"El otro día estaba en un aeropuerto y en vez de que me revisara una guardia, como a todas las mujeres, me comenzó a revisar un hombre. Ya estoy acostumbrada a que me digan "señor en los ascensores". Con la calma que muchos entrevistadores la describen, Tilda Swinton resumió así su constante juego físico con la androginia. Un partido que comenzó a jugar cuando era sólo una adolescente y ya alcanzaba el metro 79, y concurría a una de las mejores escuelas para señoritas de Gran Bretaña.
Fue ese mismo rasgo físico el que por los años 80 llamó la atención de la Royal Shakespeare Company y del reconocido director experimental Derek Jarman, quien la hizo protagonizar cintas como Edward II (1991). Sin embargo, no sería hasta que se unió profesionalmente con la directora Sally Potter que la carrera y la imagen de Swinton comenzaron a ser reconocidos mundialmente. La cinta fue Orlando (1992), un drama de época que revivió la novela de Virginia Woolf y cuyo rol protagónico parecía escrito especialmente para ella: un noble europeo que tiene la posibilidad de vivir por centurias y traspasar los géneros para llegar a la época contemporánea convertido en mujer.
Su carrera casi se limitó a producciones europeas hasta que en el año 2000, Danny Boyle le ofreció un rol en La playa, junto a Leonardo DiCaprio, y Hollywood puso sus ojos en ella. Cintas como El precio del silencio (2001), El ladrón de orquídeas (2002), Flores rotas (2005), Las crónicas de Narnia (2005) y Michael Clayton (2007) son parte de su currículo, que incluye dos cintas que se estrenarán el 8 y 29 enero, respectivamente, en Chile: Quémese antes de leerse, de los hermanos Coen, y El curioso caso de Benjamin Button, de David Fincher.
Pero no sólo de teatro y cine se ha nutrido la carrera de Swinton. En 1995 llamó la atención del círculo de la plástica europea al exponer y protagonizar una instalación en la Serpentine Gallery, de Londres, donde durante una semana parecía dormir en una caja de vidrio. Además, ha colaborado e inspirado a los diseñadores holandeses Viktor & Rolf y por mucho tiempo también fue la inspiración de John Byrne. Este último es el artista escocés que se convirtió en su pareja y padre de sus mellizos, y con el que mantiene una particular relación: comparten una casa en Escocia, mientras la actriz pregona su amor por el joven fotógrafo Sandro Kopp.