PRÉSTAME EL SOFÁ
Son dos conocidos sitios de internet que funcionan como redes internacionales de usuarios que se ofrecen para recibir viajeros de todas partes del mundo en los hogares. Sólo hay que registrarse y son totalmente gratuitos. Hospitality Club nació en el año 2000, cuando un joven alemán de 22 años investigaba para un trabajo de la universidad. Con la ayuda de sus hermanos puso en marcha la primera página web. Después vino todo el trabajo de seguridad, de cómo probarle a la gente que el sitio y los intercambios eran confiables. Actualmente hay más de 440 mil miembros en 221 países y más de 3 mil sólo en Chile. El sitio CouchSurfing.com cuenta con algo más de un millón de miembros alrededor del mundo. Su origen es similar al de Hospitality Club y en Chile ya son más de 2 mil los inscritos. Ambos sitios funcionan con un sistema de ranking: los usuarios evalúan a quienes los reciben y así cada persona, o host, se va formando una reputación. Cada inscrito tiene un perfil, con preferencias, hobbies y gustos y, de acuerdo a esto, el viajero busca a quien más le acomode. Los beneficios son muchos. Por ejemplo, vivir las ciudades como lo hacen los locales y ahorrar, especialmente en aquellas ciudades que se caracterizan por sus altos precios. Pero, sin duda, lo más importante es la experiencia de conocer y compartir con personas de todo el mundo, crear lazos, formar amistades y abrir la mente a lo nuevo, permitiendo un beneficio económico y, al mismo tiempo, un enriquecimiento social y cultural.
Con el propósito de hacer este reportaje, decidí inscribirme en ambas páginas para ver cómo funcionaban. En realidad, no esperaba mucho raiting, pero el día después de mi inscripción recibí un mensaje de una australiana que quería venir a quedarse en mi casa. Revisé su perfil y, después de leerlo, le escribí de vuelta y le dije que sí en seguida. A los dos días llegó Tess, de Sydney, quien llevaba ocho meses viajando por Estados Unidos y Latinoamérica y ésta era su última parada antes de tomar el avión de vuelta a su país. Cuando sonó el timbre fue raro porque, al final de todo, serían cuatro días viviendo con una extraña en mi casa. Por suerte, todo resultó bien: recorrimos Santiago, probó la piscola, hablamos de viajes y hasta fuimos a vitrinear. Definitivamente, una experiencia que te deja con gusto a poco ya que, al final, es como viajar pero sin salir de tu casa y una excelente forma de conocer gente y establecer contacto con personas de todas partes, a las que después puedes visitar.
Daniela Pozo tiene 28 años y está afiliada a CouchSurfing hace seis meses. Ha recibido a unas 20 personas de múltiples nacionalidades en su casa y dice que esta experiencia “sirve para viajar con lo que te cuentan, a través de sus culturas e idiomas. Si tú no puedes viajar, que los viajeros vengan a ti”, afirma. Su mejor experiencia fue hace unos meses en Río de Janeiro, donde un uruguayo la hospedó y le mostró el Río oculto, underground, una ciudad que no podría haber conocido de otra manera. “Además, recuerdo que cuando llegué, Marcelo, el host, me dijo las reglas de la casa, la ‘maña’ de la puerta de entrada, me pasó las llaves y me dijo ‘esta es tu casa, haz lo que quieras’. Creo que es una forma segura de viajar, ya que puedes ver el perfil de las personas en internet y las recomendaciones de otros, así es que confías. Es por eso que trato muy bien a mis huéspedes. Es una forma de devolver el favor cuando te han recibido como en tu casa en otros sitios”, dice.
Cecilia Miralles vive en Punta Arenas y en cuatro años y medio ha recibido a más de 200 personas en su casa. En su perfil se encarga de dejar muy en claro su filosofía respecto al CouchSurfing: no es sólo una forma de ahorrar dinero, sino que una oportunidad para abrir tu mente y experimentar otras culturas desde adentro. Su primera experiencia como host “fue hace poco más de cuatro años, con una chica de Marsella. Fue muy divertido porque ella apenas hablaba español y su inglés era tan malo (o peor) como el mío. Ahí descubrí que es posible comunicarse y entenderse más allá de los idiomas, porque hablábamos por horas y cuando la barrera del idioma se imponía nos comunicábamos por señas”. El año pasado le llegó su turno y partió a Europa por dos meses. Allá se quedó únicamente con personas de estos sitios de internet. A algunos ya los conocía y a otros nunca los había visto. “La ventaja de pertenecer a estas comunidades es que te da la posibilidad de aprender que son muchas más las cosas que nos unen que aquellas que nos separan del resto de las personas del mundo, tener amigos en lejanos países, aprender de ellos, compartir experiencias de vida, de viajes, enseñar de tu cultura y de ti mismo”, dice convencida.
¡A LUCA Y A MIL!
