Demoró poco en llegar el Mazda CX-7 con el refresh propio que se les hace a los vehículos en la mitad de su ciclo de vida. El crossover japonés fue lanzado en el país en el primer semestre de 2007, siendo escogido por La Tercera como todoterreno del año, principalmente por su excepcional diseño y andar deportivo, gracias a un brillante motor turbo de 244 caballos de fuerza.
Hoy, 30 meses después de su debut, arriba su primer restyling, que adopta el rostro de "boca sonriente" que se puede ver en el Mazda 3, modificando no sólo el "tejido" de la parrilla frontal, sino también el parachoques y focos. Lo más llamativo son las dos nuevas aperturas instaladas debajo de los grupos ópticos. En la zaga se reemplazó el paragolpes, que incorpora una moldura baja, y las llantas aro 18 son nuevas.
Y eso sería, al menos en materia estética, ya que la marca dice que se cambiaron aspectos no visibles, como el fortalecimiento de los pilares A, el uso de más materiales aislantes y más puntos de soldadura, que repercuten en un andar más silencioso.
La plataforma sigue siendo la misma, por lo que sus medidas (4,68 metros de largo y 1,87 m de ancho) se mantienen inalterables. También sigue luciendo una silueta acuñada y una forma excepcionalmente deportiva, marcada por una altura relativamente baja (1,65 m), un parabrisas que luce como una extensión del capó y una superficie vidriada pequeña. En ese sentido, las modificaciones que Mazda le realizó al CX-7 no cambian en nada su concepto.
UN BUEN HABITACULO
En el interior también hay modificaciones, aunque son detalles más que otra cosa. Lo más relevante es el nuevo volante con un centro más grande, y un nuevo display central.
Ahora, extrañamente, no se percibe una mejora en la calidad de los materiales, y si bien el CX-7 luce medianamente bien, no destila la misma elegancia que se ve, por ejemplo, en el Mazda 6.
Si bien hay buenos materiales en los paneles y puertas, se entremezclan con algunos que lucen poco, como el aro que soporta la palanca de cambios, las agarraderas en las puertas y el tapiz de tela. En general, el interior del CX-7 podría verse mucho mejor de lo que se ve.
Otros detalles que le juegan en contra son los nuevos marcadores, muy confusos, ya que marcan tanto en km/h como en millas por hora, y la inmensa cantidad de botones repartidos en el volante. No es fácil llegar a dominarlos todos.
Respecto del confort, nada que reprocharle: el CX-7 es excelente para cinco personas, ya que las butacas delanteras son cómodas, altas, muy envolventes y ofrecen mucha visibilidad, y la banqueta trasera tiene muy buena inclinación, y hay ancho y alto para llevar adultos. La maleta sigue siendo amplia y, más encima, se pueden abatir los asientos con sólo accionar unos tiradores.
Ahora, lo interesante del CX-7 es su nuevo motor de entrada, un cuatro cilindros, 2.5 litros aspirado, con 162 Hp, el que se une al conocido 2.3 turbo de 244 Hp. Este nuevo bloque está asociado a una caja automática de cinco marchas que explota bien la entrega de par y potencia, para conseguir un andar suave y confortable.
Claro, no tiene el empuje impresionante del motor turbo y pierde parte de sus cualidades deportivas que lo distinguieron, pero se gana una versión más armónica, económica en consumo (nos marcó 12,5 km/litro en carretera y 7,2 km/litro en ciudad), y que está más pensado para el uso del día a día.
Eso sí, este motor sólo está asociado a tracción simple, pero, la verdad, el CX-7 está tan bien concebido, que no se extraña la doble tracción.
Dinámicamente, sigue siendo un SUV sobresaliente, muy estable en curvas y en superficies deslizantes. Se puede ir muy rápido y doblará como si fuera un sedán. La dirección tiene mucho tacto, es directa, mientras que la suspensión está más calibrada para brindar aplomo que confort, lo que es bueno. Y, además, tiene menos ruido aerodinámico, por lo que es más agradable de conducir.
Este CX-7 es una buena opción, pero el nuevo motor es mucho más racional que emocional.