yo, ya que eran municiones legales de mi pistola que estaban en mi casa. Nadie más sabe esto, el conviviente de Pilar nunca me vio. El tipo con que ella vivía trabajaba con ella. Mi señora no sabe nada, no estaba metida en esto.
(...) Me arrepiento porque por una cagá de plata me puse malo".
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