Que Vicente Sabatini deje TVN no es una gran pérdida ni para él ni para el canal. Desde El circo de las Montini (2002) comenzó a repetir su fórmula de manera porfiada y dio muestras que en el género de las teleseries había tocado techo.
Y desde que aceptó labores ejecutivas, tras un escritorio, perdió la esencia de lo que es: el realizador más brillante de las producciones dramáticas chilenas.
Las telenovelas vespertinas han involucionado en los últimos años y él ya no está para grabar tonteras. Lo interesante ahora pasa en las nocturnas y ahí el canal estatal tiene a una directora con visión y talento de sobra (María Eugenia Rencoret) y no necesita de otra persona.
Ante ese panorama, el paso al costado de Sabatini era previsible. Porque el hombre que se atrevió a abordar temáticas tabú antes que nadie (teniendo a su derecha al productor Pablo Avila y a su izquierda al guionista Víctor Carrasco) y que le agregó contenido a un género que antes de él se limitaba a entretener, está para palabras mayores: el cine.
Basta con recordar su monumental final para Pampa ilusión y comprobar que la pantalla grande sería la transición natural.
Como todos, más de alguna vez se equivocó. Pero para los que pierden la memoria en estos días y recalcan su "caída": entre 1994 y 2002 todas sus telenovelas ganaron.
Nadie más puede jactarse de ese récord. Y de ese olfato: lograr captar lo que quiere la gente. Ese talento merece dar el paso siguiente.
* Editor de Espectáculos de La Tercera.