No era necesario ser adivino para prever los incidentes que ayer protagonizaron barristas de Colo Colo y Universidad de Chile (0-0) durante la disputa de la final del Campeonato de Fútbol Jóven Sub 18, disputado en las canchas de la sede de la ANFP en Quilín.
Ambas hinchadas habían avisado que asistirían al "Superclásico" junior, pese a que durante todo el año nunca se habían hecho presentes en cualquier otro partido, hecho que incluso fue advertido por directivos de los clubes involucrados.
Pese a ello, sólo algunos efectuvos de Fuerzas Especiales de Carabineros llegaron hasta el lugar para "resguardar" la seguridad de un recinto que, obviamente, no ofrecía las condiciones mínimas para contrarrestar la presencia de barristas de este tipo.
Así, familiares de los jóvenes jugadores que estaban disputando el partido, al igual que otros jugadores de divisiones inferiores, se vieron afectados por los hechos de violencia que se desataron una vez que terminó la primera mitad del partido, los cuales ya habían sido "amenizados" por el estruendo de un petardo durante el primer tiempo.
Insultos de ambos lados hacían presagiar lo que se vendría: una verdadera batalla campal en medio de la cancha entre cerca de 100 barristas, con los mismos banderines de los córners a modo de arma, al igual que las publicidades estáticas apostadas al borde del terreno de juego.
Al final sólo siete detenidos y una denuncia de un asistente, que nada tenía que ver con los barrabrava, sobre una agresión de un efectivo de la policía en contra de una mujer embarazada, aunque el hecho no pasó a mayores y deberá seguir siendo investigado.
En lo deportivo, el partido terminó igualado sin goles y todo se definirá en la revancha, originalmente programada en este mismo recinto, aunque ante los incidentes, lo más probable es que se dispute en un estadio profesional, donde por lo menos existan rejas que mantengan a los indeseables fuera del terreno de juego.