Show me another city so glad to be alive (muéstrame otra ciudad donde te sientas fascinado de estar vivo), son las palabras que lo recibirán cuando llegue hasta el piso 110 de la gran Sears Tower, lugar obligado si quiere iniciar un buen recorrido por la ciudad estadounidense de Chicago, en el estado de Illinois.
Esta gran torre es el símbolo de la ciudad y ostenta ni más ni menos que 527 metros, transformándose en uno de los rascacielos más grandes del mundo. Y este es, sin duda, el mirador perfecto para tener la visión más completa de Chicago. Dicen que en el viaje al piso 110 uno puede experimentar dos tipos de clima en sólo una fracción de segundo, pues el ascenso se puede iniciar con el día nublado y terminar en la cima con un sol radiante.
Tómese el tiempo necesario para tener conciencia de dónde está. Con toda la gran urbe a sus pies, contemplará el lago Michigan en su infinita extensión, hasta donde ya no le den los ojos, y alcanzará a divisar los estados limítrofes. Si anda con suerte, se encontrará con dos sujetos que, desafiando la altura, limpian los vidrios de este mirador (por fuera, por supuesto) y que, además, sonríen para los turistas y sus cámaras.
ADONDE LO LLEVE EL VIENTO
El centro de la “Second City” (llamada así debido a que fue reconstruida en gran parte después de un gran incendio en 1871) es claramente un paraíso para los arquitectos y constructores. Caminar por sus calles entre gigantes edificios es una experiencia grandiosa, que quizás pueda llevarlo a sentir la pequeñez absoluta, lo que sólo contrasta con el sentimiento de satisfacción por estar aquí: sus calles amplias, ordenadas y muy limpias albergan a gran cantidad de oficinistas que, como en cualquier metrópolis, se desplazan rápidamente en los días laborales. Es curioso ver a tipos terneados y elegantes ejecutivas con zapatillas deportivas mientras se trasladan, una informalidad que ayuda a aliviar un poco sus pies.
El medio de transporte de todas estas personas es “la Metra”, algo similar a lo que es nuestro “Metrotren”. Este ferrocarril se presenta como una buena alternativa si quiere conocer los alrededores de Chicago, con un servicio de primera calidad y puntualidad inglesa. Además, la ciudad cuenta con un servicio de tren de superficie que produce una escena particular, transitando entre rascacielos y sobre calles.
Ésta, la “Ciudad de los Vientos”, como también es conocida, responde totalmente a su denominación: cuando el viento sopla…¡sopla! Lo que es muy agradable, considerando las altas temperaturas en verano (invierno nuestro), que de vez en cuando son acompañadas con una lluvia estilo tropical que da paso a una intensa humedad.
Si decide recorrer a pie, nada mejor que hacerlo encaminándose hacia la ribera del lago Michigan. Aquí se encontrará con el Magnificent Mile, un conglomerado comercial que se extiende por varias cuadras. En el sector se ubica la Chicago Architecture Foundation y el Museum of Contemporary Photography, ambos con interesantes muestras artísticas.
LAS FUENTES DE INSPIRACIÓN
Quedará gratamente maravillado al encontrarse con el Grant Park, un inmenso parque que pareciera haber sido construido sólo para deleite de los paseantes, porque los caminos interiores lo llevan a través de un recorrido que deja muy en claro que el orgullo de esta ciudad es su gran centro arquitectónico.
.Por ejemplo, la Fuente de Buckingham, con sus 85 metros de diámetro –una de las más grandes del mundo–, regala al visitante un gran espectáculo gracias a sus chorros de agua. Fue diseñada para representar al lago Michigan, y los cuatro caballos de mar que rodean la pileta principal simbolizan los cuatro estados que comparten el lago: Wisconsin, Illinois, Indiana y Michigan. Imperdible es observarla también de noche, cuando la danza de los chorros es armónicamente acompañada por música.
Continúe hasta el Millennium Park, siempre teniendo a un costado a este pequeño mar que es el lago Michigan. Si los dioses están de su lado, tendrá la suerte de escuchar el ensayo (que para el común de la gente bien puede pasar por la gala) de algún concierto que sea parte del programa del Harris Theatre. Este teatro, construido al aire libre, tiene sus equipos de sonido distribuidos de tal forma que el viento no se lleva las notas, y podrá tenderse en el pasto y dejar que el sol, el viento y la música lo seduzcan hasta caer en una reponedora siesta. O, si lo que quiere es absorber hasta la última vibración de los tambores, entonces permítase emocionarse; después de todo, no muchos tienen la oportunidad de estar en el centro de Chicago escuchando un concierto tendido al sol. ¡Que lo disfrute!
Otro acierto de esta ciudad es la Crown Fountain, que consiste en dos torres construidas por pequeños bloques de vidrio y que alcanzan más de 15 metros de altura, donde se proyectan rostros de ciudadanos (la construcción estuvo inspirada en ellos) que hacen como si estuvieran lanzando agua por su boca. De día y de noche el espectáculo es igualmente llamativo: por un lado, los niños gozan del chorro de agua y, por otro, las luces proyectadas y los rascacielos iluminados de fondo, ponen el broche de oro a la presentación.
Para que este Chicago se le multiplique en forma mágica, desplácese hasta el Cloud Gate, donde se encuentra la escultura más grande en su tipo. Con forma elíptica y 110 toneladas de acero inoxidable pulido, regala reflejos que le provocarán la sensación de estar fugándose a través de ese espacio. Libere sus ojos para que éstos jugueteen entre las múltiples imágenes.
Considerando que partió disfrutando de una gran vista de Chicago desde las alturas en la Sears Tower, ahora podrá tener la vista desde el lado contrario, es decir, desde el mismísimo lago Michigan. Sólo tendrá que ir hasta Navy Pier, un gran muelle que funcionó como una instalación militar y desde los 90 es un centro recreativo. Puede optar por tomar un taxi acuático o una romántica cena a bordo de una embarcación. Lo que decida será igualmente gratificante, especialmente si el recorrido lo hace al final del día cuando, haciendo gala de sus dotes de fotógrafo, pueda obtener una hermosa imagen de Chicago al atardecer.