Durante años las alambicadas referencias místicas y los modestos efectos especiales de la saga Star Trek fueron pasto de la burla para la mayoría de la crítica y el público, que veían como ese mundo galáctico creado en los años 60 envejecía como aquellos boxeadores que no se retiran a tiempo. Este fin de semana esa noción quizás murió para siempre tras el aplastante éxito de público y críticas de Star trek, la película número 11 de la franquicia, ahora dirigida por J.J. Abrams, el talentoso creador de las series Lost y Alias.
Con una recaudación de 76 millones de dólares, la nueva Star Trek se instauró como la cinta de la serie que más dinero ha ganado en su primer fin de semana, superando además a superproducciones recientes como Batman inicia, Superman regresa o Hulk: el hombre increíble. Fue, de lejos, la película más vista en el reciente fin de semana en Estados Unidos y aunque Wolverine había recaudado aún más hace siete días (87 millones), sus tibia recepción crítica le augura escasa vida en la cartelera en comparación a Star trek. El filme de Abrams, por el contrario, ha sido saludado a los cuatro vientos como una enérgica y amena refundación de la saga, como la inyección de vida que necesitaban los personajes creados para la TV por Gene Roddenberry en 1966.
En dos horas la cinta cuenta la prehistoria de la tripulación de la nave Enterprise, con unos muy jóvenes señor Spock (Zachary Quinto) y capitán Kirk (Chris Pine), los pilares de esta aventura interestelar. Desde ya, calificativos como "la mejor precuela en la historia del cine" (The Boston Globe), no han dejado de sazonar la lluvia de adulaciones a la película donde el viejo actor de Spock (Leonard Nimoy) también interviene.
Si desde el tradicional The New Yok Times, es llamada "una poderosa y brillante explosión de un pasado nuevamente imaginado", en el más alternativo The Village Voice se ironiza afirmando que es "suficientemente buena como para hacer llorar a un fanático de La guerra de las galaxias", aludiendo a la histórica rivalidad entre los fans de ambas sagas.
La mayor fortaleza de esta nueva Star Trek parece ser su asertivo espíritu de acción y la prescindencia de cualquier alarde científico de cuarto enjuage, transformándola en un eficaz producto de nuestra era desideologizada. En este sentido, una de las escasas voces críticas a la película es nada menos que Roger Ebert, el crítico más influyente de EE.UU., quien echó de menos "las interrogantes científicas e ideales filosóficos habituales en la época de Gene Roddenberry".
Pero si aquel aura místico ya no planea en esta Star trek modelo 2009 es a cambio de librarse de las mofas que siempre cayeron sobre sus pretenciosas predecesoras, donde el argumento metafórico y las ridículas criaturas alienígenas fueron sus huellas dactilares.
Tras el éxito de la nueva versión está el nombre de J.J. Abrams, un tipo que no es fanático de la serie y que más de una vez dijo no querer hacer un producto para los fans. Esta vez dio en el blanco utilizando sólo el argumento de querer hacer una buena película. Por lo demás, que este exitoso creador de 42 años provenga de la televisión (medio donde nació Star trek) no deja de ser una nostálgica vuelta del destino.