En 1969, un joven pintor santiaguino dio a conocer su trabajo en la hoy desaparecida Casa de la Luna Azul. Llevaba un par de años estudiando en la Escuela de Arquitectura y Arte de la Universidad de Chile, y esa primera muestra sería el comienzo de una carrera imparable. Con el tiempo Gonzalo Cienfuegos se convertiría en uno de los pintores más originales y exitosos de nuestro medio.
A punto de cumplir 40 años de trayectoria, quiso reunír el balance y la proyección futura en una gran exposición, desde el 9 de diciembre en la Sala Gasco (Santo Domingo 1061). Titulada Cienfuegos, la muestra estará dividida en lo más representativo de estas cuatro décadas y una serie de obras recientes.
Sin abandonar la figuración y ese carácter narrativo que lo lleva a desarrollar verdaderas historias en una tela, las nuevas obras incorporan una mayor indagación pictórica: "Actualmente estoy más preocupado del color, la configuración, la textura, el gesto y de buscar distintas estrategias dentro del cuadro", dice Cienfuegos.
Su obra es una de las más itinerantes de la plástica local, presente, entre muchos otros, en museos de Israel, Brasil, Estados Unidos y Uruguay, además de tener una constante salida a colecciones privadas del mundo, a través de subastas y ferias de arte.
Generalmente asociado a un circuito galerístico de elite, Cienfuegos celebra el desafío de instalarse ahora en pleno centro de Santiago (a poca distancia de la Estación Metro Plaza de Armas), aunque advierte que la iconografía que lo caracteriza está, de alguna manera, en el inconsciente colectivo o lo que él llama "memoria residual".
Como en trabajos anteriores, se inspira en los grandes maestros de la pintura, ya sea para citarlos, parodiarlos, deconstruirlos u homenajearlos. Su obra reciente contempla referencias de Velázquez, Balthus y Rufino Tamayo.