Viviendo -o según él, "sobreviviendo" - de la pintura, funciona hace más de 30 años Gonzalo Cienfuegos. Su camino no ha sido el habitual ni ha sido tan fácil. Luego de congelar la carrera de arquitectura en la U. de Chile se fue a probar suerte a México, donde estudió y se acercó a los pintores de la Nueva Figuración, como José Luis Cuevas y Francisco Toledo. Produjo mucho, pero el reconocimiento se haría visible más tarde, en Argentina primero y luego en Chile.
A diferencia de tanto artista del medio local, nunca le hizo asco a las galerías comerciales. Sus cuadros empezaron a venderse pronto y hoy es uno de los nombres más exportables del arte nacional, con presencia en museos y colecciones privadas de Argentina, Brasil, México, Estados Unidos e Israel, entre otros países. Cada cierto tiempo reaparece con su obra reciente en el barrio Alonso de Córdova, donde circulan sus habituales compradores y quizá por ello Cienfuegos está tan entusiasmado con la muestra que abrirá el 9 de diciembre en la Sala Gasco, en pleno centro de Santiago, y cuyos dos grandes espacios son una vitrina directa a la calle. Está seguro que el ciudadano de a pie, no habituado al circuito de museos y galerías, se conectará plenamente con sus cuadros y esculturas, 70% de ellos trabajo reciente y el resto, una suerte de pequeña antología:
"Si bien en algunas obras el énfasis está puesto en la parte propiamente pictórica -el color, la configuración, la investigación de nuevas formas y elementos dentro del cuadro-, la obsesión sigue siendo la misma y se va manifestando a través del tiempo: la figura central es el ser humano, su misterio, su incertidumbre y a esto se suma la tradición de las citas, explícitas o implícitas", explica el artista a La Tercera.
La cita a la pintura clásica se ha convertido en su marca de fábrica. Velázquez, Balthus, Bacon y muchos más están habitualmente en sus cuadros, a veces enfrentados en irónicos cruces. Cienfuegos pinta sin modelos. Toda la iconografía surge de sus pensamientos, asociaciones, evocaciones: "Es una construcción -indica-, voy articulando elementos con el fin de crear una tensión. Esto es similar al cine, donde los relatos pueden estar interrumpidos o yuxtapuestos; aquí se dan muchas situaciones, hay muchas épocas y personajes en un mismo soporte, y la totalidad es una experiencia emotiva e intelectual que transmite un momento particular de mi vida".
Para lograr todo eso, intenta cumplir con su ideal de ocho horas de taller, ocho horas de sueño y ocho horas de ocio. Pero el ítem trabajo está repartido entre la pintura, la docencia (desde hace 32 años en la UC), las asesorías y la participación como jurado en distintos certámenes: "Me agrada; es una manera de tomar contacto con la realidad, reviso mil propuestas y esa información la acumulo y la confronto con mis clases, con la calle, con el arte del mundo".
SOBREPOBLACION
Cienfuegos nunca ha postulado al Fondart, pero en más de una ocasión ha sido evaluador: "La mayoría de mis exposiciones las financio yo o vienen con auspicio de empresas. Es bueno que exista el Fondart, quizá tiene falencias administrativas, pero doy fe de que hay una buena intención y se hace lo posible porque todo sea objetivo y transparente". En este tipo de instancias ha sido también testigo del resurgimiento de la pintura: "Ha sido vilipendiada, atacada y cuando ya está a punto de dar su último suspiro, aparece un golpe de oxígeno y la pintura vuelve en gloria y majestad. Siento que eso está pasando, hay mucha gente joven que cree en ella y la asume con compromiso; hay más escuelas de arte, lo que es bueno, pues crea una masa crítica. Cuando empecé, en los 70, había una galería y dos escuelas desarticuladas. El país se ha estabilizado y, como consecuencia de ello, hay una mayor circulación artística. Todo esto relacionado con la gestión inmobiliaria, pues mientras más metros de muro se construyan, más pintura se necesita para llenarlos. Veo con optimismo la sobrepoblación de artistas, aunque no todos sean buenos. Es mejor que estar en un país donde no pasa nada o que enfrenta otro tipo de conflicto".
De los buenos artistas, Cienfuegos se nutre a diario. "Admiro a los que han construido una obra propia y son consecuentes: Gonzalo Díaz, Carlos Leppe, José Balmes, Benmayor, Bororo, Benjamín Lira". Y también se declara amigo de Claudio Bravo, aunque no fanático de su pintura: "Es un 'loco' bastante especial, con un talento indudable para pintar 'igualito a' la realidad. Valoro su convicción y su capacidad de trabajo y le reconozco momentos notables, pero no es un estilo que me conmueva mucho". Algo similar le pasa con Guillermo Muñoz Vera: "Le reconozco el mérito de su escuela en Chinchón (España) y formar artistas jóvenes. Me encantaría poder hacer lo que él hace para usarlo a mi manera, ciertos trucos pictóricos, pero a mí lo que me interesa del arte es el asombro ante una nueva situación, un nuevo orden".