Son la nueva forma de viajar en Europa. La idea nació originalmente en Estados Unidos, pero fue incorporada en Europa a principios de los años 90 y desde ahí fue lanzada al resto del mundo. Hoy son muchos los destinos y compañías que ofrecen pasajes a muy buenos precios. El objetivo es reducir costos en atenciones y comodidades que las aerolíneas tradicionales entregan: los pasajes se compran por internet, la comida a bordo se paga aparte, los vuelos salen principalmente desde y hacia aeropuertos “alternativos”, que generalmente están alejados del centro de la ciudad. Tampoco existen distintas clases dentro del avión, casi no se permiten cambios después de la compra y en algunas compañías no se puede elegir el asiento al momento de la compra, sino que se hace por orden de llegada al avión. En Europa, algunas de las más conocidas son Ryanair, EasyJet, Clickair (filial de Iberia) y Germanwings (filial de Lufthansa). Es cosa de entrar a sus sitios web y empezar a jugar con distintos días y destinos hasta encontrar los más convenientes. Por ejemplo, Ryanair ofrece vuelos desde distintas ciudades de España a Londres por sólo 20 euros ida y vuelta. Clickair hace lo propio con vuelos desde Barcelona a Marrakech por 80 euros ida y vuelta y a Milán, Moscú, París y Atenas desde 20 euros por trayecto, sólo por nombrar algunas ofertas. La verdad es que la tendencia también llegó a nuestro continente y, era que no, a nuestro país. Gol, Pluna y LAN, por nombrar algunas, ofrecen importantes rebajas si se reserva y compra por la web.
TU CASA ES MI CASA
En la película The Holiday, Kate Winslet y Cameron Diaz viven en dos alejados rincones del mundo. La primera en Londres y la otra en Los Ángeles. Nunca se han visto, pero unidas por el mismo problema, deciden intercambiar casas por dos semanas y tomar unas vacaciones. Esta práctica, que también existe en la vida real, se conoce como home exchange y comenzó a masificarse durante los años 70. La idea original era que familias completas pudiesen ahorrar en alojamiento y así poder tomar vacaciones más largas o visitar lugares que de otro modo no podrían conocer. Lógicamente, la práctica del intercambio de hogares no es una alternativa viable para todas las personas, ya que muchos no querrán tener a extraños viviendo en su casa, pero para muchos otros viajeros representa una forma de conocer gente, visitar lugares menos turísticos y experimentar la cultura local. El sitio original, que aparece en la película, se llama Home Exchange y cuenta con más de 26 mil casas para intercambiar, aunque en Chile sólo hay 19 inscritos. Funciona de la siguiente forma: uno inscribe su casa con un costo de 100 dólares al año y si durante los primeros 12 meses no se realiza ningún intercambio, el segundo año es gratis. Cada propiedad tiene un perfil con fotos y características, y quienes han participado escriben acerca de sus experiencias. Cada año se realizan 250 mil exitosos intercambios. El sitio HomeAway.com funciona un poco distinto, ya que las personas enlistan sus casas para arrendarlas a precios mucho más bajos que un hotel. En promedio, los alquileres son entre un 50% y un 80% más baratos que una habitación de hotel. Además, también tiene ventajas como el espacio y la tranquilidad.
VAMOS DE PASEO
Recorrer países completos es el sueño de muchos, y una buena forma de hacerlo es arrendando una casa rodante. Esta práctica es muy popular en Estados Unidos, ya que por su extensión es un destino ideal para conocerlo sobre ruedas. Les llaman vehículos recreativos (de allí viene la abreviación RV) y existen desde los más simples, que sólo cuentan con lo esencial, hasta otros muy sofisticados que pueden tener todo tipo de comodidades en su interior. Además, existen sitios para estacionar los autos durante la noche o por varios días. Estos lugares cuentan con agua, electricidad, conexión para televisión e internet, entre otros servicios. También hay alquileres para recorrer Europa de esta forma y ahorrarse los costosos alojamientos. En España, los valores van desde los 66 € en una casa para dos personas, 83 € para cuatro y 106 € para seis ocupantes. Los precios varían dependiendo de la temporada, el tamaño y las comodidades de cada vehículo.
Otra buena opción es el arriendo de autos, que en Europa son baratísimos, con precios que van desde los 9 € por día en el caso de los más pequeños. “¿Que cómo pudimos ahorrar viajando por Europa siendo estudiantes?”, dice Dante Quercia, de 22 años. “¡Arrendamos una furgoneta!”. Él junto a tres amigas partieron una tarde desde Barcelona con la idea de franquear la Côte d’Azur en Francia, uniendo Marsella, Niza, Cannes, Saint Tropez y el Principado de Mónaco con el norte de Italia, donde visitarían Génova y, finalmente, Cinque Terre, para rematar con el Año Nuevo de vuelta en Barcelona. “Fue la mejor experiencia que he tenido en mi vida. Estoy seguro de que ninguno de los cuatro pensó que era posible conocer tanto con tan poca plata”, afirma Dante. En total, el arriendo de un Citroën Berlingo, que fue transporte y hotel, les costó 196 €, 30 € más caro que si hubiesen tenido un par de años más. Un dato importante: la mayoría de las empresas cobra un seguro a los menores de 25 años (alrededor de 4 € extra por día).
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