El periodista norteamericano Eric Lax nunca fue demasiado rápido a la hora de escribir sus crónicas. Cuando en 1971 The New York Times le pidió un artículo acerca de un prometedor talento llamado Woody Allen, Lax demoró tanto, que despachó su texto el mismo día que la revista Time salíó a quioscos con Allen en su portada. La entrevista obviamente fue rechazada por The New York Times, pero con el tiempo se transformó en el germen de su libro Conversaciones con Woody Allen.
Armado a lo largo de 36 años, entre 1971 y 2007, el volumen acaba de llegar a librerías chilenas, tras ser lanzado en Estados Unidos el año pasado. Aquí Allen cuenta con lujo de detalles los rodajes de sus cintas y habla de sus directores, actores y músicos preferidos, siempre a través del diálogo franco que sólo puede dar una relación cultivada durante más de tres décadas con Lax.
El periodista, que publicó en 1991 la celebrada Woody Allen: La biografía, ha seguido la huella de Allen desde que era un comediante de círculos reducidos, hasta poco antes del rodaje de la exitosa Vicky Cristina Barcelona (20008), película que acaba de ser nominada a cuatro Globos de Oro y que se estrena en Chile el 12 de marzo.
"Tras nuestro primer encuentro no habría apostado un centavo por sus posibilidades de éxito", dice con franqueza Lax al inicio del libro. Dividido en ocho capítulos, sin orden cronológico, el volumen apuesta sobre todo al diálogo y a la voz de Allen.
"No aporté nada significativo al cine. Soy un humorista de Brooklyn que ha tenido mucha suerte", dice el autor sobre sí mismo, donde la modestia suele ser común. Consultado acerca de su viraje desde el humorismo más directo en clubes nocturnos a sus ambiciones dramáticas, Allen apunta: "Hasta llegar a la adolescencia yo tenía a Bob Hope como ejemplo e intentaba hacer chistes y soltar ocurrencias con gracia. Pero cuando crecí y fui más culto quería escribir dramas. Mi pretensión era ser como Ibsen y Chejov".
ADMIRADOR DE ACTORES
El cineasta declara varias veces su preferencia por actores como Humphrey Bogart, Marlon Brando, Robert de Niro, Dustin Hoffman y Jack Nicholson. De este último dice: "Quise que trabajara en Hannah y sus hermanas, pero me dijo que tenía que hacer una película con John Huston. Siempre estaba ocupado. Finalmente, su rol lo hizo Michael Caine y se ganó el Oscar".
Aun así, advierte: "Nuestros actores son demasiado encantadores, apuestos y carismáticos, como John Wayne y Marlon Brando. Pero nos faltan tipos comunes y corrientes. Cuando necesito a uno, no lo encuentro". Por eso dice que británicos como Caine o Denholm Elliott han calzado perfecto en personajes rutinarios de sus películas.
Amante del jazz desde joven, Allen ha musicalizado gran parte de sus películas con este género. "Hay un cierto tipo de jazz que es ideal para la comedia, porque es animado y alegre. Yo sólo uso hasta la época del swing, porque de lo contrario sería inapropiado. Es decir, sería difícil una comedia con música de Dizzie Gillespie y Charlie Parker", explica.
Y acerca de sus directores preferidos, Ingmar Bergman sigue siendo el preferido: "Vi El séptimo sello. Al día siguiente tenía que rodar y me preguntaba qué diablos estaba haciendo".