MEDIACENTER

El beneficio de los caballos

Amables o intensas cabalgatas de treinta minutos hoy son terapias válidas para niños y adultos con algún trastorno o discapacidad.

por Revista Tu mascota | 15/12/2008 - 16:32

Pablo Massú tiene 14 años y es autista. De chico, pese al apoyo de terapeutas ocupacionales y sicólogas, no logró interactuar con su entorno. No hablaba, permanecía con la mirada perdida, nada parecía interesarle. "Estaba siempre en su mundo y no tenía mucho contacto con las personas", relata Tatiana Saba, su madre. Hace seis años, y por recomendación de un doctor, Tatiana lo llevó a una sesión de hipoterapia. El doctor sugirió que Pablo podría entusiasmarse con la idea de estar arriba de un caballo al aire libre, con su familia mirándolo. El especialista pensó que Pablo podría tomar los ejercicios como un juego y no como un trabajo físico, y beneficiarse más que con un tratamiento clásico. Tatiana dudó, porque la hipoterapia no era un tratamiento convencional.

EN QUÉ CONSISTE
"La hipoterapia aprovecha los beneficios de la marcha del caballo y la nobleza del animal para realizar una terapia de ejercicios desde una perspectiva kinesiológica", explica el kinesiólogo Sergio Villota, de la Fundación Chilena de Hipoterapia, que existe desde hace 17 años, dirigida por el criador de caballos Robert Wilkins y la kinesióloga alemana Renate Benter. Con esta terapia se tratan enfermedades o síndromes como parálisis cerebral síndrome de Down, lesiones motoras, artritis, entre muchos otros. El autismo también es una de ellas.

Según Villota, el caballo tiene un paso homologable al caminar de una persona. Una vez el paciente arriba de un ejemplar, el caballo se considera una extensión de cuerpo humano, dando una movilidad que no se logra, por ejemplo, con una silla de ruedas. Al caminar, el caballo mueve las patas delanteras y traseras de manera contraria, es decir, si una va adelante la pata paralela queda atrás. Este andar genera un paso estilizado que se marca notoriamente cuando el caballo mueve la cadera hacia la izquierda o la derecha, o cuando sube y baja la pata.

"El desplazamiento del caballo provoca un movimiento tridimensional en la persona: para seguir el ritmo del caballo cuando camina, las caderas rotan, el torso se inclina para mantener el equilibrio y los músculos de las piernas ejercen la fuerza necesaria para mantenerse en equilibrio sobre el animal. Todo esto, sumado, produce un estímulo en el sistema nervioso de los pacientes que genera una actividad cerebral. Así, el paciente mueve músculos que no usa si, por ejemplo, está sentado en una silla de ruedas o si tiene un brazo o una pierna contracturada, explica la fisiatra de la Clínica Las Condes y la fundación Teletón, Susana Lillo.

De esta forma, cuando el caballo camina, la persona que va arriba ejercita las piernas, ya que hace fuerza para mantenerse sobre el lomo; los músculos de la espalda, porque tiene que estar derecha para tener un equilibrio, y de los brazos, porque van sin riendas y se sujetan del pelo del animal. "Parece una terapia simple, pero hay que tener conocimientos kinesiológicos importantes para obtener resultados significativos", comenta Villota.

EL PRIMER DÍA DE PABLO
Tatiana, alentada por el doctor de Pablo, se atrevió a llevar a su hijo a una sesión en la Fundación Chilena de Hipoterapia, en una parcela a los pies del monasterio benedictino en Las Condes. Él tenía 8 años. "El primer día fuimos todos, mi marido, mi hijo mayor, y yo, y fue impactante. Pablo se puso muy inquieto y cuando vio los caballos quería tirarles la cola y morderlos. Pensamos que no iba a funcionar. Antes de desanimarnos, escogió un caballo para montarlo y una vez que se subió, no hubo forma de bajarlo. Tuvo una conexión inmediata con Magne, su caballo. Arriba de él se relajó y disfrutó toda la sesión", relata Tatiana.

Pablo empezó a ir tres veces por semana. Allí durante los treinta minutos de la sesión, compartía con su caballo beige, asistido por un kinesiólogo que le enseñó a hacer ejercicios como estirar los brazos de manera horizontal para mantener el equilibrio, fijar la vista en el horizonte para una mayor concentración y hacer abdominales sobre el caballo. Montando, Pablo también practicaba ejercicios con pelotas, como encestarlas en un aro de básquetbol para mejorar la coordinación y la concentración.

LAS SESIONES
Cada sesión de hipoterapia dura treinta minutos. El paciente se sube al caballo con ayuda de un kinesiólogo, que permanece siempre a su lado, le corrige la postura y dirige los ejercicios. También participa un voluntario que ayuda a sujetarlo y lo entretiene mientras pasean, y un tirador que guía al animal para que mantenga un circuito lento dentro del recinto. Los ejercicios dependen de la dolencia y son específicos para cada paciente, algunos son para conseguir movilidad motora, otros para fomentar el desarrollo emocional o simplemente para mantener los avances.

Así ha sido con Pablo, quien, hasta hoy monta a Magne en sus sesiones. A los tres meses tuvo su primer logro: abrazó a su caballo con los dos brazos al cuello y le dijo "te quiero". "Me emocioné mucho, porque Pablo nunca había pronunciado las palabras "te quiero" y después de esa vez comenzó a demostrar afecto hacia nosotros también", comenta su madre.

Además de los beneficios físicos que reporta la hipoterapia, hay profundos resultados a nivel emocional, ya que los pacientes crean un vínculo de cariño con el caballo que, luego, son capaces de aplicar en su vida diaria. "Para los niños es muy estimulante la hipoterapia, porque logran sentirse autónomos. No les pesa el cuerpo y aprenden fácilmente al manejarlo cuando están sobre el caballo", explica la fisiatra Susana Lillo.

Pablo asiste actualmente a dos sesiones por semana y ha tenido grandes avances, reforzados por una terapeuta ocupacional y una sicóloga. Ha aprendido a comunicarse con las personas que le interesan, responde a lo que le preguntan, es capaz de integrarse con sus primos adolescentes jugando fútbol y sigue diciéndoles "te quiero" a sus padres y hermanos. Se siente tan cómodo y a sus anchas sobre Magne que es capaz de pararse sobre su lomo mientras éste camina, sin perder el equilibrio. Magne le cambió la vida a Pablo.


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