Esta es la cuarta película de Kim Ki-duk que se estrena en el país y quizá también sea la más débil de todas. La historia es simple: una escultora, conciente de las infidelidades de su marido, se entera por la televisión de que un condenado a muerte ha intentado suicidarse varias veces y comienza a visitarlo y a hacer shows musicales para él, mientras el condenado debe resistirse a los embates eróticos de sus compañeros de celda. No hay que escarbar demasiado para descubrir que, claro, ambos viven en sus propias celdas emocionales y que la tragedia inherente a una relación así de incomprendida está a la vuelta de la esquina. Sin embargo, a pesar de este solipsismo muy propio de los personajes del autor de Hierro 3 y El arco, hay algo bello y misterioso en esos desafinados números musicales que hace la mujer, rodeada de papeles murales de playas paradisíacas y bosques frondosos. Hay un romanticismo kitsch de éxito radial y de tarjetas postales.
Director: Kim Ki-duk.
Con: Chen Chang, In-Hyeong Gang, Jung-woo Ha.
Género: Drama.
Duración: 84 minutos.
Producción: Corea del Sur, 2007.
Calificación: Mayores de 14.
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