El argentino Lisandro Alonso no quiere que sus películas sólo se vean en festivales y está cansado de que "todo lo que no tenga el formato Hollywood sea considerado experimental", según expresó hoy en el Festival de Gijón, donde presentó su último trabajo, Liverpool.
"Es un poco frustrante romperse el culo cuatro o cinco años trabajando y que el resultado final de una película sea que vaya a 15 festivales y en tu país sólo la vean sólo 2.000 o 3.000 personas", señaló. "No es muy alentador".
"No hago películas para festivales. Hago películas para poner en todos los cines que pueda", añadió.
El director de 33 años, que debutó con La libertad (2001), se mostró también molesto por el hecho de que consideren su cine pausado y contemplativo.
"Si es lenta o rápida, depende del espectador. Estoy cansado de que todo lo que no tenga el formato Hollywood sea considerado experimental. Cansado de que me digan que no pasa nada, cuando para mí pasan un montón de cosas".
A pesar de que la financiación de esta cuarta película, en la que participaron cinco países (Argentina, España, Francia, Holanda y Alemania), le haya resultado más fácil, se quejó de que sigue siendo complicado distribuir y exhibir sus películas.
Quizá por eso el director de 33 años, que estrenó Liverpool -la historia de un marinero que llega a Ushuaia, en el extremo sur de Argentina, para saber qué fue de su madre- en el Festival de Cannes, anunció que decidió tomarse un tiempo.
"Soy muy afortunado de haber podido hacer cuatro películas en siete años. Así que ahora es el momento de parar y esperar nuevas preguntas y nuevas respuestas. Ahora no tengo ganas de filmar".
Alonso, que se encuentra por tercera vez en Gijón, donde en 2006 le fue dedicada una retrospectiva, asegura que de todas maneras llegará el momento de la revancha. "Espero haber pasado algunas curiosidades que tenía a algún espectador. Ahora es el momento de buscar nuevas preguntas".
Entre las cosas que cambiaron, siente que ya no quiere mostrar escenas de sexo o de violencia que puedan perturbar a algún espectador y que aparecían por ejemplo en su segundo trabajo, "Los muertos" (2004). "Me parece un recurso comercial. Hoy en día quiero rodar imágenes más ingenuas".
Al director tampoco le consuela saber que es un referente para las nuevas generaciones de cineastas en su calidad de uno de los representantes más prestigiosos del llamado "nuevo cine argentino".
"Me parece que los estudiantes y ex estudiantes tienen una energía diferente a cuando nosotros empezamos", aseguró, en referencia a directores que se iniciaron en su época como Pablo Trapero, Celina Murga, Juan Villegas o Adrián Caetano, entre otros.
"Nosotros no teníamos tan claro que después de hacer la película tenías que subirte a un avión para ir a un festival. Sólo queríamos hacer películas. Ahora ya hacen las películas pensando en los festivales".
"Lo lindo sería sentir que sigue habiendo gente honesta que está en el momento adecuado en el lugar adecuado. Pero no me está resultando fácil descubrirla", agregó.
En el Festival de Gijón compiten otros dos argentinos, Celina Murga y Pablo Agüero, con Una semana solos y Salamandra, respectivamente.
La importante presencia de la cinematografía del país sudamericano en esta 46 edición del encuentro de cine independiente más importante de España se completa con una retrospectiva dedicada a Lucrecia Martel, que estrena este viernes en España "La mujer rubia" (La mujer sin cabeza).