Como aprendices se ven Kate Moss y Sienna Miller, con sus looks delgados y apariencia hippie chic, cuando se miran sus fotos y se comparan con la que fue uno de los iconos femeninos del Londres de los 60: Marianne Faithfull, la chica de "buena cuna" y llena de estilo, que caminó por la vereda más oscura cuando abrazó el rock y las drogas.
Hoy, con 62 años cumplidos, esta inglesa parece haber sobrevivido a todo: desde un cáncer mamario hasta la adicción a la heroína. Desde la pobreza hasta su tormentoso noviazgo con Mick Jagger, al que destaca entre los tres miembros de The Rolling Stones que se llevó a la cama.
Hoy la Faithfull sigue con el mismo estilo rebelde y vocación artística de siempre y que acaba de plasmar en una última incursión musical llamada Easy come, easy go (2009).
"Adoro el drama", cuenta en una de las entrevistas promocionales de este nuevo álbum, donde reversiona a 12 clásicos: de Smokey Robinson a Duke Ellington, pasando por Dolly Parton, Morrissey y Black Rebel Motorcycle Club. Se trata de una produción en la que es acompañada por figuras actuales como Rufus Wainwright y Jarvis Cocker (ex Pulp) y también por un viejo amigo como Keith Richards en la canción Sing me back home.
Es un buen ejercicio de memoria, pero también el retorno a la calma para una mujer de pasado tormentoso. "No sé si mi pasado me ayudó como artista", dice hoy, "pero la mayoría de las veces en que miro hacia atrás siento que fue un desperdicio. Las drogas me hicieron perder un montón de tiempo y me causaron un dolor innecesario".
Pero esos años complicados sí le parecen atractivos a Hollywood, que llevará su vida al cine. La artista ya cedió los derechos de sus dos libros autobiográficos -Faithfull (1994) y Memories, dreams and reflections (2007) y, paralelamente, la histórica musa rocanrolera se prepara para volver a los escenarios de Europa y Nueva York con su nuevo disco y el cartel de sobreviviente por la vida.