Es imposible subirse a un Aston Martin y no sentir en los oídos la música característica del superagente James Bond. Ok, el nuevo V8 Vantage no tiene armas escondidas, y quien conduce tampoco parece espía, pero sigue siendo el auto más hermoso de la marca favorita de 007.
Lo que más sorprende del nuevo Vantage es que no sólo llega con un rediseñado interior y un motor más potente, que sube de 380 a 420 caballos, sino también que lo hace en una versión descapotable, la que, a diferencia de muchos de sus rivales que pierden presencia cuando saltan de un coupé a un cabrio, se ve todavía más hermoso e impresionante cuando está sin techo.
El Vantage Roadster tiene una capota de lona que mantiene la bella forma del Coupé, y que acentúa los flancos musculosos y su elegante línea dinámica. La gracia es que una vez descapotado (acción que demora sólo 18 segundos y basta con apretar un botón en la consola), se ve sencillamente imponente, y lo mejor es que no se sacrificó ni rigidez torsional, ni estabilidad, ni confort de marcha.
Por el contrario, el auto sigue teniendo un manejo superior, con mucho aplomo, y si se va sin techo no hay interferencias ni de ruido ni de viento, gracias a una buena aislación que permite conversar a 150 km/h sin elevar la voz.
Obviamente que la atmósfera interior es exquisita. Domina el cuero, alcántara y los materiales nobles, no hay madera, sino una aleación de zinc, ni plásticos sino paneles de grafito de gran calidad al tacto. Las costuras en los asientos y en la consola están muy a la vista, e incluso el diseño de los marcadores parece sacado del más elegante de los relojes.
Lo nuevo del interior es la disposición del contacto de la llave, que es transparente y ahora se pone en el centro de la consola y no sobre la columna de dirección, tal como se usa en el DBS. Esto hace que algunos comandos se hayan ordenado un poco, pero en general sigue siendo el mismo Vantage de antes.
La posición de manejo es perfecta, muy baja y estirada, y con suficiente visión delantera, aunque hacia atrás se ve perjudicada por una luneta diminuta (lo que mejora si se va sin capota) y espejos laterales más bien chicos. Con capota hay bastante espacio para la cabeza y, por lo mismo, no hay sensación de encierro. Sin techo es otro cuento. Es la libertad en todo el sentido de la palabra.
UN SONIDO QUE CAUTIVA
El Vantage Roadster es tan bueno como su hermano, salvo porque se puede disfrutar más aún del sonido que emite su motor V8. No se necesita llegar a la parte alta de tacómetro para que los ocho cilindros emitan un chillido que eriza los pelos, y que en nada se parece al ronco ronroneo de los V8 americanos. Aquí hay más agudos que graves. Definitivamente, muy europeo.
Obviamente que este motor ofrece una respuesta contundente en todo el rango de revoluciones, con una aceleración lineal desde que se toca el acelerador. De 0 a 100 km/h marca 4,9 segundos, y alcanza los 290 km/h.
Este motor está gestionado por una caja mecánica de accionamiento automático, que se conduce mucho mejor a través de las levas en el volante que en directa. Pasando los cambios uno mismo puede conseguir un dinamismo digno de deportivo alemán o italiano.
Dinámicamente, la trompa se siente algo liviana cuando se pasa por determinadas superficies, pero en una buena carretera y sin importar la velocidad, el Vantage demuestra las bondades de la tracción trasera y se agarra a la pista como el mejor de su clase.
Elegir al Aston Martin V8 Vantage Roadster es escoger la elegancia, sofisticación y exclusividad de un automóvil de superlujo, pero con la performance de un deportivo y la calidad de manejo de una berlina.
Es un auto increíble para disfrutarlo en solitario durante el fin de semana, pero todavía lo es más para manejarlo día tras día, especialmente cuando la tarde comienza a refrescar y el techo se guarda en la maleta. Una joya.
PRECIO: US$ 215.000
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