A tres años de su retiro del profesionalismo, Andre Agassi vuelve al primer plano. Esta vez no es por su talento dentro de la cancha, sino que por el lanzamiento de su autobiografía "Open", que levantó polémica debido a su reconocimiento sobre su consumo de drogas durante 1997 y también de que le mintió a la ATP al respecto. En una entrevista al semanario alemán Der Spiegel, el estadounidense profundiza sobre sus temores y la relación con su padre.
Señor Agassi, ¿es posible que una persona feliz gane el título en Wimbledon?
Para mí, es difícil de imaginar.
Se ve que Roger Federer realmente lo disfruta.
Sí, quizás. Pero, en mi mundo, eso es imposible. Lo máximo eran pequeños momentos de paz durante un partido, algo que los jugadores llamamos "La Zona". No se puede planear. No es constante. Y pasa muy rápido.
¿Un tenista profesional tiene que ser obsesivo? ¿Debe tener algún trauma para ser bueno?
Mientras estaba ganando Wimbledon (1992), sentía que iba a morir. Me da miedo fallar, me daba miedo pasar una vergüenza.
Usted y su esposa, Steffi Graf, fueron preparados por padres que querían controlarlo todo.
Lo que es cierto es que ambos estuvimos en las manos de nuestros padres. Le he dicho a mucha gente que yo odiaba el tenis, seria y fuertemente, y todos trataron de convencerme de lo contrario: "Ah, eso no es así, Andre. De hecho, tú amas el tenis". ¿Quieres saber lo que me dijo Stefanie: "¿No lo odiábamos todos?".
Su padre, Emmanuel, un inmigrante armenio-iraní, quien habla cinco idiomas...
Y ninguno muy fluido...
¿Era violento?
Sí, mucho. E irascible. Solía tener el mango de un hacha y, a veces, una pistola guardadas. Yo estaba con él cuando dejó inconsciente a una persona con la que tuvo un estúpido debate sobre quién tenía el derecho de paso en la calle.
¿Y de verdad existió una máquina lanzadora de pelotas que le llamaba "El Dragón"?
Sí, 2.500 pelotas por día. Se suponía que un millón al año me harían imposible de vencer.
¿Alguna vez su padre lo alabó? ¿O eran puras críticas?
Después de tres derrotas consecutivas en finales de Grand Slam, finalmente gané. Fue a Goran Ivanisevic, en Wimbledon. Cuando llamé a casa y le dije a mi padre, me contestó: "¿Cómo pudiste perder el cuarto set?".
Cuando se retiró, usted y su esposa desaparecieron hacia una tranquila vida privada. ¿Por qué tenía que escribir el libro ahora? ¿Extrañaba la vida pública?
No, aun cuando tuve una vida pública, soy una persona cerrada y tímida que aprendió a defenderse. La rebelión de mis primeros años...
...Cuando manejaba un Corvette blanco y jugaba con jeans y no iba a Wimbledon por las reglas de los viejos...
Era mi manera para tratar de desaparecer, nada más.
¿Lo hicieron pedazos públicamente por eso?
Sí, bastante. Los periodistas deportivos decían que no iba a llegar. Por entonces había un comercial de Canon que decía: "La imagen es todo", que se me quedó grabado por años. Estar permanentemente juzgado por colegas, la prensa y el público era horrible. Y lo peor fue cuando Boris Becker dijo, después de ganarme en la semifinal de Wimbledon '95, que nadie me quería, que era un elitista, que los directores de torneos me daban un trato especial. Me dolió. Fue un ataque personal que dejó una gran herida.
Lo tildaban de arrogante.
Lo sé, pero la verdad es que no sabía quién era yo. Tenía miedo de perder, de la culpa y las bromas, del público y de mi padre. Realmente odiaba el tenis.
Usted escribió acerca del consumo de drogas.
Pero hay dos tipos de drogas: existe el doping, las drogas que mejoran el rendimiento. Y sé que en el tenis hay controles antidopaje con mucha frecuencia. Este deporte está limpio. Ahora, hay otras drogas que no te ayudan a que rindas mejor. En mi caso, fue "crystal meth", pero hay otras drogas, como la cocaína. Y si algunos deportistas dan positivo, no los deberíamos culpar. Debemos discutir esto, porque deberíamos ayudarlos, porque tal vez están sufriendo.
¿Cómo se siente el retiro?
Libre. Fui liberado. Nunca extrañé el tenis. Nunca me gustó la competición. Nunca me gustó la presión que me ponía. Nunca me gustó que no pudiera ser perfecto ante eso. Parecía que fui criado para nunca estar satisfecho. Resentía lo mal que se sentía perder y que ganar no se sentía bien. Nunca fue equilibrado. No me podía escapar de eso. Cuando me retiré fue como el día que me corté el pelo.
Cuando era joven y perdió su pelo, experimentó con peluca.
Sí, y fue muy vergonzoso: un deportista profesional que estaba asustado de moverse porque se le podía caer el pelo. Brooke Shields, mi primera esposa, me dijo: "Rápate, no es importante". Y el retiro se sintió igual, como una liberación. Todo -la presión, el dolor físico- se fue.
¿Es verdad eso? Durante su último año en el Tour, la gente lo admiraba y vitoreaba. El US Open era "Territorio Agassi".
Y finalmente fui capaz de disfrutarlo y aceptarlo. Pero no fue hasta que me hice cargo y tomé la decisión. Ya estaba grande, 27 años, y hubiera encontrado la valentía para renunciar. Ahora era mi decisión: no, no pararé, seguiré por algunos años y jugaré por mí... Luego el tenis me dio a Stef, y cuando me dio a Stef el equilibrio comenzó a variar desde este resentimiento hacia las cosas saludables de la vida. Ahora valía realmente la pena. Y sí, el final fue muy triste.